miércoles, 18 de enero de 2006

Historias de fútbol

Entre los regalos navideños de muchos fanáticos del fútbol debe haber estado el libro "Historias secretas del fútbol chileno", de Juan Cristóbal Guarello y Chomsky, seudónimo del periodista Luis Urrutia O'Neil, una obra que ha tenido bastante éxito (entre los libros de no-ficción más vendidos en Chile desde hace varios meses), tanto que en mis manos cayó una segunda edición de diciembre del año pasado.
Ahora bien, quienes gustamos de este deporte conocemos muchos detalles de nuestro fútbol, guardamos imágenes y recuerdos imborrables. Por mi parte, algunos clásicos Colo Colo-U. de Chile de los años '80 son recuerdos entrañables -las victorias colocolinas por supuesto- y el estadio lleno de banderas blancas y unas pocas azules en el recodo sur del Nacional quedarán siempre en mi memoria. Pero el hecho más importante de la historia futbolística nacional -a nivel de clubes- no está citada en esta obra. Me refiero a la obtención de la Copa Libertadores por Colo Colo en el año 1991, campaña que seguimos íntegra con mi familia en el Estadio Monumental, incluida la gran final con Olimpia, en junio de ese año.
No está. Este acontecimiento no aparece en el libro de Guarello, quien para esa época tenía 22 años y debe haber vibrado con ese inolvidable Colo Colo de Yañez, el gran Barti, Dabrosky, Martínez, Morón, Garrido, Herrera, Pérez, etc.
Sin embargo, se destinan capítulos a Colo Colo '73, al Ballet Azul, al Mundial del '62, a las eliminatorias mundialistas del '77, al escándalo de los pasaportes falsos de la selección juvenil del año '79 y a la participación chilena en los mundiales de 1974 y 1982, entre otros hechos destacados del balompié nacional.
También quedó fuera el episodio más vergonzoso -y ha habido hartos en Chile protagonizados por el fútbol- del que se tenga recuerdo: el caso del Cóndor Rojas y su autocorte con bisturí en el Maracaná por las eliminatorias del '90, que le costó una dura sanción a todo el fútbol chileno. Junto con la ausencia de Colo Colo '91, creo que son los hechos que más se echan de menos en este libro, suerte de investigación periodística.
Pero no he dicho nada respecto del libro, no he dado ninguna opinión. Mejor me la guardo. Como lectura rápida y desinteresada, está bien. No resiste mucho análisis. Si alguien ha escuchado hablar a Guarello en sus comentarios televisivos, puede estar seguro que no escribe mejor de lo habla, o dicho de otro modo, escribe igual que como habla, con palabras algo rebuscadas y/o pasadas de moda que poco aportan, y de estilo, ni hablar.
Criticable también lo de "secretas" de esas historias, archiconocidas todas, con algún que otro detalle que no conocía. De investigación periodística hay bien poco; se funda más en el chismorreo -usando una palabra "guareliana"- que en otra cosa.
El estilo de Chomsky es más acabado. Mejor contador de historias, pero con menor espacio en el libro (sólo dos capítulos son suyos, el resto de Guarello). Tampoco es gran aporte en cuanto a contarnos algo nuevo.
En síntesis, un libro prescindible, que no será recordado por mucho tiempo, recomendable sólo para fanáticos del fútbol y para los nostálgicos de la selección mundialista del '62, ya que esta gesta ocupa gran parte de las 290 páginas del libro.

