lunes, 31 de diciembre de 2007

¡Feliz Año Nuevo!

A todos mis amigos y amigas que leen estas páginas les deseo un año nuevo lleno de éxitos y buenas nuevas; de anhelos y sueños cumplidos; de buena salud y felicidad; de buen humor y alegria; de paciencia y empatía; de sabiduría y bondad y de mucho amor y respeto, que tanta falta nos hace.

Deseo que sea mucho mejor que el que termina hoy; que tengamos el tiempo de detenernos y mirar todo lo bello que nos rodea; que podamos perdonar y pedir perdón; que le demostremos nuestro amor a todos quienes lo merezcan (y a los que no, también); que veamos el vaso medio lleno y no medio vacío; que nos llenemos de optimismo y fe en lo que vendrá.

En fin, deseo un Feliz año 2008 para todos.



martes, 18 de diciembre de 2007

Cumpleaños de mi padre

¡Hoy mi padre, Gabriel Carlos Alberto Araya Schnake, cumple 80 años! -o como él diría con su incuestionable lógica, comienza a vivir su octagésimo primer año de vida- y su familia (su esposa, sus hijos, nueras y yernos, y sus nietos) estamos muy felices y orgullosos de celebrar este aniversario.

Ha formado una gran y numerosa familia, que preside junto a mi madre y compañera de toda la vida, Anita (en enero recién pasado celebraron sus bodas de oro), con seis hijos y doce nietos, el mayor de los cuales tiene 27 años y el más pequeñín sólo cuatro.

Hay tantas cosas que vienen a mi mente en este momento. Tantos recuerdos lindos que se agolpan en mi mente. Por ejemplo, la vez que nos autorizó -a mi hermano menor y a mí- hace quizás 35 o 36 años a quedarnos con un gatito en nuestra pequeña casa de Los Maitenes. Como en toda casa que se respeta, él era la autoridad máxima y mi madre confabulaba -con la sabiduría que sólo ella tiene- con nosotros para conseguir pequeñas grandes cosas que marcan la niñez, como ésta. Pregúntenle al Papi -nos decía mi madre- aunque todos sabíamos que la decisión pasaba por ambos y casi siempre nos favorecía a todos.

El reconocerlo en mis hermanos -los mismos gestos, la misma postura, la misma integridad- es particularmente interesante y no pocas veces cómico, como por ejemplo la seguridad y suficiencia intelectual que demuestra, siempre con humor, Alvaro, el menor de sus hijos, o la capacidad infinita como buen anfitrión que luce Gabriel, su hijo mayor, para no hablar de que en los temas de faldas también se le parece mucho. Rodrigo, me lo recuerda al caminar, con las manos entrelazadas en la espalda y sobretodo por un gesto reconcentrado -que lo hace parecer a veces poco amistoso- aunque no es más que cierta timidez. Este rasgo es muy pintoresco, pues normalmente se opone a ir a fiestas y celebraciones, pero una vez allí lo pasa muy bien y se divierte mucho.

También mis hermanas, como no, han heredado rasgos muy marcados de mi padre. Mi hermana mayor, Mariana, heredó su preocupación por los demás, aunque lo que sobresale más es su pasión por los deportes en general y por Colo Colo en particular. Ninguno de nosotros es tan fanático como ella, salvo Gabriel, por el eterno campeón y todos estamos esperanzados en lograr el tetracampeonato. Recuerdo a mi padre recitar de memoria el glorioso equipo de Colo Colo 1941, campeón invicto. Yo solo podría nombrar a algunos del Colo Colo 1991, campeón de La Libertadores (o quizás a casi todos). Carmen o TiTi igualmente heredó muchas virtudes, que sería largo enumerar, pero en lo que todos coincidimos es que heredó lo picada que es (especialmente en juegos de cartas) de mi padre, que nunca le gustó perder en nada, y que se enfurecía a veces al perder cualquier juego o incluso cuando el Colo perdía (recuerdo cuando el Colo perdió una final con la U, allá por principios de los años '80, de un campeonato Polla Gol, y destrozó varias cosas). En honor de la verdad, todos los Araya somos picados.

