lunes, 31 de diciembre de 2007

¡Feliz Año Nuevo!

A todos mis amigos y amigas que leen estas páginas les deseo un año nuevo lleno de éxitos y buenas nuevas; de anhelos y sueños cumplidos; de buena salud y felicidad; de buen humor y alegria; de paciencia y empatía; de sabiduría y bondad y de mucho amor y respeto, que tanta falta nos hace.

Deseo que sea mucho mejor que el que termina hoy; que tengamos el tiempo de detenernos y mirar todo lo bello que nos rodea; que podamos perdonar y pedir perdón; que le demostremos nuestro amor a todos quienes lo merezcan (y a los que no, también); que veamos el vaso medio lleno y no medio vacío; que nos llenemos de optimismo y fe en lo que vendrá.

En fin, deseo un Feliz año 2008 para todos.



martes, 18 de diciembre de 2007

Cumpleaños de mi padre

¡Hoy mi padre, Gabriel Carlos Alberto Araya Schnake, cumple 80 años! -o como él diría con su incuestionable lógica, comienza a vivir su octagésimo primer año de vida- y su familia (su esposa, sus hijos, nueras y yernos, y sus nietos) estamos muy felices y orgullosos de celebrar este aniversario.

Ha formado una gran y numerosa familia, que preside junto a mi madre y compañera de toda la vida, Anita (en enero recién pasado celebraron sus bodas de oro), con seis hijos y doce nietos, el mayor de los cuales tiene 27 años y el más pequeñín sólo cuatro.

Hay tantas cosas que vienen a mi mente en este momento. Tantos recuerdos lindos que se agolpan en mi mente. Por ejemplo, la vez que nos autorizó -a mi hermano menor y a mí- hace quizás 35 o 36 años a quedarnos con un gatito en nuestra pequeña casa de Los Maitenes. Como en toda casa que se respeta, él era la autoridad máxima y mi madre confabulaba -con la sabiduría que sólo ella tiene- con nosotros para conseguir pequeñas grandes cosas que marcan la niñez, como ésta. Pregúntenle al Papi -nos decía mi madre- aunque todos sabíamos que la decisión pasaba por ambos y casi siempre nos favorecía a todos.

El reconocerlo en mis hermanos -los mismos gestos, la misma postura, la misma integridad- es particularmente interesante y no pocas veces cómico, como por ejemplo la seguridad y suficiencia intelectual que demuestra, siempre con humor, Alvaro, el menor de sus hijos, o la capacidad infinita como buen anfitrión que luce Gabriel, su hijo mayor, para no hablar de que en los temas de faldas también se le parece mucho. Rodrigo, me lo recuerda al caminar, con las manos entrelazadas en la espalda y sobretodo por un gesto reconcentrado -que lo hace parecer a veces poco amistoso- aunque no es más que cierta timidez. Este rasgo es muy pintoresco, pues normalmente se opone a ir a fiestas y celebraciones, pero una vez allí lo pasa muy bien y se divierte mucho.

También mis hermanas, como no, han heredado rasgos muy marcados de mi padre. Mi hermana mayor, Mariana, heredó su preocupación por los demás, aunque lo que sobresale más es su pasión por los deportes en general y por Colo Colo en particular. Ninguno de nosotros es tan fanático como ella, salvo Gabriel, por el eterno campeón y todos estamos esperanzados en lograr el tetracampeonato. Recuerdo a mi padre recitar de memoria el glorioso equipo de Colo Colo 1941, campeón invicto. Yo solo podría nombrar a algunos del Colo Colo 1991, campeón de La Libertadores (o quizás a casi todos). Carmen o TiTi igualmente heredó muchas virtudes, que sería largo enumerar, pero en lo que todos coincidimos es que heredó lo picada que es (especialmente en juegos de cartas) de mi padre, que nunca le gustó perder en nada, y que se enfurecía a veces al perder cualquier juego o incluso cuando el Colo perdía (recuerdo cuando el Colo perdió una final con la U, allá por principios de los años '80, de un campeonato Polla Gol, y destrozó varias cosas). En honor de la verdad, todos los Araya somos picados.

