jueves, 18 de octubre de 2007

El Libro de Arena

Hace un tiempo ya terminé de leer este espléndido libro de cuentos de Jorge Luis Borges, el gran escritor argentino, que nos ha enseñado a conocer mi amigo y colega trasandino Eduardo. Los que hayan seguido los post sobre Borges publicados hace algunos meses, gracias a los comentarios y aportes de Eduardo, recordarán que éste recomendaba acercarse a Borges por sus cuentos, y entre los recomendados había varios de los que integran esta formidable obra, que se lee con suma facilidad y gran placer, maravillándose, como no, de la genialidad de ese inmortal autor.

"El libro de Arena" fue publicado originalmente en el año 1975 (detalle no menor, pues muestra que esta obra se editó cuando Borges contaba con nada menos que 76 años, lo que me parece verdaderamente asombroso) y contiene 13 cuentos, más bien breves, con temáticas diversas, pero con el denominador común de la pluma certera, ágil, mágica y sorprendente de un hombre que ha vivido todo.

No es mi idea describir los cuentos de este volumen (es una tarea más adecuada para un "borgevangelista" como Eduardo), sino entregar una impresión de un simple lector, que se conmueve con los frutos de una mente brillante, bendecida además por una capacidad única de contar historias.

Si bien es cierto que todos me gustaron, algunos me dejaron un mejor gusto de boca: "Ulrica" (quizás por que conocí a una sueca de dicho nombre, de gran belleza), es un bello cuento de amor -temática que no es frecuente en la prosa de Borges, mas sí en sus versos- que nos toca a todos, es realidad pura; "Undr" es increíble, es la vida misma, frases y diálogos geniales y llenas de todo. Transcribo algunas: "A orillas del Azov me quiso una mujer que no olvidaré; la dejé o ella me dejó, lo cual es lo mismo"; - Qué te dio la primera mujer que tuviste? -me preguntó. - Todo, le constesté. - A mí también la vida me dio todo. A todos la vida les da todo, pero los más lo ignoran". No es posible describir de qué se trata este cuento sin estropearlo. Hay que leerlo.

En fin, no creo que valga la pena tratar de reseñar estos cuentos, hay que tenerlos y saborearlos; los he leído varias veces, además de los citados, también "El disco", "El Congreso" y el último, que le da el título a esta obra. Simplemente leánlos y disfrútenlos.

Creo que lo más adecuado es concluir con unas palabras del propio Borges, aparecidas en un breve epílogo que acompaña la edición que está en mis manos: "Espero que las notas apresuradas que acabo de dictar -el citado epílogo- no agoten este libro y que sus sueños sigan ramificándose en la hospitalaria imaginación de quienes ahora lo cierran".

martes, 9 de octubre de 2007

El amparo

Me es difícil comentar esta novela del escritor argentino Gustavo Ferreyra, nacido en Buenos Aires en el año 1963, sociólogo de profesión, pues no me dejó un buen sabor de boca.
¿Y por qué terminé de leerla si no me satisfacía? Me lo pregunté varias veces, pues me demoré más de lo acostumbrado en leerla, pero me intrigaba el saber cómo la finalizaría, que pasaría con Adolfo, el protagonista, sí arrojaría luces del por qué de la extraña y enajenante situación a la que se veía enfrentado diariamente, junto a los demás que trabajaban en esa casa, pero no encontré las respuestas, lo que terminó de desilusionarme.
Pero vamos por parte. Esta novela es del año 1994 y fue acogida favorablemente por la crítica argentina, elevando a su joven autor (para esa época) a la categoría de promesa, describiéndolo como poseedor de un "talento inédito, afianzado y complejo". Además de ésta, ha publicado "El Desamparo" (1999), "Gineceo" (2001), "Vértice" (2004) y "El director" (2005).
Ahora a la novela en cuestión. Adolfo trabaja -y vive- en una casa junto a un ejército de otros empleados, en los más diversos y raros oficios, sirviendo exclusivamente al señor de la casa, el amo. Su vida -y la de los otros- sólo tiene sentido cuando sirve al señor. Una atroz versión moderna de la esclavitud. Baste con decir que la tarea que realiza Adolfo y por la cual siente orgullo es la de "receptor de carozos" (¡qué asco! Los carozos de las aceitunas, por ejemplo, que se come el señor, éste los deposita en la ¡boca de Adolfo!, quien se mantiene todo el tiempo con la boca abierta, almuerzo y cena). Y sólo eso hace, tiene que estar atento y preparado, junto con otros empleados, a prestar sus servicios en las comidas del señor, y nada más. El resto del día lo ocupa en nada; no hay TV, no lee, no hace deportes, no fuma, casi no interactúa con nadie, sólo piensa y medita, pagado de si mismo, y con una profundidad que raya en la idiotez.
La opresión, la alienación, la obsesión, el servilismo llevado a su máxima expresión, la pérdida de la individualidad, son elementos que por cierto están muy bien tratados en la novela, no por nada su autor es sociólogo, pero que desde mi punto de vista no permiten encontrarle sentido y realidad a la situación descrita.
Está bien, alguien puede decir: pero si es una novela, ficción pura, de acuerdo, pero no me convence la atmósfera descrita y la pasividad de los habitantes-esclavos de la casa, la ausencia de "vida" en todos ellos; aunque hay que reconocerle méritos al autor cuando se mete en la mente distorsionada y poco menos que limítrofe de Adolfo, el que puede crear en su cabeza todo un mundo del más leve y nimio episodio.
En fin, ciertos acontecimientos se traducen en una degradación del protagonista, quien pasa a labores de limpieza. Sintiéndose humillado, intenta urdir planes para vengarse del enano que ocupó su puesto, los que finalmente no son llevados a la práctica. Entretanto, el señor de la casa cae enfermo, lo que provoca nuevos cambios y múltiples conjeturas en la afiebrada mente de Adolfo.
Y eso es todo. Ciertamente a muchos les atraerá esta novela, pero a mí no me convenció.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Estrellas de cine de los años cincuenta

