miércoles, 21 de septiembre de 2005

La mujer de sal, de María Elena Gertner

Si no fuera por que este libro me lo recomendó mi gran amiga virtual Elisa de Cremona, nunca habría llegado a él y no habría sentido el placer de leerlo, de asombrarme con la certera y ágil pluma con que esta autora teje sus historias, del amor como eje central de la entrañable protagonista.
Pero antes de hablar de esta espléndida novela, quisiera contar algo de su autora, a la cual -aunque cueste admitirlo- reconocía sólo por sus incursiones en la televisión chilena, ya que escribió exitosas teleseries en la década del ’80 (“De cara al mañana”, “El Juego de la Vida”, “Morir de amor”, “La dama del balcón”, entre otras) y además actuó en un par de ellas (“Mi Nombre es Lara”, de 1987 y “Las dos caras del amor”, del año siguiente). Asimismo, continúa hasta hoy ligada al teatro (otra de sus pasiones), dirigiendo y actuando en la tierra donde eligió vivir, Isla Negra, donde mantiene un Taller de Teatro, con el auspicio de la Fundación Neruda.
Empero, por sobre todo lo anterior, María Elena Gertner es una destacada escritora nacional, perteneciente a la llamada Generación del ’50, que integran entre otros José Donoso, Margarita Aguirre, Guillermo Blanco, Mercedes Valdivieso, Jorge Edwards y Enrique Lafourcade. Recientemente, a comienzos de este año, ha recibido dos distinciones (Medalla al Mérito Pablo Neruda, el más importante) que reconocen su obra, que incluye además de “La Mujer de Sal” a “Islas en la ciudad” (1958), “Después del desierto” (1960), “Páramo salvaje” (1960), “La derrota” (1965), entre otras.
La historia de esta novela se desarrolla alrededor de Amalia, en un estilo muy particular y efectivo, en que se reconstruye la vida afectiva de ésta a través de dos líneas de tiempo (pasado y presente) que avanzan paralelamente hasta que se encuentran en un presente de soledad y desamor. A través de las palabras de la protagonista nos enteramos por qué vive de sus recuerdos, el por qué de su incesante búsqueda y el cómo llegó a sentirse una con su gran amor, pues ésta es una novela de amor, de ese que parece sólo las mujeres son capaces de sentir. Es increíble que uno se vea reflejado en situaciones como las descritas en obras de este tipo (que son en menor o mayor grado experiencias personales), pero sucede que uno ha vivido una experiencia similar, ha reaccionado de igual modo y no ha entendido nada de lo que pasa en el interior de esa mujer que la provocó. Esto me reafirma que nosotros sí somos de Marte y ellas de Venus o que a veces no basta con quererse tanto si la comunicación no llega buen codificada.
En fin, volviendo a la novela, la autora logra niveles notables al entrar (y dejarnos entrar) al interior de Amalia. Conocer su sufrimiento, sus bajezas, su entrega. Un personaje muy bien logrado, al igual que Théo, el fiel compañero de Amalia en su peregrinaje por París. Los diálogos entre éstos están muy bien concebidos, dos personajes burgueses, acomodados, que no tienen más que hacer que gozar de la vida. Théo intenta rescatar a Amalia de sus fantasmas, hacerla entrar en razón; busca posibles soluciones para lo que vive Amalia asimilando su realidad a lo vivido por el Príncipe, enigmático personaje que supuestamente superó igual trance.
No me queda más que decir que "La mujer de sal" es una de las mejores novelas que he leído en el último tiempo, tan vívida, actual, que me recuerda a Marcela Serrano, cuya madre, por lo demás, perteneció también a esta generación del '50.

9 comentarios:

La Libélula dijo...

Yo no creo que las mujeres sean de Venus y los hombres de Marte, lo que si creo es que a veces las sensibilidades son distintas y es por eso que los sufrimientos son más intensos en algunas, y en algunos también, no hay que ser hombre o mujer para enamorarse, desencantarse o desesperarse, sólo pasa y afortunadamente existen los que pueden transmitir a través de las letras esas experiencias que nos hacen sentir parte de un todo en materias del amor...uf, espero no te canses con tremendo comentario!!

Yve

Pepet el Anacoreta dijo...

Creo que si te gusta Marcela Serrano no es raro que te agrade la literatura de María Elena Gertner.

Ernesto González Dávila dijo...

Hola:

No he leído esta novela, aunque sí he leído La Derrota y Después del desierto. Concuerdo en eso de que esta autora es una de las más prolíficas de su generación o promoción de escritores, según les guste a los críticos. Tu comentario está bien atractivo, tanto que me has entusiasmado para leer esta novela. Haremos el intento. Te felicito por tu forma de leer y comentar las obras que entregas en tu blog.

Saludos,

EGD

Dannitas dijo...

hola!
de ahora en adelante solo me queda leer... leer... y leer...
Pero tengo muy poco tiempo!
pero tratare de hacermelo....

besos!

Elisa de Cremona dijo...

estupendo! me dieron ganas de leerla de nuevo...
excelente análisis, excelente como siempre.
un besote

(estoy sin internet, así es que lamento los comentarios cortos y aislados..
besotes

Carmen Gloria dijo...

Esta novela la leí hace algún tiempo cuando estudiaba y, recuerdo que me dejo un sabor amargo, una extraña sensación de desorden, tal vez por que no se puede juntar el pasado y el presente como si fueran un rompecabezas, ni se puede dejar que el tiempo no cure las heridas, es insano, pienso que no se puede vivir del pasado dejando que te aplaste o te alivie, más bien debe hacerse algo en el presente para que después sea un pasado digno de recordar de manera sana y alegre.
.:C.G:.

Danne dijo...

Hola: LLegué a tu blog buscando información sobre este libro de M. Elena Gertner para poder poner un link en mi página... por el gusto de que otras personas pudieran leerlo.
Quería dejar mis saludos y quizás otra cosa, pero quedé tan desconcertada al ver en un blog algo de este libro, que... I'm speachless.
Besos gélidos~

lilian elena herrera gutierrez dijo...

Necesito encontrar este libro ..alguien me puede decir donde??????

luciana dijo...

No encuentro el libro en internet alguna ayuda por favor?