Entre las cosas buenas que nos deparan los blog está la de poder intercambiar ideas, opiniones, conocer otras realidades, hacer amigos, aunque la distancia nos separe. Saber que alguien lee lo que uno escribe y que ese anónimo lector se toma la molestia de comentar e interactuar con uno ya es gratificante. Que además nos abra su corazón, nos haga partícipes de lo que les apasiona y lo comparta, no tiene precio.
Es lo que me sucedió con un colega argentino, Eduardo S., ingeniero civil, residente en esa hermosa mega ciudad capital, Buenos Aires, quien con enorme generosidad me envió un verdedero ensayo sobre Jorge Luis Borges, con el fin de entregarme pistas para descubrirlo en toda su dimensión y no caer en estereotipos -como me pasó a mí- sobre su genial obra.
Es realmente interesante y revelador, más aún para un neófito como yo. Por lo mismo, con autorización de su autor, he decidido compartirlo con todos quienes leen estas líneas, en homenaje al genio de Borges, pero también -y muy especialmente- en homenaje a este nuevo amigo. No he querido intervenirlo en absoluto y por su extensión lo daré a conocer en dos entregas. Helo aquí:
"El contacto es para darle pistas para descubrir a Borges, un escritor muy elogiado y poco leído. A veces, injustamente criticado por críptico, demasiado culto y otras, por demasiado frío, distante. En extremo tímido, si hoy viviera dirían que tenía fobia social; inventó una literatura sobre la literatura, creando casi el hoy llamado postmodernismo. Pero además siempre deseó ser popular admirando al tango rudo y milonguero así como otras formas populares.
"La mejor forma de entrar a Borges es entendiendo que siempre escribió sobre lo mismo, y desde su vida. La tensión entre su cultura europea y su cultura argentina. Su destino sudamericano. Descendiente de guerreros argentinos y de ingleses por igual, su literatura és esa tensión. Ahora dejo para abrir la puerta el "Poema Conjetural", una de sus obras maestras. Al ser usted de otro país le aclaro que Laprida es el abogado presidente del congreso de la independencia de nuestro país (1816) del cual Borges era descendiente por alguna de sus ramas familiares. Te pido, te sugiero lo leas como un poema autobiográfico, la tensión y la identidad final.
Poema Conjetural
(El otro, el mismo - 1964)
El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 23
de septiembre de 1829 por los montoneros de Aldao,
piensa antes de morir:
Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me asecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí ... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.
No cabe duda que la lectura de este bellísimo poema desde la óptica propuesta por Eduardo entrega una nueva perspectiva, más enriquecedora. En la segunda entrega Eduardo nos dará pistas sobre la sobresaliente prosa de Borges, su genial imaginación, sus recomendaciones para ir avanzando en la fabulosa obra de este especial autor. Por de pronto, puedo contar que estoy leyendo "El libro de arena" que, ya verán, aparece recomendado por nuestro amigo de allende Los Andes. Para terminar, reproduzco otro de los poemas que me dejó Eduardo y que encuentro francamente espléndido:
1964
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo y
diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.