Llegó a mis manos un increíble y hermoso libro de retratos de estrellas de cine de los años 50. Un regalo de mi hermano con ocasión de su regreso de Nueva York. Incluye 163 fotografías, en blanco y negro, de gran tamaño -una por página- de aquellas estrellas que perduran en en tiempo y se han convertido en verdaderos iconos del cine.
El libro se llama "Film-Star Portraits of the Fifties", editado por John Kobal, famoso crítico y especialista en cine, con varios libros a su haber, entre ellos uno sobre las 100 mejores películas de todos los tiempos, lista que se puede consultar aquí.
Las imágenes son espectaculares, evocadoras; un gran porcentaje de éstas muestran las fotografías oficiales de películas protagonizadas por las estrellas de esa época y lo lindo es recordarlas, revisar el libro y revivir quizá la época más glamorosa del cine: la inmortal Marilyn es la estrella que más aparece, con 8 bellísimos retratos, pero rivalizan en belleza con ella otras inmortales y grandes actrices como Audrey Hepburn -que me fascina- con 3 apariciones; Deborah Kerr (2); Susan Hayward (2); Lana Turner (4); Ava Gardner (7); Elizabeth Taylor (3); Jean Simmons (2); Anita Ekberg (2); Ingrid Bergman (3); Sophia Loren (2); Kim Novak (2) y tantas otras, la mayoría de las cuales reconozco, al menos de nombre.
Por su parte, los actores también están muy bien representados, con nombre tan notables e inolvidables como un joven Marlon Brando, con tres retratos; Humphrey Bogart; Charlton Heston (2); Yul Brynner; Gregory Peck; Robert Mitchum; Rock Hudson (3); Cary Grand; Clark Gable (3); James Dean (2); Tony Curtis (2); Gary Cooper (2); Montgomery Clift; Fred Astaire; John Wayne (2) y otras estrellas de esa década, todos los cuales me retrotraen a las antiguas películas en blanco y negro que veíamos en nuestra niñez (esto para aquellos niños que ya pasamos los cuarenta).
Y precisamente en esto radica la belleza de este libro; el recordar otros tiempos, otro mundo, más tranquilo y amable, en blanco y negro, sin prisas; recordar viejas películas y clásicos inmortales, películas del viejo oeste, de capa y espada o bíblicas (Charlton Heston y los 10 Mandamientos, por ejemplo), en fin, recuerdos tan antiguos que salen a la luz viendo cada una de estas maravillosas fotografías, lo que se agradece.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Brevísima Historia del Tiempo