Colo Colo ha sido una verdadera pasión que lo ha acompañado por más de 60 años. Otra ha sido el ajedrez, ese noble juego que todos en la casa aprendimos y que no se ha separado de mi padre desde los 17 años, cuando cayó enfermo de tuberculosis y tuvo que pasar varios meses en cama. Desde allí se transformó en un formidable jugador, que representó varias veces al país en enfrentamientos internacionales y compitió de igual a igual con otros enormes jugadores nacionales, de la talla de Rodrigo Flores, René Letelier, Tulio Pizzi, Carlos Jáuregui, todos campeones chilenos de la especialidad. Tiene una enorme cantidad de recortes de diarios de su época de jugador activo -que duró hasta mediados de la década del '60- con sus más destacadas participaciones en torneos de clubes y campeonatos nacionales, con muchos primeros puestos, que me llenan de orgullo y satisfacción, dado que soy el que heredó con más fuerza su pasión por este deporte ciencia. En la foto, del año 1959, se le ve dando una simultánea -juega contra muchos jugadores en forma simultánea, siempre con piezas blancas, haciendo una jugada por turno- en dependencias del antiguo edificio del diario El Mercurio. También daba simultáneas a la ciega, llegando a jugar cuatro partidas simultáneas sin ver el tablero.

Y su otra pasión relevante -además de su familia- es el amor por los libros. Tiene más de 4.000 en su departamento (sin contar que en la casa de la playa debe tener al menos trescientos más). ¡Si no hay lugar en el departamento que no tenga una biblioteca o algunos estantes que contengan tal colección! Hay de todo. Miles de novelas, cuento, poesía, teatro, historia, pintura, etc., organizados metodicamente por estilos literarios, países, regiones o continentes, cual biblioteca. Y sabe la ubicación de cada uno de ellos, de modo que si uno le pide tal novela de tal autor la encuentra enseguida. Es un verdadero tesoro, acumulado a lo largo de toda su vida. A esto hay que sumar los libros de su propia autoría (es autor de varias colecciones de textos de orden tributario, de gran prestigio en el medio), que no son pocos y que le han deparado grandes satisfaciones en el plano profesional.

Esto no pretende ser más que un pequeño homenaje a mi padre, y un agradecimiento también, por su amor, por entregarnos sus valores, por su ejemplo de vida, por traspasarnos su pasión por los deportes, por el ajedrez, por la literatura y por estar siempre con nosotros. Gracias papá y feliz cumpleaños.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Narraciones, de Borges

Este increible libro de cuentos es una recopilación de algunos de los más conocidos de este extraordinario autor, que impresiona por su creatividad y gran manejo del idioma, que cautiva desde un comienzo. He compartido esta lectura con la de la novela de Jaime Bayly, "El huracán lleva tu nombre" (que comentaré a su debido tiempo), lo que ha resultado en un experimento muy interesante por lo opuesto de estilos y temáticas; por un lado Borges, con intrincadas y complejas elaboraciones intelectuales, no fáciles de seguir, y por el otro Bayly, con una novela hilarante a ratos, dramática también, bastante más liviana pero igualmente entretenida, que no requiere gran concentración para seguirla.

Hay que aclarar que existen distintas versiones de este libro, dependiendo del año y la editorial, ya que no todas incluyen los mismos cuentos. La que tengo en mis manos es del año 1982, de la editorial española Origen S.A. e incluye los siguientes cuentos: "El espantoso redentor Lazarus Morell", del libro "Historia universal de la infamia"; "Tlön, Uqbar, Orbis Tertuis", "El acercamiento a Almotásim", "Pierre Menard, autor del Quijote", "Las ruinas circulares", "La lotería de babilonia", "La biblioteca de Babel", "Funes el memorioso", "El Sur", todos del libro "Ficciones"; "El muerto" y "El Aleph", del libro "El Aleph"; y "El hacedor", "El cautivo" y "Borges y yo", del libro "El hacedor".

Me es imposible siquiera tratar de reseñar alguno de ellos, son en su gran mayoría simplemente geniales; uno se sorprende de la imaginación y creatividad de Borges, de cómo logra construir sólidas historias fantásticas, inquietantes a veces, que dejan impresionado al lector por los detalles tan bien concebidos y conceptualizados por una mente brillante. Además, no deja de ser importante el lenguaje, el estilo, las formas en síntesis, que aportan sin duda a que estos cuentos perduren por siempre.

