sábado, 2 de junio de 2007

Bitácora para Borges (1ª parte)

Entre las cosas buenas que nos deparan los blog está la de poder intercambiar ideas, opiniones, conocer otras realidades, hacer amigos, aunque la distancia nos separe. Saber que alguien lee lo que uno escribe y que ese anónimo lector se toma la molestia de comentar e interactuar con uno ya es gratificante. Que además nos abra su corazón, nos haga partícipes de lo que les apasiona y lo comparta, no tiene precio.

Es lo que me sucedió con un colega argentino, Eduardo S., ingeniero civil, residente en esa hermosa mega ciudad capital, Buenos Aires, quien con enorme generosidad me envió un verdedero ensayo sobre Jorge Luis Borges, con el fin de entregarme pistas para descubrirlo en toda su dimensión y no caer en estereotipos -como me pasó a mí- sobre su genial obra.

Es realmente interesante y revelador, más aún para un neófito como yo. Por lo mismo, con autorización de su autor, he decidido compartirlo con todos quienes leen estas líneas, en homenaje al genio de Borges, pero también -y muy especialmente- en homenaje a este nuevo amigo. No he querido intervenirlo en absoluto y por su extensión lo daré a conocer en dos entregas. Helo aquí:

"El contacto es para darle pistas para descubrir a Borges, un escritor muy elogiado y poco leído. A veces, injustamente criticado por críptico, demasiado culto y otras, por demasiado frío, distante. En extremo tímido, si hoy viviera dirían que tenía fobia social; inventó una literatura sobre la literatura, creando casi el hoy llamado postmodernismo. Pero además siempre deseó ser popular admirando al tango rudo y milonguero así como otras formas populares.

"La mejor forma de entrar a Borges es entendiendo que siempre escribió sobre lo mismo, y desde su vida. La tensión entre su cultura europea y su cultura argentina. Su destino sudamericano. Descendiente de guerreros argentinos y de ingleses por igual, su literatura és esa tensión. Ahora dejo para abrir la puerta el "Poema Conjetural", una de sus obras maestras. Al ser usted de otro país le aclaro que Laprida es el abogado presidente del congreso de la independencia de nuestro país (1816) del cual Borges era descendiente por alguna de sus ramas familiares. Te pido, te sugiero lo leas como un poema autobiográfico, la tensión y la identidad final.

Poema Conjetural
(El otro, el mismo - 1964)

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 23
de septiembre de 1829 por los montoneros de Aldao,
piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.

Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.

Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.

La noche lateral de los pantanos
me asecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.

A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.

En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí ... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

No cabe duda que la lectura de este bellísimo poema desde la óptica propuesta por Eduardo entrega una nueva perspectiva, más enriquecedora. En la segunda entrega Eduardo nos dará pistas sobre la sobresaliente prosa de Borges, su genial imaginación, sus recomendaciones para ir avanzando en la fabulosa obra de este especial autor. Por de pronto, puedo contar que estoy leyendo "El libro de arena" que, ya verán, aparece recomendado por nuestro amigo de allende Los Andes. Para terminar, reproduzco otro de los poemas que me dejó Eduardo y que encuentro francamente espléndido:

1964

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo y
diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