En 1988, año en que nació mi hijo Gonzalo, apareció un auténtico Best Seller, "Historia del Tiempo", del famoso científico Stephen Hawking, considerado el mayor genio del siglo XX, después de Einstein. Quizás diez años después de esa fecha o algo más, le compré ese libro a mi hijo introduciéndolo de ese modo en el apasionante mundo de la física teórica y, especialmente del espacio. Recuerdo que lo leímos con pasión e interés; yo recordaba mis clases de Astronomía y Astrofísica de la Facultad de Injeniería de la U. de Chile y sacaba -o trataba al menos- a relucir mis conocimientos sobre la materia, haciendo esfuerzos por influir en una mente fértil y vivaz como la de Gonzalo; y él interesándose con pasión en el tema, tanto así que todo lo relacionado con el espacio y la física -incluido el fenómeno Ovni, que lo atrapó por varios años- le fascinan y claramente influyeron en su decisión de estudiar Ingeniería en esa misma Facultad.
Ahora bien, esta "Brevísima Historia del Tiempo" es un nuevo intento, del mismo Hawking, de acercar, ahora en términos aún más simples y al alcance de todos, sin necesidad de tener familiaridad con conceptos de la física teórica, este maravilloso e intrincado mundo del tiempo y del espacio, lo que logra maravillosamente bien, matizado con un humor de corte muy británico pero que hace de la lectura de esta obra un verdadero placer.
Explica con una sencillez impresionante los más complejos problemas a los que se ven enfrentados los científicos; dilucida todos los episodios y acontecimientos que por siempre han interesado al gran público y a la ciencia ficción (viajes a través del tiempo; hoyos negros; viajar a la velocidad de la luz, de dónde venimos, ¿Dios participó en la creación del Universo?, el big bang, ¿que hubo antes de eso?, etc.), explica en que está la teoría actual y cuáles son sus desafíos futuros (encontrar una teoría que unifique todo, la que Hawking llama de la "Gravedad Cuántica", que une la teoría de la gravedad de Newton con la teórica Cuántica, teoría que a Gonzalo le gustaría encontrar, si es que no lo hace antes el propio Hawking), todo como dije de una manera muy simple -incluso la teoría de las cuerdas o súpercuerdas, que es absolutamente actual o permitiría, teóricamente, explicar muchos fenómenos espaciales- y entretenida, que da gusto.
Repasa asimismo las diversas interpretaciones que se le han dado al universo, desde la antigua Grecia hasta nuestros días, lo que no está demás como cultura general. Es particularmente gracioso e ilustrativo de cómo las teorías sobre el cosmos se pueden ver afectadas por creencias o supuestos que pueden no tener asideros en la realidad la inclusión de una anécdota que le ocurrió a un eminente científico que explicaba el movimiento de los planetas alrededor del sol y de éste en relación a la vía láctea. Una señora que escuchaba la conferencia la interrumpe diciendo que todo lo que ese científico decía eran sólo disparates, ya que el "mundo es una placa plana que se sostiene sobre el caparazón de una tortuga gigante".
El científico -como no- sonrió con suficiencia antes de replicar: "Y dígame buena señora, ¿sobre qué se sostiene la tortuga?", a lo que la señora respondió: "se cree muy agudo, joven, pero sepa usted que hay tortugas hasta el fondo".
Esta es una edición de bolsillo, al alcance de todos, que dicho sea de paso me la prestó mi hijo para que recordara conceptos ya olvidados, de una gran obra, adecuada para todos y especialmente para los jóvenes, de un tema increiblemente actual y además entretenido; qué más se puede pedir.
Otra obra del mismo autor y del mismo tema, que leí hace algunos años también, es "El universo en una cáscara de nuez", excelente aunque ciertamente más compleja, recomendable para aquellos que les guste el tema.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Doña Bárbara

Dejando por un momento a Borges tranquilo (aún debo mis comentarios sobre "El libro de arena"), leí hace unas semanas esta extraordinaria novela de Rómulo Gallegos, célebre escritor venezolano (1884 - 1969), que llegó a presidir esa Nación por un corto período, derrocado por un alzamiento militar (algo que estuvo muy de moda en la segunda mitad del siglo pasada por esta región).

"Doña Bárbara" junto con "Cantaclaro" y "Conaima" son, según la gran mayoría de críticos literarios, las grandes novelas de este autor, las que presentan un tema que obsesionó por mucho tiempo a Rómulo Gallegos (como educador y político), cual es la lucha entre la barbarie y la civilización.

Y esta lucha no puede quedar mejor descrita que en las páginas de esta novela, ambientada en los Llanos venezolanos, en los comienzos del siglo XX. Además que su nombre no puede ser más acertado: doña Bárbara es la cacique del Arauca, una mujer despiadada, despechada, que no trepida en matar a todo quien se le interponga en sus propósitos y aprovechándose de sus malas artes se apropia de grandes extensiones de tierra de la Hacienda de los Luzardo, abandonada prácticamente a su suerte debido a peleas familiares que casi acaban con toda la familia. Ella y sus métodos, el Llano todo, representan de manera muy vívida la barbarie.