Sólo me queda indicar cuáles me gustaron más, lo que no es fácil, pues casi todos los recomendaría sin dudar. Pero si tengo que elegir me quedo con los siguientes tres: "El Aleph", un magnífico cuento que hay que conocer, "Funes el memorioso", otra obra fantástica, y "Las ruinas circulares", un cuento que nos hace creer en los sueños.

martes, 27 de noviembre de 2007

La suma de los días

Esta es de ese tipo de obras difícil de clasificar y describir. Entre paréntesis, me encantó la portada, muy bella y muy bien elegida para este libro. Isabel Allende tiene la gran cualidad de ser una extraordinaria narradora de historias y "La suma de los días" no es más que una extensa lista de anécdotas y episodios vividos por la autora y su familia, que adquieren vida a través de ese talento natural y tan bien explotado por la escritora chilena.
Cabe preguntarse el por qué de esta obra (Isabel Allende intenta responderlo en la misma), cuál era la necesidad de que se hicieran conocidos tantos acontecimientos -dulces y de los otros- de la "tribu" de Isabel Allende, aunque claro está las respuestas nunca serán claras y dificilmente demos en el clavo, lo que me persuade de intentar siquiera alguna conjetura.
Pero bueno, yendo a lo medular, se puede decir que la obra es como una biografía novelada de todo lo que le ha sucedido a la gran familia de Isabel Allende (su tribu) luego de la trágica muerte de la hija de la autora, Paula, ocurrida en 1992 como consecuencia del extraño mal llamado porfiria.
Obviamente, cada párrafo, cada historia, está muy bien contada; algunas emotivas, tristes y desgarradoras; otras francamente divertidas, con el humor al que nos tiene acostumbrado la narradora, en suma, entretenidas todas y muy fáciles de leer.
Para quienes hayan leído gran parte de la obra de Isabel Allende -como yo- no deja de ser interesante la forma cómo se iban gestando cada una de sus obras o proyectos, lo monumental de cada tarea y la intensidad del trabajo creativo de esta súper ventas, además de ir reconociendo cada una de ellas y reviviendo las emociones que nos provocaron. Cada libro deja una huella y al tropezar con ella despierta imágenes y recuerdos asociados a ellos; esto revive con los relatos de la Allende, pues los colores y olores de sus magníficas descripciones vuelven a aparecer, reavivando buenos recuerdos.
Ahora bien, así como critiqué la última novela de Coelho -por su escasa creatividad- lo mismo puede aplicarse a esta obra. Isabel Allende ha creado mundos muy bellos, llenos de magia, con heroinas inolvidables y llevándonos a tierras lejanas y cautivantes. Aunque esto no ocurre aquí, pues no es una novela en realidad, igualmente seduce y entretiene, y para los incondicionales de la autora (como Katia, mi pareja) es y será un verdadero regalo. Para los que no lo somos tanto, cumple con la tarea básica de entretener, lo que se agradece. Y para los que se inician en la lectura de Isabel Allende, mejor partan por otro libro, como por ejemplo "Hija de la fortuna" o "Retrato en sepia", las que son, desde mi punto de vista, las mejores novelas de la autora.

viernes, 16 de noviembre de 2007

La razón de los amantes

Buenísima esta nueva novela de Pablo Simonetti. No por nada se ha mantenido en los primeros lugares en los ranking de ventas por muchas semanas, luchando por el primer lugar con el nuevo best seller de Isabel Allende, "La suma de los días", que actualmente estoy leyendo.
Pablo Simonetti se encamina a convertirse en uno de los grandes de las letras nacionales. No sólo ha conquistado a la crítica especializada, sino que al gran público, al anónimo -como yo- que se regocija con su talento para contar historias cercanas, actuales, creibles.
En ésta, su segunda novela, el autor nos relata la conmovedora historia de Manuel, un joven y exitoso ejecutivo bancario, felizmente casado con Laura, inmersos en la paz y tranquilidad que les da la rutina y su buen pasar. Como tantas otras parejas de este Santiago de principios de siglo, la vorágine del día a día no les deja demasiado tiempo para la vida social, salvo las típicas visitas familiares de los fines de semana.
Sin embargo, esta estabilidad se ve alterada con la irrupción de Diego Lira, un abogado dueño de un diario en Internet que conoce a Manuel en el banco con motivo de un préstamo para sus operaciones en el mercado de las puntocom. Coinciden con él en una Gala en el Municipal, en la que Laura queda prendada de Diego y, por su parte, Manuel cree encontrar en éste al amigo que hace tiempo buscaba. Terminan cenando en un conocido restaurant italiano del centro de Santiago, en lo que aparece como el comienzo de sana amistad.
Ambientada a comienzos de este milenio en nuestro Santiago querido, se hace más atractiva para los que vivimos en esta ciudad pues le da un toque de realidad al recorrer lugares y situaciones vividas diariamente. El centro de la capital, el barrio El Golf, los tacos tan nuestros, el calor y hasta el smog que respiramos a diario nos dan cuenta que esta historia es quizá la historia de tantos santiaguinos que cruzamos a diario, tan real o imaginaria como el entorno.
Manuel, Diego y Laura comienzan una muy especial relación, que llega a su punto cúlmine cuando Diego los invita a su cumpleaños. Desde ahí en más se suceden los acontecimientos, que los llevan por caminos inabordados, inciertos, en que los sentimientos y las pasiones se mezclan de las más sorprendentes maneras, magistralmente llevadas de la mano por la pluma certera de Simonetti.
En síntesis, una muy buena novela, que se lee muy rápidamente, que atrapa al lector desde las primeras páginas. Absolutamente recomendable.