sábado, 7 de enero de 2006

Cuero de diablo

En Navidad recibí un regalo muy especial. Como Diego, mi hijo menor siempre me ha visto con un libro en la mano, me regaló este libro de cuentos de Guillermo Blanco, autor chileno de la llamada Generación del '50, periodista destacado (Premio Nacional de Periodismo 1991) y recordado columnista de numerosos medios escritos. Entre sus novelas más importantes destaca "Gracia y el forastero", hermosa obra que leí en mi primera juventud y que recuerdo que me marcó profundamente. Fue como un despertar a esos sentimientos amorosos que tanto nos afectan en esos años.
También imborrable es el cuento "Adios a Ruibardo" que leímos en la enseñanza básica, en esas eternas clases de Castellano (no Lenguaje, como se llama ahora). Es autor de innumerables obras más, cuentos y novelas, con un estilo muy limpio, claro y atrayente.
Cuero de diablo es un volumen francamente entretenido; una colección de cuentos ambientados en pueblos rurales perdidos en donde la viva transcurre a otra velocidad y con otras preocupaciones. Se inicia no con un cuento propiamente tal, sino que con una novela corta, "Misa de Requiem" que narra todo el horror de un cura de pueblo que sabe que va a morir -mientras dice su misa- a manos de "El Negro", delincuente que ya mató al padre y los hermanos del cura cumpliendo una venganza que el tiempo no logró aplacar. Logra una atmósfera realmente inquietante, uno se compromete con el sufrimiento del curita de tan vívido que es el relato. Excelente y cautivante. Por lo demás, este personaje de "El Negro" recorre la mayoría de los otros cuentos, ya como leyenda que atemoriza a los pobladores, ya como activo participante de otros cuentos.
La dignidad y simpleza del hombre de campo, el salvajismo de algunos, la pureza de otros, se ven muy bien reflejados por la certera pluma de este autor, mostrándonos notablemente una parte casi siempre olvidada de nuestro Chile.
Aunque orientados a un público más juvenil -me imagino que será un texto obligatorio en nuestros colegios- recomiendo entusiastamente estos cuentos, que se dejan leer fácilmente y dejan un muy buen gusto, ideales para estos días veraniegos.

domingo, 1 de enero de 2006

El huerto de mi amada

Antes de nada quisiera desearles a todos un muy feliz año nuevo, pródigo en salud y trabajo, y que éste se convierta en el año en que se hagan realidad sus más caros anhelos. Felicidades.

El "huerto de mi amada" es una delirante novela de Alfredo Bryce Echenique, autor peruano del que ya he comentado en esta bitácora y que me agrada mucho. Tiene un lenguaje y un estilo tan particular y a la vez con tanto humor que no pocas veces me arrancó carcajadas. La lectura de esta novela me recordó Permiso para vivir, sus antimemorias, en las que recuerda toda su creación literaria y por supuesto la novela que estoy comentando.
Carlitos Alegria es el entrañable protagonista de esta novela, un joven peruano de clase alta, muy devoto, muy bueno y confiado, y con una característica que lo hace ser muy especial: muy despistado, muy, pero muy distraído, no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor, confunde los nombres, se tropieza con todo, en fin, vive como en otro mundo, siempre feliz y despreocupado, con el único fin de ser dermatólogo como su padre y abuelo, eminencias en la materia.
Pero sucede que en una de las tantas fiestas que hacen en su casa, embrujado por la canción Siboney que la hace repetir muchas veces, se enamora locamente de Natalia Larrea, una mujer 16 años mayor que él, muy rica y deseada por los principales prohombres de la alta sociedad peruana, divorciada, además, y descendiente de virreyes y presidentes peruanos, quien le corresponde locamente también su amor, creando un gran escándalo en la fiesta, con peleas incluidas, que los obliga a huir y refugiar su amor en un pequeño oasis de Natalia, a las afuera de Lima, al que Carlitos -a la sazón con diecisiete años- llamó "el huerto de mi amada".
Estalla gran escándalo en toda Lima, los padres de Carlitos están en contra de ese amor, pero los dos amantes siguen juntos contra viento y marea, viviendo mil alocadas y sabrosas aventuras, con Carlitos tratando de hacer una vida normal -yendo a estudiar donde unos mellizos de antología, los arribistas hermanos Cespedes Salinas, huérfanos de padre, que se acercaron a Carlitos sabiéndolo volado para estudiar y asegurar su ingreso a medicina y además conocer a las hermanas menores de éste, con evidentes intenciones que sólo Carlitos no veía- y Natalia preocupada de los detalles para que su hombre-niño no se preocupe de nada.
Una espléndida novela; muy entretenida es la forma en que el autor refleja el alocado pensamiento, y distraído al máximo, del protagonista, en que se convinan nombres, frases, hechos, en un texto muy divertido y ameno. La recomiendo para las vacaciones que se avecinan, no se arrepentirán de leerla.

miércoles, 28 de diciembre de 2005

Lo mejor del 2005

En esta época del año nos vemos invadidos de balances, resúmenes, recuentos y un sinnúmero de otros modismos recopilatorios de todo tipo de actividades y hechos que ocurrieron en el año que termina; y para no ser menos y sumarme a esta moda, presentaré un recuento de lo mejor que he leído en este 2005 y comentado en esta vitrina, con toda la arbitrariedad que me otorga mi sencillo gusto literario.
He aquí mi selección de las diez mejores obras que pasaron por mis manos. Aclaro que el orden en que las presento no necesariamente representa un orden estricto de preferencia, ya que si me fue difícil decidirme por sólo diez más aún lo era ponerlas en orden de prelación.