Colo Colo ha sido una verdadera pasión que lo ha acompañado por más de 60 años. Otra ha sido el ajedrez, ese noble juego que todos en la casa aprendimos y que no se ha separado de mi padre desde los 17 años, cuando cayó enfermo de tuberculosis y tuvo que pasar varios meses en cama. Desde allí se transformó en un formidable jugador, que representó varias veces al país en enfrentamientos internacionales y compitió de igual a igual con otros enormes jugadores nacionales, de la talla de Rodrigo Flores, René Letelier, Tulio Pizzi, Carlos Jáuregui, todos campeones chilenos de la especialidad. Tiene una enorme cantidad de recortes de diarios de su época de jugador activo -que duró hasta mediados de la década del '60- con sus más destacadas participaciones en torneos de clubes y campeonatos nacionales, con muchos primeros puestos, que me llenan de orgullo y satisfacción, dado que soy el que heredó con más fuerza su pasión por este deporte ciencia. En la foto, del año 1959, se le ve dando una simultánea -juega contra muchos jugadores en forma simultánea, siempre con piezas blancas, haciendo una jugada por turno- en dependencias del antiguo edificio del diario El Mercurio. También daba simultáneas a la ciega, llegando a jugar cuatro partidas simultáneas sin ver el tablero.

Y su otra pasión relevante -además de su familia- es el amor por los libros. Tiene más de 4.000 en su departamento (sin contar que en la casa de la playa debe tener al menos trescientos más). ¡Si no hay lugar en el departamento que no tenga una biblioteca o algunos estantes que contengan tal colección! Hay de todo. Miles de novelas, cuento, poesía, teatro, historia, pintura, etc., organizados metodicamente por estilos literarios, países, regiones o continentes, cual biblioteca. Y sabe la ubicación de cada uno de ellos, de modo que si uno le pide tal novela de tal autor la encuentra enseguida. Es un verdadero tesoro, acumulado a lo largo de toda su vida. A esto hay que sumar los libros de su propia autoría (es autor de varias colecciones de textos de orden tributario, de gran prestigio en el medio), que no son pocos y que le han deparado grandes satisfaciones en el plano profesional.

Esto no pretende ser más que un pequeño homenaje a mi padre, y un agradecimiento también, por su amor, por entregarnos sus valores, por su ejemplo de vida, por traspasarnos su pasión por los deportes, por el ajedrez, por la literatura y por estar siempre con nosotros. Gracias papá y feliz cumpleaños.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Narraciones, de Borges

Este increible libro de cuentos es una recopilación de algunos de los más conocidos de este extraordinario autor, que impresiona por su creatividad y gran manejo del idioma, que cautiva desde un comienzo. He compartido esta lectura con la de la novela de Jaime Bayly, "El huracán lleva tu nombre" (que comentaré a su debido tiempo), lo que ha resultado en un experimento muy interesante por lo opuesto de estilos y temáticas; por un lado Borges, con intrincadas y complejas elaboraciones intelectuales, no fáciles de seguir, y por el otro Bayly, con una novela hilarante a ratos, dramática también, bastante más liviana pero igualmente entretenida, que no requiere gran concentración para seguirla.

Hay que aclarar que existen distintas versiones de este libro, dependiendo del año y la editorial, ya que no todas incluyen los mismos cuentos. La que tengo en mis manos es del año 1982, de la editorial española Origen S.A. e incluye los siguientes cuentos: "El espantoso redentor Lazarus Morell", del libro "Historia universal de la infamia"; "Tlön, Uqbar, Orbis Tertuis", "El acercamiento a Almotásim", "Pierre Menard, autor del Quijote", "Las ruinas circulares", "La lotería de babilonia", "La biblioteca de Babel", "Funes el memorioso", "El Sur", todos del libro "Ficciones"; "El muerto" y "El Aleph", del libro "El Aleph"; y "El hacedor", "El cautivo" y "Borges y yo", del libro "El hacedor".

Me es imposible siquiera tratar de reseñar alguno de ellos, son en su gran mayoría simplemente geniales; uno se sorprende de la imaginación y creatividad de Borges, de cómo logra construir sólidas historias fantásticas, inquietantes a veces, que dejan impresionado al lector por los detalles tan bien concebidos y conceptualizados por una mente brillante. Además, no deja de ser importante el lenguaje, el estilo, las formas en síntesis, que aportan sin duda a que estos cuentos perduren por siempre.