martes, 30 de octubre de 2007

La fortaleza digital

Dan Brown se hizo conocido mundialmente por su célebre "El Código Da Vinci", entretenidísimo best seller, llevado además con relativo éxito al cine el año pasado bajo la dirección de Ron Howard y con Tom Hanks en el papel del intrépido profesor Robert Langdon.
No muchos saben, por lo mismo que ésta es su primera novela, escrita en el año 1996 y traducida al español sólo debido al éxito arrollador de aquella.
El estilo de este autor es especial; muy comercial por cierto, vertiginoso, atrapante, no da respiro; pero a la vez peca de superficialidad, no se da el debido tiempo para retrarar de forma más certera a los personajes, por ejemplo, aunque a la luz de los resultados, consistentes sin duda, lo anterior no pasa de ser una anécdota que le interesa sólo a los más puristas.
A mí me entretiene y mucho, y los tres libros que he leído de este autor norteamericano (debe agregarse a los dos ya nombrados el libro "Angeles y Demonios") me han dejado satisfecho.
Ahora bien, en esta obra Dan Brown se interna en el mundo de la informática, las agencias de seguridad, el espionaje cibernético sistemático y los códigos encriptados (la forma segura en que viaja la información a través de las redes informáticas), lo que si bien ahora es de dominio relativamente público, en el año 1996 no lo era tanto.
Y por supuesto que hay una pareja de héroes. Se trata de Susan Fletcher, una joven y bella criptógrafa de la NSA (la secreta Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU.), encargada de descifrar los códigos interceptados por dicha Agencia, que evitan atentados terroristas en suelo Americano, (Caldo de cultivo para las teorías conspirativas, de que EE.UU. nos vigila en todo momento) y de David Becker, un brillante profesor universitario de lenguas extranjeras, novio de aquella.
La trama gira en torno de un código que no puede ser descifrado (llamado fortaleza digital), creado por un antiguo colaborador de la NSA, que si cae en las manos equivocadas puede significar una catástrofe de talla mundial, pues no habría como interceptar mensajes de grupos terroristas o de otros criminales. Esto lleva a una cacería por la ciudad de Sevilla, España, en busca de la clave que abre tal código, con varios muertos en el camino y una acción trepidante que no da pausa.
Por su parte, en las secretas instalaciones de la NSA, donde se ubica una supercomputadora que intenta descifrar fortaleza digital, se suceden una serie de acontecimientos que enredan cada vez más asunto, tejiendo una red de mentiras y encubrimientos al más alto nivel de la seguridad nacional de esa poderosa Nación del norte.
En fin, son más de 440 páginas de intensa acción, sin pausas, saltando de Sevilla a EE.UU. tras una clave secreta y misteriosa, en un estilo que maneja muy bien Dan Brown y que, obviando algunos detalles que hoy nos parecen como nimios, entretiene hasta el final.

jueves, 18 de octubre de 2007

El Libro de Arena

Hace un tiempo ya terminé de leer este espléndido libro de cuentos de Jorge Luis Borges, el gran escritor argentino, que nos ha enseñado a conocer mi amigo y colega trasandino Eduardo. Los que hayan seguido los post sobre Borges publicados hace algunos meses, gracias a los comentarios y aportes de Eduardo, recordarán que éste recomendaba acercarse a Borges por sus cuentos, y entre los recomendados había varios de los que integran esta formidable obra, que se lee con suma facilidad y gran placer, maravillándose, como no, de la genialidad de ese inmortal autor.