Todos estos libros me hicieron pasar muy buenos momentos. La llegada del fin de año nos pone un poco melancólicos, nos invita a hacer una pausa, a reflexionar y rememorar lo que ha sido el año que pronto expirará y a raíz de esta introspección me he acordado de estos libros y los bellos momentos que me entregaron. Su silenciosa lectura y la vez la ebullición que provocan en nuestra mente al introducirnos en sus mundos tan ricos es impagable.

Aprovecho la ocasión para desearles a todos un año nuevo lleno de éxitos y felicidad. Que sea el año en que sus más anhelados sueños vean la realidad. ¡Feliz Año Nuevo!

jueves, 15 de diciembre de 2005

Ciudadano del mundo

En un post anterior comenté, al final del mismo, que el libro que lo motivó me hizo recordar a mi abuelo. Tomás Ibáñez Sanhueza (Ercilla, 1907 – Santiago, 1984), mi abuelo materno, era de esos hombres que se ven a lo lejos. Humanista, profundamente católico, demócrata en todo el sentido de esa palabra, fue además un prolífico autor, tanto en prosa como en verso, escrito este último en un castellano antiguo que dificulta algo su lectura, el llamado verso épico. Conciente de su aporte a este mundo, siempre me sorprendió y maravilló como se comunicaba, a través de hemosas cartas manuscritas, con grandes personajes. Al Rey de España le envió uno de sus libros (Canto a España); al Papa le escribió muchas veces, especialmente cuando atentaron contra su vida, al Cardenal Silva Henríquez, en fin, cartas que manifestaban su especial forma de ser, el haberle encontrado sentido a la vida, el saberse parte de la humanidad que tanto amaba; cartas que eran contestadas y que me llevaban en mi ingenua niñez a leerlas una y otra vez. Fue además profesor de castellano y abogado, ejerciendo esta última profesión, luego de abandonar el magisterio, como Defensor Público, en directo beneficio de los más necesitados de su amada patria.
Entre sus obras más importantes se cuentan las siguientes: una muy completa biografía de “Miguel Luis Amunátegui”, del año 1929, premiada por la Sociedad Chilena de Historia y Geografía; “Apuntes de Gramática” (1934); "Don Crescente Errázuriz, su vida y su personalidad” (obra del año 1938, premiada por la Academia Chilena de la Lengua); “Don Mariano Egaña Fabres” (1954); “Canto a España” (1979) y “Canto a la Patria” de 1982, estas dos últimas escritas en verso.
“Canto a la Patria”, editada por Ediciones Poetas Nacionales, es una sorprendente narración, en verso, de la historia de Chile, desde su descubrimiento hasta los dolorosos momentos vividos después del golpe de Estado del año 1973. Uno de esos versos expresa:

“Cuando mis miradas buscan el pasado
escucho los sones de clarines claros,
de sordas trutucas; piafar de caballos;
gritos de furor de los indios bravos,
de los caballeros, de hierros armados,
que acometen, a Dios invocando”