Sólo me queda indicar cuáles me gustaron más, lo que no es fácil, pues casi todos los recomendaría sin dudar. Pero si tengo que elegir me quedo con los siguientes tres: "El Aleph", un magnífico cuento que hay que conocer, "Funes el memorioso", otra obra fantástica, y "Las ruinas circulares", un cuento que nos hace creer en los sueños.

martes, 27 de noviembre de 2007

La suma de los días

Esta es de ese tipo de obras difícil de clasificar y describir. Entre paréntesis, me encantó la portada, muy bella y muy bien elegida para este libro. Isabel Allende tiene la gran cualidad de ser una extraordinaria narradora de historias y "La suma de los días" no es más que una extensa lista de anécdotas y episodios vividos por la autora y su familia, que adquieren vida a través de ese talento natural y tan bien explotado por la escritora chilena.
Cabe preguntarse el por qué de esta obra (Isabel Allende intenta responderlo en la misma), cuál era la necesidad de que se hicieran conocidos tantos acontecimientos -dulces y de los otros- de la "tribu" de Isabel Allende, aunque claro está las respuestas nunca serán claras y dificilmente demos en el clavo, lo que me persuade de intentar siquiera alguna conjetura.
Pero bueno, yendo a lo medular, se puede decir que la obra es como una biografía novelada de todo lo que le ha sucedido a la gran familia de Isabel Allende (su tribu) luego de la trágica muerte de la hija de la autora, Paula, ocurrida en 1992 como consecuencia del extraño mal llamado porfiria.
Obviamente, cada párrafo, cada historia, está muy bien contada; algunas emotivas, tristes y desgarradoras; otras francamente divertidas, con el humor al que nos tiene acostumbrado la narradora, en suma, entretenidas todas y muy fáciles de leer.
Para quienes hayan leído gran parte de la obra de Isabel Allende -como yo- no deja de ser interesante la forma cómo se iban gestando cada una de sus obras o proyectos, lo monumental de cada tarea y la intensidad del trabajo creativo de esta súper ventas, además de ir reconociendo cada una de ellas y reviviendo las emociones que nos provocaron. Cada libro deja una huella y al tropezar con ella despierta imágenes y recuerdos asociados a ellos; esto revive con los relatos de la Allende, pues los colores y olores de sus magníficas descripciones vuelven a aparecer, reavivando buenos recuerdos.
Ahora bien, así como critiqué la última novela de Coelho -por su escasa creatividad- lo mismo puede aplicarse a esta obra. Isabel Allende ha creado mundos muy bellos, llenos de magia, con heroinas inolvidables y llevándonos a tierras lejanas y cautivantes. Aunque esto no ocurre aquí, pues no es una novela en realidad, igualmente seduce y entretiene, y para los incondicionales de la autora (como Katia, mi pareja) es y será un verdadero regalo. Para los que no lo somos tanto, cumple con la tarea básica de entretener, lo que se agradece. Y para los que se inician en la lectura de Isabel Allende, mejor partan por otro libro, como por ejemplo "Hija de la fortuna" o "Retrato en sepia", las que son, desde mi punto de vista, las mejores novelas de la autora.