Pero en este estado de cosas aparece Santos Luzardo, el último de los Luzardo, criado en la Capital, abogado de profesión, con gran futuro, quien regresa al Llano con la intención de vender sus pertenencias y partir a Europa donde sin duda le esperaría un radiante porvenir. En éste por supuesto se representan todas las virtudes de la civilización. Motivado por diferentes hechos decide revivir su Hacienda, que tiene el bello nombre de Altamira, y tratar de civilizar las costumbres de la región y, claro está, enfrentarse -con la ley de por medio- con la temida doña Bárbara. Surgen muchas disputas; lealtades y traiciones de los empleados de uno y otro bando; el amor, como no, aparece -doña Bárbara cae rendida ante la fuerza y espíritu de Santos Luzardo, quien no le corresponde; muertes, etc.

A grandes rasgos, eso es lo medular. Pero la novela desde mi punto de vista (y de mis gustos personales) es exquisita en sus descripciones y en su lenguaje (tanto que aparecen más de 240 notas a pie de página explicando modismos y términos locales, incluyendo flora y fauna típica del Llano). La descripcíon completa y magistral de las costumbres típicas de la región o de los trabajos propios del Hato o Hacienda son simplementes geniales. Por ejemplo, la lucha contra los caimanes cuando se navegaba por los ríos de la región o las domaduras de caballos o el arreo de animales y una infinidad de detalles propios del Llano quedan plasmados tan vívidamente que nos transportan al medio de esa inmensidad.

La narración (en tercera persona, omnisicente) nos deja al tanto de todos los acontecimientos, nos describe con lujo de detalles a todos los personajes importantes que aparecen en la obra (Santos Luzardo; doña Bárbara; Antonio, Pajarote, Carmelo, María Nieves -todos peones de Santos Luizardo-; el Brujeador, Juan Primito, Balbino Paiba, Pernalete -ligados a doña Bárbara-; Marisela, entre muchos otros) y nos proporciona una ambientación de maravillas que hace de la lectura de esta obra una verdadera delicia, quizás no compartida por todos quienes no comulgan mucho con este estilo algo añejo quizás.

Pero a mí me encantó y comprendo perfectamente por qué tuvo un éxito inmediato y catapultó a la fama eterna a Rómulo Gallegos.

jueves, 19 de julio de 2007

Bitácora para Borges (2ª parte)

Luego de un paréntesis en que mis emociones estuvieron a prueba, retomo la madeja del mundo de Borges. Y se trata realmente de todo un mundo, uno nuevo. En la primera parte de esta entrega Eduardo, nuestro amigo trasandino, nos muestra el camino para entender a este talento de la literatura universal, aunque por motivos de espacio lo dicho ahí estaba más bien circunscrito a su bella poesía (y hay tantos y tan profundos y bellos, que rozan el alma y calan los huesos; he aquí uno de sus mundos); mas, ahora -siguiendo con la transcripción de las palabras de Eduardo- nos adentraremos en un mundo nuevo y todavía más asombroso y mágico, las más de las veces, la prosa de ese inmortal autor.

"Ahora, leyendo a Borges desde allí (esto es, de la tensión entre la cultura europea -culta- y la argentina -popular-) entenderá otra lectura del "El Aleph", ese escritor (que el llama Borges) al cual se le muere esa Beatriz y desciende al conocimiento de Dante, burlándose de Carlos Argentino Daneri, el escritor popular. Si te fijás bien, en la burla hay una envidia, unas ganas de ser popular y una imposibilidad. Una vez descubierto ese saber de la mano de Carlos Argentino, lo reniega. Vuelvo al poema conjetural (transcrito en la entrega anterior): “… pero me endiosa el pecho inexplicable / un júbilo secreto. Al fin me encuentro / con mi destino sudamericano.”

"Toda su obra está partida entre cuentos cultos y cuentos populares. Incluso la obra junto a Bioy Casares; las cuales para mí, que admiro a ambos es lo más flojo de los dos. Me encanta que lo hayan hecho, lo celebro, pero no está a la altura del resto de sus obras, lejísimos. Es un intento, de ambos, de crear algún tipo de literatura de entretenimiento, algo fallido. Además de El Aleph, este tema está en "El Sur" (Ficciones) en el cual cuenta una historia sobre esta tensión.
Es prácticamente autobiográfica, el casi muere por un accidente un día de nochebuena. El Otro (de el Libro de arena) , él se encuentra con él mismo más joven."

Me detengo un poco aquí para contarles que Eduardo no sólo nos explica como acercarnos a Borges, sino que nos presenta un camino sencillo y claro, que por supuesto he empezado a transitar: leí hace unas pocas semanas el "Libro de arena", realmente espléndido, sorprendente y al comenzarlo no queda más que deborarlo. Obviamente, en otra entrega daré mis impresiones sobre los cuentos que conforman ese magnífico volumen. Queda pendiente una nueva lectura de El Aleph.