martes, 22 de mayo de 2007

La música del azar

Otra espléndida novela (del año 1990) de Paul Auster, el famosísimo y prolífero escritor norteamericano, llamado a constituirse en uno de los grandes de las letras del gigante del norte. Aunque debo reconocer que me gustó más la anterior que leí de él (La Noche del Oráculo), también se percibe en ésta una gran imaginación y una facilidad pasmosa para escribir, una soltura en su pluma que hace de la lectura de sus obras una experiencia muy agradable, con ganas de seguir leyendo hasta acabar la novela de turno.
La historia se centra en Jim Nashe, un bombero que no ha sido tratado con especial cariño por la vida (tampoco él ha ayudado mucho, sin duda). Cuando es abandonado por su mujer -y luego de haber recibido la herencia de su padre ausente- (no hay mal que por bien no venga, dicen por ahí), se lanza a una vida loca, sin ningún compromiso más que viajar en su moderno automóvil por todo EE.UU., huyendo de todo y sobretodo de sí mismo.
Luego de casi un año en esto recoge en una autopista a un joven malherido, Jack Pozzi, que resulta un tiro al aire, otro tipo solitario que se gana la vida como jugador de póker. Y en este momento empieza realmente la novela. Si alguien se acuerda de la famosa serie televisiva de los '60 y '70, "La dimensión desconocida", me entenderá enseguida si le digo que lo que sigue se asemeja a las historias de esa espectacular serie.
Nashe y Pozzi se asocian para tratar de dar un gran golpe en una partida con unos excéntricos millonarios. Como a Nashe ya poco le queda de la herencia (algo le ha dejado a su pequeña hija) no le parece muy loca de idea de financiar al frágil e iluso Pozzi, convencido de su bondad como jugador.
Ya cuando ingresan a la mansión de estos dos millonarios, donde se escenifica la partida -que no aparecen como una gran amenaza- el azar y la causalidad empiezan a jugar un gran papel, que conducirá a los protagonistas por insospechados caminos -de aquí la alusión a la dimensión desconocida- por donde deberán transitar sin conocer a dónde los conducirán ni con qué se deberán enfrentar.
Auster logra crear una gran atmósfera, la tensión va in crescendo, la enajenación de los personajes principales también, lo que hace vislumbrar que la situación no acabará muy bien, lo que evidentemente deberá descubrir el lector. Muy entretenida, recomendable para estos días de otoño, ya que como la contaminación nos ahoga, nada mejor que quedarse en casa con una buena novela.
Como dato anexo, en el año 1993 fue llevada al cine, con el mismo título (The Music of chance) y con James Spader en el papel de Jim Nashe.

miércoles, 25 de abril de 2007

Otro baile en París

Bonito nombre el de esta novela de Enrique Lafourcade (1927), nuestro prolífico representante de la generación del '50. Nada menos que 44 obras tiene su extensa bibliografía, y esta es acaso su última novela.
Quién en nuestro país no ha leído "Palomita Blanca", sin duda su obra más conocida, llevada hace poco al cine por Raúl Ruiz. O tantos otros títulos conocidos, como "Cristianas viejas y limpias", bien entretenida por lo demás, o "Mano bendita". De seguro que Lafourcade no llena el gusto de muchos, pero de que es un personaje no se puede negar.
Su recordada participación en el programa televisivo "Cuánto vale el Show" o sus columnas dominicales en el cuerpo de Reportajes de El Mercurio, más sus críticas varias a la Teletón o a los ganadores de los premios nacionales de literatura lo han mantenido vigente -junto a su obra por supuesto- por sus buenas décadas.
Ahora, yendo a la novela, debería decir que no me gustó mucho, aunque para entenderla mejor habría que incluir en ella una breve introducción para advertir al lector que el autor no ha perdido el juicio y que la novela está salpicada de guiños biográficos.
Nos relata, en un estilo delirante (según el propio autor, tal como el de "Alicia en el país de las maravillas", la inmortal obra de Lewis Carroll) las aventuras de Dominique, de 4 años, y su abuelo, que debían encontrarse en París y por esas cosas del destino no lo hacen. Dominique, cual Alicia, vuela llevada por el viento hasta la Torre Eiffel y habla con cuanto ser vivo se le cruza. Mención especial merecen los gatos (tema recurrente en Lafourcade: cuántas columnas dominicales dedicadas a ellos), que organizan justo esa noche un gran baile en la Torre.
Resulta, claro está, luego de leer una entrevista al autor, que Dominique es realmente su nieta, que conoce a los 4 años; el abuelo es por supuesto Lafourcade, los delirios y fantasmas se los adjudicamos entonces al propio Lafourcade; los homenajes a Breton, Arenas y Teiller; los innumerables rincones parisinos, son todos recuerdos e historias del propio autor y claramente sería mejor leer la novela conociendo estos detalles para poder asimilarla mejor.
Ha sido de las pocas novelas que he estado a punto de no terminar de leer, pero me intrigó saber cómo la iba a concluir. No quedé feliz. Por cierto que he leído cosas mejores de Lafourcade. Aunque a su nieta (que lo llamaba abuelo-gato) sí le gustó.