viernes, 16 de noviembre de 2007

La razón de los amantes

Buenísima esta nueva novela de Pablo Simonetti. No por nada se ha mantenido en los primeros lugares en los ranking de ventas por muchas semanas, luchando por el primer lugar con el nuevo best seller de Isabel Allende, "La suma de los días", que actualmente estoy leyendo.
Pablo Simonetti se encamina a convertirse en uno de los grandes de las letras nacionales. No sólo ha conquistado a la crítica especializada, sino que al gran público, al anónimo -como yo- que se regocija con su talento para contar historias cercanas, actuales, creibles.
En ésta, su segunda novela, el autor nos relata la conmovedora historia de Manuel, un joven y exitoso ejecutivo bancario, felizmente casado con Laura, inmersos en la paz y tranquilidad que les da la rutina y su buen pasar. Como tantas otras parejas de este Santiago de principios de siglo, la vorágine del día a día no les deja demasiado tiempo para la vida social, salvo las típicas visitas familiares de los fines de semana.
Sin embargo, esta estabilidad se ve alterada con la irrupción de Diego Lira, un abogado dueño de un diario en Internet que conoce a Manuel en el banco con motivo de un préstamo para sus operaciones en el mercado de las puntocom. Coinciden con él en una Gala en el Municipal, en la que Laura queda prendada de Diego y, por su parte, Manuel cree encontrar en éste al amigo que hace tiempo buscaba. Terminan cenando en un conocido restaurant italiano del centro de Santiago, en lo que aparece como el comienzo de sana amistad.
Ambientada a comienzos de este milenio en nuestro Santiago querido, se hace más atractiva para los que vivimos en esta ciudad pues le da un toque de realidad al recorrer lugares y situaciones vividas diariamente. El centro de la capital, el barrio El Golf, los tacos tan nuestros, el calor y hasta el smog que respiramos a diario nos dan cuenta que esta historia es quizá la historia de tantos santiaguinos que cruzamos a diario, tan real o imaginaria como el entorno.
Manuel, Diego y Laura comienzan una muy especial relación, que llega a su punto cúlmine cuando Diego los invita a su cumpleaños. Desde ahí en más se suceden los acontecimientos, que los llevan por caminos inabordados, inciertos, en que los sentimientos y las pasiones se mezclan de las más sorprendentes maneras, magistralmente llevadas de la mano por la pluma certera de Simonetti.
En síntesis, una muy buena novela, que se lee muy rápidamente, que atrapa al lector desde las primeras páginas. Absolutamente recomendable.

martes, 30 de octubre de 2007

La fortaleza digital

Dan Brown se hizo conocido mundialmente por su célebre "El Código Da Vinci", entretenidísimo best seller, llevado además con relativo éxito al cine el año pasado bajo la dirección de Ron Howard y con Tom Hanks en el papel del intrépido profesor Robert Langdon.
No muchos saben, por lo mismo que ésta es su primera novela, escrita en el año 1996 y traducida al español sólo debido al éxito arrollador de aquella.
El estilo de este autor es especial; muy comercial por cierto, vertiginoso, atrapante, no da respiro; pero a la vez peca de superficialidad, no se da el debido tiempo para retrarar de forma más certera a los personajes, por ejemplo, aunque a la luz de los resultados, consistentes sin duda, lo anterior no pasa de ser una anécdota que le interesa sólo a los más puristas.
A mí me entretiene y mucho, y los tres libros que he leído de este autor norteamericano (debe agregarse a los dos ya nombrados el libro "Angeles y Demonios") me han dejado satisfecho.
Ahora bien, en esta obra Dan Brown se interna en el mundo de la informática, las agencias de seguridad, el espionaje cibernético sistemático y los códigos encriptados (la forma segura en que viaja la información a través de las redes informáticas), lo que si bien ahora es de dominio relativamente público, en el año 1996 no lo era tanto.
Y por supuesto que hay una pareja de héroes. Se trata de Susan Fletcher, una joven y bella criptógrafa de la NSA (la secreta Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU.), encargada de descifrar los códigos interceptados por dicha Agencia, que evitan atentados terroristas en suelo Americano, (Caldo de cultivo para las teorías conspirativas, de que EE.UU. nos vigila en todo momento) y de David Becker, un brillante profesor universitario de lenguas extranjeras, novio de aquella.
La trama gira en torno de un código que no puede ser descifrado (llamado fortaleza digital), creado por un antiguo colaborador de la NSA, que si cae en las manos equivocadas puede significar una catástrofe de talla mundial, pues no habría como interceptar mensajes de grupos terroristas o de otros criminales. Esto lleva a una cacería por la ciudad de Sevilla, España, en busca de la clave que abre tal código, con varios muertos en el camino y una acción trepidante que no da pausa.
Por su parte, en las secretas instalaciones de la NSA, donde se ubica una supercomputadora que intenta descifrar fortaleza digital, se suceden una serie de acontecimientos que enredan cada vez más asunto, tejiendo una red de mentiras y encubrimientos al más alto nivel de la seguridad nacional de esa poderosa Nación del norte.
En fin, son más de 440 páginas de intensa acción, sin pausas, saltando de Sevilla a EE.UU. tras una clave secreta y misteriosa, en un estilo que maneja muy bien Dan Brown y que, obviando algunos detalles que hoy nos parecen como nimios, entretiene hasta el final.