"Ahora una Bitácora de vuelo sobre su obra. Empezar por los cuentos ‘populares’, fáciles de leer, como para perderle un poco el respeto y ganar en admiración y disfrute. Primero leer esos tres cuentos: El Aleph / El Sur / El Otro.

"Luego los de historias sencillas. Los cuentos que son pura historia: El Muerto (una historia de suspenso, para quien piensa que es muy técnico). Emma Zuns (un policial). El duelo (un Woody Allen). El otro duelo (sangriento, Tarantino queda chico). Ulrica (una historia de amor, para aquellos que piensan que es muy frío).

"Luego esos cuentos cultos, o sobre la cultura, filosóficos, conjeturales: Funes, el memorioso (una tesis sobre la memoria y el olvido). La bibloteca de babel (¿es la cultura algo infinito?). Utopía de un hombre que está cansado (sobre la sabiduría). El otro (la identidad). La lotearía de Babilonia (el azar).

No caben dudas de que Eduardo es un "borges-evangelista", como el mismo se define. A mí me impresionó su conocimiento sobre aquel autor y la pasión que demuestra por su obra. Tengo varios otros poemas que me envió a través de comentarios a estos post y varios párrafos más destacando la monumental obra de Borges que desde aquí vuelvo a agradecer.

Para finalizar, un breve párrafo que retrata a Eduardo y su pasión por la literatura y, especialmente, por Borges:

"Siempre me encuentro charlando con gente y diciendo, no es TAN DIFÍCIL Borges. Debe ser que yo tuve la suerte que nunca me hayan obligado a leerlo. Y ahí le doy instrucciones: Emma Zuns, etc., etc.; en el texto traté de escribir eso que me encontré explicando tantas veces en tertulias. Hay un problema con Borges, una vez que entras, tienes cierto peligro de adicción. Pasé unos meses en mi adolescencia sólo leyendo Borges, el resto me parecía hueco."