lunes, 16 de abril de 2007

La Bicosa

¡Qué nombre tan raro para una de nuestras tradiciones capitalinas! Por muchos años trabajé frente a nuestra bien amada Plaza de Armas (hace pocos días me cambié a Providencia) y quizás cuántas decenas de veces pasé un jueves por la tarde, camino ya a casa o a algún happy hour, quien sabe, cruzándome en mi camino con la Banda Instrumental de Conciertos Santiago -la Bicosa- animando las tardes con su repertorio, mezcla de música docta y popular, siempre con gran asistencia de público.
Nunca me paré a escucharlos, sin embargo, pero siempre me era grato reconocer alguna melodía mientras cruzaba la plaza desde Catedral con Puente a Merced con Estado; algún tema instrumental de Víctor Jara, alguna tomada famosa en Septiembre, o quizás algún ritmo tropical, que le daba sabor al día que terminaba, como anunciando que el fin de semana estaba pronto a llegar.
Y la historia de esta peculiar banda bien vale la pena conocerse, ya que nació hace casi 45 años, tocando ininterrumpidamente todos los jueves del año en el Odeón de la Plaza de Armas, con muy pocas excepciones, motivadas por fuerza mayor, como cuando en el año 1999 se remodeló complementamente nuestra tradicional Plaza de Armas. Aquí un pequeño apunte: a mí no me gustó en absoluto el cambio, prefería el antiguo diseño, con más verde, pero ya con el paso de los años me he acostumbrado a la nueva disposición de la Plaza y poco queda en mi memoria de la antigua.
36 músicos componen esta Banda, compuesta en su mayoría por ex uniformados, antiguos integrantes de bandas militares. Su más longevo instrumentista -tocador de la tuba- se ha mantenido por 32 años en Banda, conocida antes como Orfeón Municipal de Santiago.
Hoy es una fundación, condición que tomó desde el año 1983, dependiendo casi exclusivamente de una subvención anual que le otorga la Municipalidad de Santiago. Han editado un CD de música popular chilena, que se ha vendido con bastante éxito.
Cabe destacar además que la Bicosa cuenta con su propio blog, donde es posible conocer un poco más de su historia, a algunos sus integrantes y detalles para los interesados en adquirir su disco. La fotografía que ilustra este post esta tomada de su blog.

jueves, 12 de abril de 2007

Aniversarios varios

Que el tiempo pasa volando, qué duda cabe. Quiero aprovechar este espacio -mientras termino una novela de Lafourcade- para felicitar a mi precioso hijito por completar ya dos años escribiendo sus mágicos cuentos. Diego, mi pollito, autor, creador y genio creativo de la bitácora "El Cuenta Cuentos" cumple exactamente hoy, 12 de abril, dos años, en los cuales nos ha regalado más de 100 cuentos y muchísimas sonrisas.
Inspirado en su madre, la etérea y cultural Libélula -que cumplió también dos años el pasado mes de marzo- Diego nos regala toda la fantasía y magia de un pequeño niño que hoy se empina por los 10 años.
Asimismo, conviene precisar que mi entrada a la blogósfera también se debió a La Libélula, y que mi primer blog (Consultoría Tributaria) cumplió ya dos años, en los primeros días de abril, tocando temas de orden tributario, con la intención de hacerlos más asequibles para todos.
Y este blog pronto cumplirá dos años, en los primeros días de junio, siguiendo la huella trazada por Yvette y Diego.
Felicidades nuevamente mi pollito lindo y sigue por muchos años más llenándonos con tu inagotable imaginación.