jueves, 18 de octubre de 2007

El Libro de Arena

Hace un tiempo ya terminé de leer este espléndido libro de cuentos de Jorge Luis Borges, el gran escritor argentino, que nos ha enseñado a conocer mi amigo y colega trasandino Eduardo. Los que hayan seguido los post sobre Borges publicados hace algunos meses, gracias a los comentarios y aportes de Eduardo, recordarán que éste recomendaba acercarse a Borges por sus cuentos, y entre los recomendados había varios de los que integran esta formidable obra, que se lee con suma facilidad y gran placer, maravillándose, como no, de la genialidad de ese inmortal autor.

"El libro de Arena" fue publicado originalmente en el año 1975 (detalle no menor, pues muestra que esta obra se editó cuando Borges contaba con nada menos que 76 años, lo que me parece verdaderamente asombroso) y contiene 13 cuentos, más bien breves, con temáticas diversas, pero con el denominador común de la pluma certera, ágil, mágica y sorprendente de un hombre que ha vivido todo.

No es mi idea describir los cuentos de este volumen (es una tarea más adecuada para un "borgevangelista" como Eduardo), sino entregar una impresión de un simple lector, que se conmueve con los frutos de una mente brillante, bendecida además por una capacidad única de contar historias.

Si bien es cierto que todos me gustaron, algunos me dejaron un mejor gusto de boca: "Ulrica" (quizás por que conocí a una sueca de dicho nombre, de gran belleza), es un bello cuento de amor -temática que no es frecuente en la prosa de Borges, mas sí en sus versos- que nos toca a todos, es realidad pura; "Undr" es increíble, es la vida misma, frases y diálogos geniales y llenas de todo. Transcribo algunas: "A orillas del Azov me quiso una mujer que no olvidaré; la dejé o ella me dejó, lo cual es lo mismo"; - Qué te dio la primera mujer que tuviste? -me preguntó. - Todo, le constesté. - A mí también la vida me dio todo. A todos la vida les da todo, pero los más lo ignoran". No es posible describir de qué se trata este cuento sin estropearlo. Hay que leerlo.

En fin, no creo que valga la pena tratar de reseñar estos cuentos, hay que tenerlos y saborearlos; los he leído varias veces, además de los citados, también "El disco", "El Congreso" y el último, que le da el título a esta obra. Simplemente leánlos y disfrútenlos.

Creo que lo más adecuado es concluir con unas palabras del propio Borges, aparecidas en un breve epílogo que acompaña la edición que está en mis manos: "Espero que las notas apresuradas que acabo de dictar -el citado epílogo- no agoten este libro y que sus sueños sigan ramificándose en la hospitalaria imaginación de quienes ahora lo cierran".