Dios, la fe en el hombre, el amor a la Madre Patria, llenan este bello volumen, expresando en la parte final del mismo su convencimiento que Chile retornaría a su tradición democrática, lo que no alcanzó a ver.
Pero más que mostrar esa faceta literaria de mi abuelito (recuerdo cuando escribía sus manuscritos y la paciencia con que lo hacía sentado en su escritorio) mi intención es reflejarlo como la gran persona que fue y cómo me marcó en mi niñez y primera juventud. Tengo hermosos y grandes recuerdos de mi abuelito Tatín –así lo llamábamos sus nietos– y me acompañan por siempre. Sus enseñanzas también. Nunca he olvidado cuando en una oportunidad –tendría 8 o 9 años– le dije mentirosa a mi madre y él me escuchó. Entonces me llamó, con el mayor disimulo posible y su calma de siempre, y me dijo: "tu madre no miente, puede estar equivocada, pero no miente". ¡Cuántas veces les he dicho lo mismo a mis hijos!
Siempre me acuerdo cuando en las vacaciones que pasábamos junto con mis primos en Quintero –dos meses y medio completos– nos reunía en las noches para contarnos historias. La que más recuerdo y la que me causó más impresión en esos mis años de aventuras, fue la de Los tres Mosqueteros, de Dumas. Nos la contaba con tantos detalles, era tan vívida, que podíamos sentir como chocaban las espadas de los Mosqueteros contra los temibles hombres del cardenal Richelieu. Pero cada noche nos cortaba la narración en la mejor parte y a pesar de nuestros ruegos teníamos que esperar hasta la noche siguiente para continuar con esa fascinante historia.
Y era enemigo de las malas palabras. Para que decir de los garabatos, que no se podían decir en su presencia. Una vez me llamó la atención por que le dije tonto o idiota a uno de mis hermanos –obviamente no decíamos garabatos, no tanto por que lo respetábamos sino por que no los conocíamos, sólo en enseñanza media los adaptamos a nuestro lenguaje– y me hizo ver la inconveniencia y lo innecesario de usar esas palabras.
En la introducción del libro cuya portada se muestra aquí, hay una bella poesía dedicada por uno de sus hijos, Jorge, exiliado en Francia, que resume muy bien su personalidad y especial sensibilidad, que logró transmitir a sus seis hijos; he aquí dos de sus versos, que reflejan mucho mejor de lo que intenté a través de este post lo que mi abuelito significó para mí:

"Nos hacía asombrarnos de las hojas,
del rumor del trabajo de la abeja,
de las cartas que escriben las gaviotas
lentamente con sus pasos en la arena."

"Nos dejaba beber de la hermosura
de la luna, del sol, de los volcanes,
de mostrarnos cordilleras y horizontes,
él nos hizo crecer los ojos grandes."

martes, 13 de diciembre de 2005

El duende de Rivera Letelier

La última novela de Hernán Rivera Letelier, "Romance del duende que me escribe las novelas" me dejó un sabor más amargo que dulce. Rivera Letelier es uno de mis autores predilectos, me gusta su prosa sencilla, cercana, sin estridencia. Estos atributos -atributos para mí- los conserva en parte en esta novela (presentada recién en la Feria del Libro de este año), aunque la historia es demasiado simplona, débil. Me atrevería a decir que es un libro gestado más por intereses comerciales (quizás motivado por contratos con su casa editorial) que por inspiración duendística, parafraseando al propio autor.
Es esta novela una suerte de memoria, en la cual el autor evoca su mundo infantil, su dura niñez en la salitrera Buenaventura. En la soledad de la pampa este niño encuentra a su duende, quien -a través de sabios consejos- lo impulsará a perseguir sus sueños y le enseñará que, con convicción y perseverancia, se puede vencer el destino.
Demasiado ingenuo a veces, se hace adecuado para lectura infantil. Incluso se lo recomendé a mi hijo chico (El cuenta cuentos) pues tiene esa magia que tanto le gusta a él y que expresa en sus pequeños cuentos. Una cosa eso sí, través de las pequeñas historias de esta novela, uno recuerda parte de sus otras obras, en un recurso "garciamarquista", que se agradece.
No se puede decir mucho más de esta obra. Se lee muy fácilmente -media tarde- y quizás también se olvide con rapidez.
Aunque esos breves momentos nos retrotraen a nuestra infancia, a juegos infantiles (el hachita y cuarta), a hermosos e ingenuos sueños, a nuestros primeros amores, lo que se agradece. En síntesis, adecuada para una lectura sin pretensión, que de seguro no será recordada entre las buenas novelas de este autor, que dicho sea de paso, no salió electo diputado por el distrito 4 (Antofagasta, Mejillones, Sierra Gorda y Taltal) en nuestras recientes elecciones parlamentarias.