jueves, 22 de marzo de 2007

Cuentos chinos

No se trata de que ahora sí va a funcionar el Transantiago, pues ese cuento ya no se lo traga nadie. Nada de eso. Se trata del último libro que leí, un exquisito y antiguo volumen que reúne diez grandes cuentos chinos (así se llama, por lo demás), de cuatro famosos escritores de esa nacionalidad, a saber: Yu Ta-fu, Lao Sheh, Lu Sin y Mao Tun.
La recopilación es obra de Luis Enrique Délano y Poli Délano, destacados escritores nacionales, personajes públicos de múltiples facetas, diplomáticos, artistas plásticos, etc., quienes tradujeron a estos autores chinos (del inglés y francés principalmente), cuando estuvieron destacados en ese lejano y fascinante país.
Cabe destacar que estos escritores son de los más importantes autores de la literatura china moderna, partícipes de la revolución cultural que significó el Movimiento del 4 de Mayo de 1919, que se inició ese día con las protestas estudiantiles en la mítica Plaza de Tian'anmen. Este movimiento produce profundos cambios culturales, especialmente contra el sistema feudal imperante en China por esa época, lo que se refleja muy bien en algunos de los cuentos.
Yendo entonces a estos cuentos, quizás el más famoso de todos sea "Diario de un loco", de Lu Sin (1881-1936), considerado el más grande escritor chino moderno. Esta es la primera obra de ficción en la literatura moderna china, el que sin embargo no me impresionó tanto como "Restauración de la bóveda celeste", del mismo autor, que relata una antigua leyenda china sobre la fundición de unas piedras por la diosa Nü-wa para restaurar la bóveda celeste que se caía a pedazos.
Hermoso relato, salpicado de bellas leyendas, otra de las cuales explica el origen de la humanidad, atribuido también a esta diosa o emperatriz legendaria, cuando Nü-wa moldea al hombre con tierra amarilla.
Otros títulos que me sedujeron fueron "Intoxicantes noches de primavera", de Yu Ta-fu y "La luna creciente", de Lao Sheh. Este último es un relato triste de una chica en que la luna creciente va marcando hitos importantes y dolorosos en su vida. Triste pero a la vez esperanzador.
En síntesis, un verdadero hallazgo, en una edición de bolsillo Quimantú del año 1971, cuando esa editorial era sinónimo de cultura asequible para todos.

martes, 13 de marzo de 2007

Los cachorros: Pichula Cuéllar

Esta novela corta de Mario Vargas Llosa, escrita en el año 1967, tiene varias particularidades que la convierten en una obra especial: la historia -ya entraré en detalles sobre ella-, el estilo, que nunca antes había leído (pero que aquí funciona bien), que algunos han calificado de fuegos artificiales técnicos y, por lo mismo, tener una cierta musicalidad, que le da esta peculiar forma en que está escrita.
La novela se centra en un grupo de jóvenes del tradicional y pudiente barrio de Miraflores, en el Perú de los años cincuenta, compañeros de un colegio católico, uno de los cuales sufre un horrible accidente (es castrado por el perro de la escuela), pero quien adquiere así singular fama y se hace muy conocido por su particular apodo de "Pichula Cuéllar" (es del caso contar que así quería llamar Vargas Llosa a su novela, pero fue persuadido por sus editores que el nombre no sería muy bien recibido por todos) que si bien en un principio le disgusta sobremanera después lo disfruta y trata de sacarle todo el partido que pueda: es muy popular en su grupo de amingos.
Pero como la vida continúa su andar, al poco tiempo se encuentra con problemas (en especial cuando llega la edad del pololeo o "tirar plan" como se dice tan simpáticamente en la obra) lo que conduce irremediablemente al pobre Pichula Cuéllar a marginarse de su grupo y a realizar todo tipo de proezas riesgosas para llamar la atención. En pocas palabras, se convierte en un inadaptado social.
Es curioso, pero el propio autor se ríe de las muchas interpretaciones que ha tenido esta obra, la que según él es la que más se ha analizado al respecto. Y curioso por que en el volumen que tuve en mis manos, casi la mitad del libro eran distintas interpretaciones sociológicas de esta entretenida historia, sobre la castración, la iglesia, el aburguesamiento de la sociedad peruana, la castración social que provoca esa misma iglesia, el machismo y un largo etc., lo que me parece como mucho y casi con seguridad no estaban en la mente del propio autor.
Pero volviendo a la historia, no es difícil vislumbrar un mal final para el héroe de la misma, los excesos en que cae, su imposibilidad de relacionarse como quisiera con el sexo opuesto, la automarginación, etc., no auguran un final feliz para Pichula Cuéllar, lo que deberá dilucidar el lector, tarea que no es difícil dado la corta extensión de la novela y la fascinación que provoca, despachándola sólo en un par de horas.