martes, 9 de octubre de 2007

El amparo

Me es difícil comentar esta novela del escritor argentino Gustavo Ferreyra, nacido en Buenos Aires en el año 1963, sociólogo de profesión, pues no me dejó un buen sabor de boca.
¿Y por qué terminé de leerla si no me satisfacía? Me lo pregunté varias veces, pues me demoré más de lo acostumbrado en leerla, pero me intrigaba el saber cómo la finalizaría, que pasaría con Adolfo, el protagonista, sí arrojaría luces del por qué de la extraña y enajenante situación a la que se veía enfrentado diariamente, junto a los demás que trabajaban en esa casa, pero no encontré las respuestas, lo que terminó de desilusionarme.
Pero vamos por parte. Esta novela es del año 1994 y fue acogida favorablemente por la crítica argentina, elevando a su joven autor (para esa época) a la categoría de promesa, describiéndolo como poseedor de un "talento inédito, afianzado y complejo". Además de ésta, ha publicado "El Desamparo" (1999), "Gineceo" (2001), "Vértice" (2004) y "El director" (2005).
Ahora a la novela en cuestión. Adolfo trabaja -y vive- en una casa junto a un ejército de otros empleados, en los más diversos y raros oficios, sirviendo exclusivamente al señor de la casa, el amo. Su vida -y la de los otros- sólo tiene sentido cuando sirve al señor. Una atroz versión moderna de la esclavitud. Baste con decir que la tarea que realiza Adolfo y por la cual siente orgullo es la de "receptor de carozos" (¡qué asco! Los carozos de las aceitunas, por ejemplo, que se come el señor, éste los deposita en la ¡boca de Adolfo!, quien se mantiene todo el tiempo con la boca abierta, almuerzo y cena). Y sólo eso hace, tiene que estar atento y preparado, junto con otros empleados, a prestar sus servicios en las comidas del señor, y nada más. El resto del día lo ocupa en nada; no hay TV, no lee, no hace deportes, no fuma, casi no interactúa con nadie, sólo piensa y medita, pagado de si mismo, y con una profundidad que raya en la idiotez.
La opresión, la alienación, la obsesión, el servilismo llevado a su máxima expresión, la pérdida de la individualidad, son elementos que por cierto están muy bien tratados en la novela, no por nada su autor es sociólogo, pero que desde mi punto de vista no permiten encontrarle sentido y realidad a la situación descrita.
Está bien, alguien puede decir: pero si es una novela, ficción pura, de acuerdo, pero no me convence la atmósfera descrita y la pasividad de los habitantes-esclavos de la casa, la ausencia de "vida" en todos ellos; aunque hay que reconocerle méritos al autor cuando se mete en la mente distorsionada y poco menos que limítrofe de Adolfo, el que puede crear en su cabeza todo un mundo del más leve y nimio episodio.
En fin, ciertos acontecimientos se traducen en una degradación del protagonista, quien pasa a labores de limpieza. Sintiéndose humillado, intenta urdir planes para vengarse del enano que ocupó su puesto, los que finalmente no son llevados a la práctica. Entretanto, el señor de la casa cae enfermo, lo que provoca nuevos cambios y múltiples conjeturas en la afiebrada mente de Adolfo.
Y eso es todo. Ciertamente a muchos les atraerá esta novela, pero a mí no me convenció.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Estrellas de cine de los años cincuenta

Llegó a mis manos un increíble y hermoso libro de retratos de estrellas de cine de los años 50. Un regalo de mi hermano con ocasión de su regreso de Nueva York. Incluye 163 fotografías, en blanco y negro, de gran tamaño -una por página- de aquellas estrellas que perduran en en tiempo y se han convertido en verdaderos iconos del cine.
El libro se llama "Film-Star Portraits of the Fifties", editado por John Kobal, famoso crítico y especialista en cine, con varios libros a su haber, entre ellos uno sobre las 100 mejores películas de todos los tiempos, lista que se puede consultar aquí.
Las imágenes son espectaculares, evocadoras; un gran porcentaje de éstas muestran las fotografías oficiales de películas protagonizadas por las estrellas de esa época y lo lindo es recordarlas, revisar el libro y revivir quizá la época más glamorosa del cine: la inmortal Marilyn es la estrella que más aparece, con 8 bellísimos retratos, pero rivalizan en belleza con ella otras inmortales y grandes actrices como Audrey Hepburn -que me fascina- con 3 apariciones; Deborah Kerr (2); Susan Hayward (2); Lana Turner (4); Ava Gardner (7); Elizabeth Taylor (3); Jean Simmons (2); Anita Ekberg (2); Ingrid Bergman (3); Sophia Loren (2); Kim Novak (2) y tantas otras, la mayoría de las cuales reconozco, al menos de nombre.
Por su parte, los actores también están muy bien representados, con nombre tan notables e inolvidables como un joven Marlon Brando, con tres retratos; Humphrey Bogart; Charlton Heston (2); Yul Brynner; Gregory Peck; Robert Mitchum; Rock Hudson (3); Cary Grand; Clark Gable (3); James Dean (2); Tony Curtis (2); Gary Cooper (2); Montgomery Clift; Fred Astaire; John Wayne (2) y otras estrellas de esa década, todos los cuales me retrotraen a las antiguas películas en blanco y negro que veíamos en nuestra niñez (esto para aquellos niños que ya pasamos los cuarenta).
Y precisamente en esto radica la belleza de este libro; el recordar otros tiempos, otro mundo, más tranquilo y amable, en blanco y negro, sin prisas; recordar viejas películas y clásicos inmortales, películas del viejo oeste, de capa y espada o bíblicas (Charlton Heston y los 10 Mandamientos, por ejemplo), en fin, recuerdos tan antiguos que salen a la luz viendo cada una de estas maravillosas fotografías, lo que se agradece.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Brevísima Historia del Tiempo