miércoles, 27 de junio de 2007

Una noche mágica

La noche del viernes 15 de junio quedará grabada a fuego en la memoria de 27 amigos, 27 ex alumnos del liceo A-13, que nos reunimos conmemorando los 25 años de egreso de ese liceo; una noche bellísima, emocionante, inolvidable, que nos hizo sentirnos a todos tan unidos, como si hubiera sido ayer y no hace un cuarto de siglo que salimos del liceo. Si hay algo que me impresionó mucho fue el enorme cariño que todos nos demostrábamos, increible, conmovedor.
Antes de dar algunas impresiones sobre esa mágica noche quisiera agradecer muy especialmente a sus gestores: Diego, Lizeth y José Manuel (quien nos acompañó sólo hasta 2º Medio pues ingresó a la Escuela Militar donde ha tenido una destacada carrera): Se pasaron estos cabros, hicieron posible que los sueños de muchos se hicieran realidad; reunirnos a la gran mayoría de ex alumnos del 4º A, algunos de los cuales no nos veíamos desde la estación Mapocho -cuando nos bajamos del tren que nos trajo de vuelta del mítico viaje de fin de curso a Viña del Mar- fue una proeza, un gran esfuerzo que sin duda valió la pena y que todos valoramos y agradecemos.
Ahora a lo nuestro. A pesar de haber estado con una gripe fuertísima, casi sin voz, en un estado francamente lamentable (y así también me veía), a eso de las 20 horas de ese día emprendí el camino que me llevó a reencontrarme con parte de mi historia (sin duda una de las más bellas); pasé a buscar a Norberto -compañero de banco en nuestros años de liceanos- y enfilamos hacia lo alto de la ciudad con nuestros corazones anhelantes, hasta que por fin, cerca de las 21 horas ingresamos al bello Salón Colonial del Club de Campo del Ejército en Peñalolén, donde ya había al menos diez compañeros, comenzando una seguidilla interminables de emocionados abrazos.
Al poco rato ya estábamos todos, los mismos de ayer, la misma alegria e inocencia de esa época trasladada al presente. Algunos kilos de más -varios más bien- y evidencias claras de alopecia, nosotros; estupendas, con gran prestancia y aplomo, ellas; las risas y recuerdos afloraban por doquier; cada cual atesoraba un recuerdo especial con algún compañero o compañera; las afinidades de esa época se hacían patentes hoy igual que ayer y sólo quedaba reconocerse en los ojos de cariño de todos. Recordar a los ausentes, saber de los infructuosos esfuerzos por encontrarlos y las promesas de sí hacerlo para un próximo encuento, que de seguro no aguardará por otros 25 años.
La noche transcurrió demasiado aprisa; los aperitivos se repetían entre abrazo y abrazo y las ganas de saber de todos nos carcomían. En realidad nadie había cambiado, todos seguíamos iguales, los palomillas de siempre hacían de las suyas: Norberto, José, Felipe, Elvis, Alex, Sergio, haciéndonos reir; en cada rincón del salón se formaba un pequeño grupo intentando ponerse al día: Gustavo, Marcelo, Gabriel, Patricio, Miguel, recordando anécdotas de las clases. Otros haciendo recuerdos de los paseos -circulaban varias fotos de casi treinta años atrás- donde se podía observar a Diego, Exequiel, Claudio y varios más y por supuesto las chicas, que alegremente se contaban -con la gracia que sólo ellas tienen- toda la vida.
El recuerdo que guardaba de mis queridas compañeras estaba sin duda influenciado por dos grandes elementos: por un lado, la época, fines de los setenta y principios de los ochenta, juventud bastante más tranquila e inocente que ahora, y por el otro, mi carácter, introvertido, de tal modo que en mi memoria seguían siendo las tiernas niñas de siempre. Hoy son todas, sin excepción, grandes mujeres, con mayúsculas, seguras, inteligentes, alegres, estupendas. Desde aquí otro abrazo para Bernardita, las dos Ximenas, Mónica, Pili, Lily, Nely, Lizeth, Verónica y Carmen Gloria.
Luego de la cena, los organizadores nos tenían preparadas varias sorpresas: una simpática presentación con fotos de la época (paseos, graduación, fiestas, etc.) en donde aparecieron hasta mi madre y mi hermano menor, y unos entretenidos montajes fotográficos preparados por Gustavo, con mucho ingenio y gran creatividad, que me llevaron a recordar las caricaturas extraordinarias que hiciera de nuestro equipo de baby fútbol, allá por el año '81, del cual formaba parte.
A ésta le siguió una entrega de regalos (cortesía de José Manuel, gracias otra vez) y unas breves palabras de todos los presentes, tratando de condensar en un par de minutos los 25 años que estuvimos separados. Como se imaginarán, las bromas, risas y piropos no se hicieron esperar convirtiendo esta iniciativa en una de las más entretenidas, considerando además que todos teníamos ya algunas copas en el cuerpo, por lo que era de esperarse tal explosión de bromas, afectuosas por lo demás.
Las interminables despedidas, los abrazos eternos y reiterativos, los brindis de última hora y las promesas de reencontrarnos pronto pusieron el broche de oro a esta mágica jornada, tan largamente esperada.

viernes, 8 de junio de 2007

¡Los primeros 25 años!

Corría el año 1977 cuando ingresé al liceo Nº 10 de hombres (en esa ya lejana época, hoy liceo A-13 Confederación Suiza, nombre que ya tenía cuando egresé el año 1982). Era un mundo nuevo y distinto, para alguien que venía de una pequeña escuelita del sector, ingresar a un liceo tradicional, hoy llamado emblemático, era un gran paso; ingresar a un nuevo curso, Séptimo Básico A, nuevas exigencias, conocer a nuevos amigos y empezar una hermosa historia que ya cumple más de 30 años.
En la foto que acompaña estas líneas -aportada por Diego Fredes, entusiasta organizador del encuentro conmemorativo del cuarto de siglo de la salida del liceo- es sorprenderte ver a todos con esa tierna cara de niños y los parecidos que tienen algunos con sus respectivos hijos (caso en el que me incluyo). Espectacular fotografía que nos muestra en nuestros tiernos 11 o 12 años, llenos de ilusión y alegria, formando ya un grupo muy unido que llegaría -la mayor parte al menos- hasta cuarto medio.