martes, 27 de febrero de 2007

Ciudadano en Retiro

No, no es que desee retirarme de la vida ciudadana; éste es el título de la segunda novela de Alejandra Costamagna, joven autora nacional, de la que había leído sólo un cuento, incluido en esa entretenida recopilación de relatos denominada "Relatos y resacas" (1997).
Aunque tendré que decir que esta novela no me dejó un buen sabor de boca. Es muy oscura, deprimente, más de lo indica la dura realidad a la que vemos enfrentados día a día.
La autora nos cuenta la historia de Adrián Romero, un ex presidiario, que purgó una condena por asesinato (quizás muchos habríamos hecho lo mismo en la piel del personaje principal), el que decide instalarse en Retiro, una localidad perdida y decadente, con el único mérito de ser el lugar donde nació su padre. ¿Por qué Retiro? Para escaparse de Santiago y tratar de dejar atrás el recuerdo de Agustina, su esposa, de la que perdió contacto desde que cayó en la cárcel.
En Retiro se instala con una taberna o bar, de antigua tradición, convencido de que así podría hacer una nueva vida, de tener el control de una clientela mansa y decadente, acostumbrada a que la embriaguen, a sentirse alguien, pues conviene decir que la vida no fue muy pródiga con este personaje, sin mayores ambiciones, solitario y desarraigado, sin mayor contacto con su escasa familia, en fin, todo un ermitaño.
La cárcel y luego Retiro acentúan una visión pesimista del mundo, lo hacen retrotraerse, lo convierten en un hombre frío, distante y permanentemente acosado por el recuerdo de su mujer y no logra encajar en la cotidiana decadencia de ese pueblo. Se hace cada vez más evidente su condición de "extranjero" hasta que la situación estalla de la peor -y previsible- manera, lo que lo obliga a abandonar ese perdido pueblo.
Quizás así sea la angustiante soledad de un personaje tan oscuro como este Adrián Romero; la exclusión a la que es sometido (de la que no rehuye), el fuerte rechazo que provoca; la ausencia de afectos, la muerte como una salida digna; todo lo cual configura una novela negra, oscurísima, que deja aturdido pensando en las extrañas circunstancias que pueden hacer caer en tales condiciones.
Sin dejar de aceptar que está bien escrita, que tiene buen ritmo narrativo, fluida y clara, no me nace recomendarla, deja una sensación rara, como que da rabia y pena, deprime, en una sola palabra.

martes, 20 de febrero de 2007

¡Necesito vacaciones! (de las vacaciones)

De regreso en mi querida y convulsionada capital, con el Transantiago copándolo todo (por suerte esta semana empieza el Festival de Viña y nos olvidaremos por unos días de ese gran dolor de cabeza que es el transporte público en Santiago), lo único que quiero es descansar una semana antes de la vuelta a clases y de todos los gastos de marzo.
Aquí aparezco descansando en la entrada de la "Cueva del Pirata", junto a Gabriela y Diego, el mismísimo Cuenta Cuentos, alejados de la gran ciudad y de los blogs.
Y ahora, de regreso, descansar de las vacaciones. Jugar tenis de playa, nadar, recorrer los típicos paseos, bajar al centro en las noches para que jueguen los niños, jugar cartas, comer mucho, agota. Aunque para ser franco, descansé más que otras veces. Leí más también. No deja de ser un placer asimismo leer con más detenimiento El Mercurio; las cartas al Director son muy entretenidas y los editoriales y columnas de opinión no dejan de tener interés aunque casi siempre discrepe de ellos, las notas tecnológicas y mucho más, que en el año no hay tiempo ni para hojearlas.
Leer cómodamente sentado en la playa (con un ojo puesto en los niños), bañándose después de un buen rato de acumular calor no deja de ser rico. Y leí picando de todo un poco.
Finalicé ya en Quintero la novela que estaba leyendo aquí, "Ciudadano en Retiro" de Alejandra Costamagna; ya instalado en la playita terminé los últimos cuentos de "Surazo", de Marta Jara, que había dejado inconcluso desde las vacaciones del año anterior, los que me parecieron extraordinarios. Continué con "Los Cachorros", una novela corta o un cuento largo (como se quiera) muy entretenido, de Mario Vargas Llosa y rematé -sólo horas antes de volver- con "Diez grandes cuentos chinos", recopilados por Luis Enrique y Poli Délano, que bien merecían una lectura más sosegada.
En los próximos días comentaré algo de cada una de estas obras, que tan bien me acompañaron en mis días de descanso.