martes, 6 de diciembre de 2005

La tierra que les dí

Este es el título de la novela que acabo de leer, de Mercedes Valdivieso, una de las destacadas escritoras de la generación del '50 en nuestro país (hace un tiempo comenté algo de esta generación, a raíz de la novela "La mujer de sal" de María Elena Gertner), que tan buenos escritores dió a las letras nacionales.
Esta autora (1924-1993) centró su obra literaria en la temática de la mujer y su papel en la sociedad chilena de la época. Sus ideas la posicionaron como una de las precursoras del feminismo y se la considera autora de la primera novela de esta índole a nivel latinoamericano -"La Brecha", Ed. Zig-Zag, 1961- sacando del ostracismo la voz femenina.
"La tierra que les dí", su segunda novela escrita en el año 1963, tiene una trama que debe haber sido fuerte para esa época: se basa en el desmoronamiento de una familia latifundista que permanece ligada mientras vive la "Señora", una gran mujer, madre de diez hijos, que dirige la hacienda y la vida de sus hijos -manteniéndolos económicamente prácticamente a todos, yernos y nueras incluidas- rígidamente sin siquiera imaginar el fin de la tierra que tanto amó.
A la muerte de este gran personaje se van conociendo las bajezas de su familia, los odios entre hermanos y la codicia y falta de visión de los hijos que no trepidan en vender todo para repartir la gran fortuna familiar. Las intrigas, las presiones de esposas y esposos de los herederos por tomar lo que más se pueda de la herencia y la esperada muerte de la madre configura una descripción descarnada pero realista de la sociedad nacional, que hacen de esta novela un relato actual y reconocible, ya que todos hemos conocido casos iguales, en que hijos de destacados personajes han dilapidado fortunas sin hacer nada por sus vidas.
En sus días finales, la madre vuelca sus atenciones y cariños en sus nietos, quizás entendiendo que sus hijos ya nada podrían ofrecerle. Luego de su muerte y ya acordada la venta de la hacienda, su nieto mayor, entre todos los enseres y muebles de la hacienda que están dispuestos para ser rematados, recuerda con cariño y nostalgia a su abuela sentado en su gran sillón sin entender a su familia que tira por la borda toda una historia de lucha y perseverancia, cambiando una tierra fértil y viva por un puñado de monedas que más temprano que tarde se acabarán.
Una hermosa novela, a pesar de las bajezas humanas personificadas en los hijos de esta Señora, que me hizo recordar a mis propios abuelos y en todas las tardes de mis sábados infantiles que pasábamos en su casa.

viernes, 2 de diciembre de 2005

Ajedrez y literatura

El milenario juego del ajedrez -del que soy un eterno enamorado- tiene una larga y a veces estrecha relación con la literatura. En innumerables obras algunos de los personajes principales son aficionados o juegan distraídamente una partida de ajedrez. Así, por ejemplo, en la célebre novela "El amor en los tiempos del cólera" de Gabriel García Márquez, Juvenal Urbino, uno de los principales personajes, era un apasionado jugador y solía jugar con Jeremiah de Saint-Amour, quien a su vez, según se decía, le había ganado una partida al mismísimo Capablanca, mítico campeón mundial del llamado deporte ciencia.
Pero en otras, el ajedrez se ha tomado un lugar preponderante en la trama y no sólo es usado para adornar la obra. Es el caso de "A través del Espejo", de 1871, segunda parte de la célebre "Alicia en el País de las Maravillas" del escritor inglés Lewis Carrol, quien cuenta una historia plagada de piezas de ajedrez en la que Alicia en el rol de un peón blanco se corona reina al llegar a la octava casilla y gana en once jugadas. También, el escritor peruano Ricardo Palma, en sus "Tradiciones Peruanas" narra el supuesto duelo ajedrecístico entre el inca Atahualpa y el conquistador español Francisco Pizarro.
Otro ejemplo notable y de gran actualidad es la exitosa novela de corte policial del escritor español Arturo Perez-Reverte "La Tabla de Flandes" en que el ajedrez es la clave para encontrar a un asesino, quien deja pistas de sus siguientes pasos a través de problemas de ajedrez.
Para finalizar esta linda relación entre dos de mis pasiones, quisiera transcribir el poema titulado "Ajedrez" de Jorge Luis Borges, que expresa muy bellamente las características notables de cada una de las piezas de este maravilloso juego:

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

martes, 22 de noviembre de 2005

Manual de Zoología fantástica

Hace poco empecé una relectura del "Aleph" de Jorge Luis Borges, debido a un comentario que me deslizó mi madre en el sentido que Borges, con su erudicción, hacía perder frescura a los cuentos de ese libro. Y pues cual sería mi sorpresa que me pareció lo mismo y no conseguí terminarlos, sin dejar de leer El Aleph que me encanta.
A raíz de este pequeño episodio quise reivindicarme con Borges y encontré en mi casa este "Manual de Zoología Fantástica", segunda edición -bellamente ilustrada- de 1984 (reimpresa en 1990) de este libro originalmente escrito en 1957 por dicho autor y Margarita Guerrero.
Este libro -segunda colaboración entre ambos escritores, luego de "Martín Fierro"- pretende ser, tal y como Borges lo expresa en el prólogo, la primera obra en su género. El Islam y la Cábala, la literatura china, la epopeya babilónica, los clásicos griegos y latinos, la Edad Media y el Renacimiento son algunas de las fuentes de que se sirven los autores en su descriptivo recorrido por el bestiario de la imaginación que reúne entre muchos otros al Minotauro, la Sirena, la Quimera, el Dragón, el Basilisco, el Cancerbero, el Ave Fénix, el Grifo, el Golem, el Simurg.
Algunas de las leyendas que describen a estos animales imaginarios son realmente muy bellas. La primera de ellas se refiere a un animal llamada "A Bao A Qu" que revive cuando un viajero sube por la Torre de la Victoria. Y sólo revive completamente cuando al llegar a la cumbre el hombre al cual se apega es evolucionado espiritualmente. Según la misma leyenda, sólo una vez en todos los siglos el A Bao A Qu ha llegado a la perfección.
Otra igualmente bella nos relata sobre los seres de los espejos. En tiempos pasados el mundo de los espejos y el de los hombres estaba comunicado, pero a raíz de la invasión de los primeros, éstos fueron condenados, por el Emperador Amarillo, a meros reflejos serviles de los hombres. Así, cada vez que nos vemos en un espejo, el reflejo lo producen estos seres condenados a esa labor.
Para finalizar, es importante acotar que este texto se titula también "El libro de los seres imaginarios" en algunas ediciones, sin cambio alguno respecto del original.

lunes, 7 de noviembre de 2005

Tierra del Fuego de Francisco Coloane

Después de un breve receso por motivos laborales, en que tuve que leer numeroso material técnico, vuelvo a recomendar una obra especial, que me ha permitido conocer y admirar a un gran escritor chileno, Premio Nacional de Literatura del año 1964. La obra de Francisco Coloane, nacido en Quemchi (Chiloé) en 1910 y fallecido en Santiago el año 2002, lo ubica como uno de los narradores más importantes de las letras nacionales. Los parajes del extremo sur de nuestro país, la soledad y hostilidad de esas tierras, marcan profundamente todo su extensa obra.
Muy reconocida es su trilogía de cuentos -que fue traducida a muchos idiomas- ambientados en los confines de nuestro continente: "Cabo de Hornos" (1941), "Golfo de Penas" (1945) y "Tierra del Fuego", la que estoy leyendo en estos momentos.
Llegué a este libro de cuentos de una manera muy especial: le pedí a mi hijo menor, Diego (quien escribe cuentos en su blog El Cuenta Cuentos), que me eligiera un libro antiguo de la biblioteca y me pasó este por que le llamó la atención su título. Es una edición del año 1965 de la Editorial Zig-Zag, con el tipo de papel que se usaba en aquel tiempo, ya amarilloso por el paso de los años. Corresponde a la 4ª edición de estos cuentos, publicados en el año 1956, haciéndose acreedor del premio anual de literatura de la Sociedad de Escritores de Chile de ese mismo año.
El primer cuento es el que le da el nombre al libro. Tierra del fuego nos mete de lleno en una realidad hostil, en que tres hombres huyen luego del frustado levantamiento contra el amo de la región, que explota cruelmente a hombres venidos de todos los rincones de la tierra en busca del preciado oro.
Existe en este cuento un trasfondo, una especie de denuncia, sobre la enorme tragedia histórica y social del exterminio de los onas o selk' nam, habitantes originales de la gran isla austral. Los aniquilaron salvaje y metódicamente, y uno de los protagonistas recuerda avergonzado como él fue partícipe de estas verdaderas cacerías humanas. Curiosamente había hablado algo del tema en mi blog Campana de Gauss, sobre la muerte de la penúltima Yagán, otro de los pueblos originarios de esa zona exterminados sin misericordia.
Un volumen de cuentos entrañable, las imágenes aparecen vívidas en nuestra mente a medida que avanzamos en los relatos. La soledad de esos paisajes unida a la soledad de los hombres que se aventuran en esas tierras hacen de estos cuentos una lectura muy grata, placentera. Recomendable de todas maneras.
Para finalizar, algunos otros títulos de este autor son los siguientes: "El Ultimo Grumete de la Baquedano" (1941); "La Tierra de Fuego se apaga" (1956); "Rastro del Guanaco Blanco" (1980) y "Crónica de India" (1983).