Tantos recuerdos. Y tan bellos. Sin duda una época que nos marca a todos, sin grandes preocupaciones, sin la competencia feroz que se da hoy en la educación y con mucho tiempo para cultivar la amistad, esa verdadera, que se da sólo en los primeros años.
Era otra época, prehistórica si se quiere. Por supuesto que no existía Internet, el teléfono era escaso también; para juntarnos a nuestras tradicionales pichangas de los sábados debíamos confiar en que todos llegarían a la hora señalada, acordada en clases. Estudiar era distinto, más artesanal pero entretenido, los libros eran más amigos nuestros de lo que lo son de nuestro chicos. Las tareas, las carpetas, los trabajos, eran hechas con mayor esfuerzo y no sólo se reducían al copiar y pegar de hoy.
La amistad sincera, la camaradería, los primeros y tiernos amores, los que nunca se produjeron por la timidez propia de esos años, el compañerismo sano, la solidaridad eran reales y palpables. Éramos un curso muy especial, muy unido y alegre, sano, travieso y juguetón. Todos teníamos divertidos apodos que han traspasado el tiempo y perduran hasta hoy. Si teníamos un pequeño zoológico dentro del curso (José Capdeville, gato; Alex Aravena, caballo; José Manuel Contreras, chancho, porky; Felipe Salaberry, piolín; Gustavo Gutiérrez, cachalote; Exequiel barahona, pelícano; Carmen Gloria, canguro; y otros que de seguro se me escapan), otros tenían apodos relacionados con personajes de la TV (Ximena Avendaño, pindy; Nelly Pérez, canito; Norberto Parra, Heidi, aunque también sabía lucir varios más, como chicha, parrón, parrita; patán, canitrop y varios más llevaron asimismo otros de mis compañeros), algunos teníamos un mote relacionado con alguna característica física o personal muy notoria y/o divertida, no faltando los simpáticos apodos de bolita (Elvis Carrasco), cabezón (Marcelo Valenzuela), coreano (Gabriel Roldán), chino (Nelson Mardonez), bruja (Liseth Asenjo), monja (Bernardita Zamorano), cabezona (Mónica Valderrama), guagua o cabeza de dado (los míos), chico, etc. En fin, se me escapan muchos y me perdonarán los que no aparecen, pero lo cierto es que todos teníamos un apodo, hasta nuestra recordada profesora jefe, doña Bermunda Fernández, tenía el suyo (la camello).
Y no era menor salir a la pizarra en esas condiciones, pues siempre ocurría que alguien emitía algún ruido alusivo al mote que provocaba las risas de todos y la vergüenza momentánea del "afortunado" de turno.
Ahora, gracias a la magia de Internet, nos hemos ubicado casi todos -nuestros correos casi revientan de tantos email y los recuerdos que afloran espontáneos y nos retrotraen a esos inolvidables momentos aparecen por todos lados- y nos reuniremos el próximo viernes 15 para celebrar los primeros 25 años de nuestra salida del mítico y glorioso liceo A 13. Espero con ansias que llegue ese día (se me viene a la mente el comercial de un vino en que se juntaban unos viejitos, con la típica frase "del zanahoria" cuando se reencuentran y se abrazan) y abrazarlos a todos, verlos y verlas después de tanto tiempo a la mayoría sin duda que va a ser emocionante y marcará un verdadero hito en nuestras vidas.
Como no recordar las pichangas de los recreos (con cualquier cosa, hasta topes plásticos de las patas de las mesas) con varias decenas de niños en el patio, tratando de esquivarlos a todos para llegar al arco contrario; o las famosas "kermeses" que se hacían todos los años; o nuestros paseos de fin de año, a Algarrobo, al río Clarillo; o cuando nos juntábamos a hacer trabajos o tareas y terminábamos jugando a la pelota o al pimpón, etc., son muchos los recuerdos que se agolpan y pugnan por un lugar preponderante en nuestra frágil memoria.
Por de pronto, les dejo la fotografía del Cuarto Medio, en que están casi todos. Es fácil tratar de distinguirse en una y otra y ver cuánto cambiamos en esos seis años. ¿Será lo mismo ahora cuando nos encontremos? El tiempo sin duda habrá hecho lo suyo.

sábado, 2 de junio de 2007

Bitácora para Borges (1ª parte)

Entre las cosas buenas que nos deparan los blog está la de poder intercambiar ideas, opiniones, conocer otras realidades, hacer amigos, aunque la distancia nos separe. Saber que alguien lee lo que uno escribe y que ese anónimo lector se toma la molestia de comentar e interactuar con uno ya es gratificante. Que además nos abra su corazón, nos haga partícipes de lo que les apasiona y lo comparta, no tiene precio.

Es lo que me sucedió con un colega argentino, Eduardo S., ingeniero civil, residente en esa hermosa mega ciudad capital, Buenos Aires, quien con enorme generosidad me envió un verdedero ensayo sobre Jorge Luis Borges, con el fin de entregarme pistas para descubrirlo en toda su dimensión y no caer en estereotipos -como me pasó a mí- sobre su genial obra.