viernes, 2 de febrero de 2007

Francisca, yo te amo

Nunca había leído a José Luis Rosasco, autor chileno de larga trayectoria, con una extensa obra, de carácter más bien juvenil, en donde se encuadra perfectamente esta breve novela, un verdadero clásico adolescente, de lectura obligada en la enseñanza media chilena.
"Francisca, yo te amo" es una historia de amor, de las cientos o miles que ocurren en las vacaciones de verano en nuestro país, ambientada en Quintero, balneario de la V Región en donde paso desde siempre mi vacaciones -que empiezan hoy mismo- en una época indeterminada que ubico aproximadamente en la década del '50 del siglo pasado, por las espléndidas descripciones que hace del balneario el autor. Y la verdad, que lo más relevante para mí es esto último: conocer detalles desconocidos del pasado de "mi playa", de sus fiestas veraniegas, de cómo han cambiado lugares típicos y paseos, etc.
Pero antes de entrar en estos pormenores, sigamos con la historia: Alex, un estudiante de 5º de Humanidades (3º de enseñanza media de hoy) llega como siempre a veranear a Quintero, junto a su inseparable amigo con la clara intención de ligar con un par de hermanas buenamozas provenientes de Valparaíso y que también pasan el verano en esa localidad. Pero Alex se deslumbra con Francisca, una chica de gran belleza, un tanto salvaje, que trabaja en el circo, itinerando por varios pueblos y ciudades del centro-norte del país.
Obviamente, nace entre ellos un amor muy tierno, fuerte, eterno -como todo amor de verano- que lleva a Alex a seguir a Francisca al circo, jurándose ambos no separarse nunca, lo que sin embargo no es posible cumplir por ciertas circunstancias que llevan a su separación final. En síntesis, una novela simpática, ingenua pero entretenida, para leerla en la playa mientras se toma sol.
Ahora a mi tema. A Quintero se podía llegar en tren. Si, y yo alcancé a ir en un muy viejo tren que demoraba más de 5 horas, pero lo recuerdo como muy entretenido, bordeando miles de cerros, comiendo huevos duros y paseando de un carro a otro. Creo que dejó de correr a mediados de los años '70.
Otro de los recuerdos que me despertó este libro era la mayor importancia que tenía antaño la "Semana Quinterana", con noche veneciana y festival incluidos. Elección de Reina también. Cuando chico, junto a mis hermanos y primos, participábamos activamente en estas fiestas, en carreras y otras pruebas representando a nuestra playa más querida (y más cercana a nuestra casa), "El Papagayo", que por esas épocas -y la del libro también- era magnífica, no como ahora que está llena de piedras y rocas, haciendo casi imposible el baño en ella.
La "Cueva del Pirata", otra de las atracciones de Quintero, también es destacada por Rosasco, pero su acceso era totalmente distinto al de ahora. Aunque las historias que se tejían sobre ella eran las mismas que nos contaban nuestros padres y tíos.
Para no hacer eternos estos recuerdos, lo que quizás más me impresionó fue que no existía el puente sobre el río Aconcagua que une Con Con con Quntero. Para cruzar en vehículo había que usar balsas (tal como se cruza el Canal de Chacao). Impresionante.