En 1988, año en que nació mi hijo Gonzalo, apareció un auténtico Best Seller, "Historia del Tiempo", del famoso científico Stephen Hawking, considerado el mayor genio del siglo XX, después de Einstein. Quizás diez años después de esa fecha o algo más, le compré ese libro a mi hijo introduciéndolo de ese modo en el apasionante mundo de la física teórica y, especialmente del espacio. Recuerdo que lo leímos con pasión e interés; yo recordaba mis clases de Astronomía y Astrofísica de la Facultad de Injeniería de la U. de Chile y sacaba -o trataba al menos- a relucir mis conocimientos sobre la materia, haciendo esfuerzos por influir en una mente fértil y vivaz como la de Gonzalo; y él interesándose con pasión en el tema, tanto así que todo lo relacionado con el espacio y la física -incluido el fenómeno Ovni, que lo atrapó por varios años- le fascinan y claramente influyeron en su decisión de estudiar Ingeniería en esa misma Facultad.
Ahora bien, esta "Brevísima Historia del Tiempo" es un nuevo intento, del mismo Hawking, de acercar, ahora en términos aún más simples y al alcance de todos, sin necesidad de tener familiaridad con conceptos de la física teórica, este maravilloso e intrincado mundo del tiempo y del espacio, lo que logra maravillosamente bien, matizado con un humor de corte muy británico pero que hace de la lectura de esta obra un verdadero placer.
Explica con una sencillez impresionante los más complejos problemas a los que se ven enfrentados los científicos; dilucida todos los episodios y acontecimientos que por siempre han interesado al gran público y a la ciencia ficción (viajes a través del tiempo; hoyos negros; viajar a la velocidad de la luz, de dónde venimos, ¿Dios participó en la creación del Universo?, el big bang, ¿que hubo antes de eso?, etc.), explica en que está la teoría actual y cuáles son sus desafíos futuros (encontrar una teoría que unifique todo, la que Hawking llama de la "Gravedad Cuántica", que une la teoría de la gravedad de Newton con la teórica Cuántica, teoría que a Gonzalo le gustaría encontrar, si es que no lo hace antes el propio Hawking), todo como dije de una manera muy simple -incluso la teoría de las cuerdas o súpercuerdas, que es absolutamente actual o permitiría, teóricamente, explicar muchos fenómenos espaciales- y entretenida, que da gusto.
Repasa asimismo las diversas interpretaciones que se le han dado al universo, desde la antigua Grecia hasta nuestros días, lo que no está demás como cultura general. Es particularmente gracioso e ilustrativo de cómo las teorías sobre el cosmos se pueden ver afectadas por creencias o supuestos que pueden no tener asideros en la realidad la inclusión de una anécdota que le ocurrió a un eminente científico que explicaba el movimiento de los planetas alrededor del sol y de éste en relación a la vía láctea. Una señora que escuchaba la conferencia la interrumpe diciendo que todo lo que ese científico decía eran sólo disparates, ya que el "mundo es una placa plana que se sostiene sobre el caparazón de una tortuga gigante".
El científico -como no- sonrió con suficiencia antes de replicar: "Y dígame buena señora, ¿sobre qué se sostiene la tortuga?", a lo que la señora respondió: "se cree muy agudo, joven, pero sepa usted que hay tortugas hasta el fondo".
Esta es una edición de bolsillo, al alcance de todos, que dicho sea de paso me la prestó mi hijo para que recordara conceptos ya olvidados, de una gran obra, adecuada para todos y especialmente para los jóvenes, de un tema increiblemente actual y además entretenido; qué más se puede pedir.
Otra obra del mismo autor y del mismo tema, que leí hace algunos años también, es "El universo en una cáscara de nuez", excelente aunque ciertamente más compleja, recomendable para aquellos que les guste el tema.