Es realmente interesante y revelador, más aún para un neófito como yo. Por lo mismo, con autorización de su autor, he decidido compartirlo con todos quienes leen estas líneas, en homenaje al genio de Borges, pero también -y muy especialmente- en homenaje a este nuevo amigo. No he querido intervenirlo en absoluto y por su extensión lo daré a conocer en dos entregas. Helo aquí:

"El contacto es para darle pistas para descubrir a Borges, un escritor muy elogiado y poco leído. A veces, injustamente criticado por críptico, demasiado culto y otras, por demasiado frío, distante. En extremo tímido, si hoy viviera dirían que tenía fobia social; inventó una literatura sobre la literatura, creando casi el hoy llamado postmodernismo. Pero además siempre deseó ser popular admirando al tango rudo y milonguero así como otras formas populares.

"La mejor forma de entrar a Borges es entendiendo que siempre escribió sobre lo mismo, y desde su vida. La tensión entre su cultura europea y su cultura argentina. Su destino sudamericano. Descendiente de guerreros argentinos y de ingleses por igual, su literatura és esa tensión. Ahora dejo para abrir la puerta el "Poema Conjetural", una de sus obras maestras. Al ser usted de otro país le aclaro que Laprida es el abogado presidente del congreso de la independencia de nuestro país (1816) del cual Borges era descendiente por alguna de sus ramas familiares. Te pido, te sugiero lo leas como un poema autobiográfico, la tensión y la identidad final.

Poema Conjetural
(El otro, el mismo - 1964)

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 23
de septiembre de 1829 por los montoneros de Aldao,
piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.

Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.

Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.

La noche lateral de los pantanos
me asecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.

A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.

En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí ... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

No cabe duda que la lectura de este bellísimo poema desde la óptica propuesta por Eduardo entrega una nueva perspectiva, más enriquecedora. En la segunda entrega Eduardo nos dará pistas sobre la sobresaliente prosa de Borges, su genial imaginación, sus recomendaciones para ir avanzando en la fabulosa obra de este especial autor. Por de pronto, puedo contar que estoy leyendo "El libro de arena" que, ya verán, aparece recomendado por nuestro amigo de allende Los Andes. Para terminar, reproduzco otro de los poemas que me dejó Eduardo y que encuentro francamente espléndido:

1964

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo y
diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

martes, 22 de mayo de 2007

La música del azar

Otra espléndida novela (del año 1990) de Paul Auster, el famosísimo y prolífero escritor norteamericano, llamado a constituirse en uno de los grandes de las letras del gigante del norte. Aunque debo reconocer que me gustó más la anterior que leí de él (La Noche del Oráculo), también se percibe en ésta una gran imaginación y una facilidad pasmosa para escribir, una soltura en su pluma que hace de la lectura de sus obras una experiencia muy agradable, con ganas de seguir leyendo hasta acabar la novela de turno.
La historia se centra en Jim Nashe, un bombero que no ha sido tratado con especial cariño por la vida (tampoco él ha ayudado mucho, sin duda). Cuando es abandonado por su mujer -y luego de haber recibido la herencia de su padre ausente- (no hay mal que por bien no venga, dicen por ahí), se lanza a una vida loca, sin ningún compromiso más que viajar en su moderno automóvil por todo EE.UU., huyendo de todo y sobretodo de sí mismo.
Luego de casi un año en esto recoge en una autopista a un joven malherido, Jack Pozzi, que resulta un tiro al aire, otro tipo solitario que se gana la vida como jugador de póker. Y en este momento empieza realmente la novela. Si alguien se acuerda de la famosa serie televisiva de los '60 y '70, "La dimensión desconocida", me entenderá enseguida si le digo que lo que sigue se asemeja a las historias de esa espectacular serie.
Nashe y Pozzi se asocian para tratar de dar un gran golpe en una partida con unos excéntricos millonarios. Como a Nashe ya poco le queda de la herencia (algo le ha dejado a su pequeña hija) no le parece muy loca de idea de financiar al frágil e iluso Pozzi, convencido de su bondad como jugador.
Ya cuando ingresan a la mansión de estos dos millonarios, donde se escenifica la partida -que no aparecen como una gran amenaza- el azar y la causalidad empiezan a jugar un gran papel, que conducirá a los protagonistas por insospechados caminos -de aquí la alusión a la dimensión desconocida- por donde deberán transitar sin conocer a dónde los conducirán ni con qué se deberán enfrentar.
Auster logra crear una gran atmósfera, la tensión va in crescendo, la enajenación de los personajes principales también, lo que hace vislumbrar que la situación no acabará muy bien, lo que evidentemente deberá descubrir el lector. Muy entretenida, recomendable para estos días de otoño, ya que como la contaminación nos ahoga, nada mejor que quedarse en casa con una buena novela.
Como dato anexo, en el año 1993 fue llevada al cine, con el mismo título (The Music of chance) y con James Spader en el papel de Jim Nashe.