"El libro de Arena" fue publicado originalmente en el año 1975 (detalle no menor, pues muestra que esta obra se editó cuando Borges contaba con nada menos que 76 años, lo que me parece verdaderamente asombroso) y contiene 13 cuentos, más bien breves, con temáticas diversas, pero con el denominador común de la pluma certera, ágil, mágica y sorprendente de un hombre que ha vivido todo.

No es mi idea describir los cuentos de este volumen (es una tarea más adecuada para un "borgevangelista" como Eduardo), sino entregar una impresión de un simple lector, que se conmueve con los frutos de una mente brillante, bendecida además por una capacidad única de contar historias.

Si bien es cierto que todos me gustaron, algunos me dejaron un mejor gusto de boca: "Ulrica" (quizás por que conocí a una sueca de dicho nombre, de gran belleza), es un bello cuento de amor -temática que no es frecuente en la prosa de Borges, mas sí en sus versos- que nos toca a todos, es realidad pura; "Undr" es increíble, es la vida misma, frases y diálogos geniales y llenas de todo. Transcribo algunas: "A orillas del Azov me quiso una mujer que no olvidaré; la dejé o ella me dejó, lo cual es lo mismo"; - Qué te dio la primera mujer que tuviste? -me preguntó. - Todo, le constesté. - A mí también la vida me dio todo. A todos la vida les da todo, pero los más lo ignoran". No es posible describir de qué se trata este cuento sin estropearlo. Hay que leerlo.

En fin, no creo que valga la pena tratar de reseñar estos cuentos, hay que tenerlos y saborearlos; los he leído varias veces, además de los citados, también "El disco", "El Congreso" y el último, que le da el título a esta obra. Simplemente leánlos y disfrútenlos.

Creo que lo más adecuado es concluir con unas palabras del propio Borges, aparecidas en un breve epílogo que acompaña la edición que está en mis manos: "Espero que las notas apresuradas que acabo de dictar -el citado epílogo- no agoten este libro y que sus sueños sigan ramificándose en la hospitalaria imaginación de quienes ahora lo cierran".

martes, 9 de octubre de 2007

El amparo

Me es difícil comentar esta novela del escritor argentino Gustavo Ferreyra, nacido en Buenos Aires en el año 1963, sociólogo de profesión, pues no me dejó un buen sabor de boca.
¿Y por qué terminé de leerla si no me satisfacía? Me lo pregunté varias veces, pues me demoré más de lo acostumbrado en leerla, pero me intrigaba el saber cómo la finalizaría, que pasaría con Adolfo, el protagonista, sí arrojaría luces del por qué de la extraña y enajenante situación a la que se veía enfrentado diariamente, junto a los demás que trabajaban en esa casa, pero no encontré las respuestas, lo que terminó de desilusionarme.
Pero vamos por parte. Esta novela es del año 1994 y fue acogida favorablemente por la crítica argentina, elevando a su joven autor (para esa época) a la categoría de promesa, describiéndolo como poseedor de un "talento inédito, afianzado y complejo". Además de ésta, ha publicado "El Desamparo" (1999), "Gineceo" (2001), "Vértice" (2004) y "El director" (2005).
Ahora a la novela en cuestión. Adolfo trabaja -y vive- en una casa junto a un ejército de otros empleados, en los más diversos y raros oficios, sirviendo exclusivamente al señor de la casa, el amo. Su vida -y la de los otros- sólo tiene sentido cuando sirve al señor. Una atroz versión moderna de la esclavitud. Baste con decir que la tarea que realiza Adolfo y por la cual siente orgullo es la de "receptor de carozos" (¡qué asco! Los carozos de las aceitunas, por ejemplo, que se come el señor, éste los deposita en la ¡boca de Adolfo!, quien se mantiene todo el tiempo con la boca abierta, almuerzo y cena). Y sólo eso hace, tiene que estar atento y preparado, junto con otros empleados, a prestar sus servicios en las comidas del señor, y nada más. El resto del día lo ocupa en nada; no hay TV, no lee, no hace deportes, no fuma, casi no interactúa con nadie, sólo piensa y medita, pagado de si mismo, y con una profundidad que raya en la idiotez.
La opresión, la alienación, la obsesión, el servilismo llevado a su máxima expresión, la pérdida de la individualidad, son elementos que por cierto están muy bien tratados en la novela, no por nada su autor es sociólogo, pero que desde mi punto de vista no permiten encontrarle sentido y realidad a la situación descrita.
Está bien, alguien puede decir: pero si es una novela, ficción pura, de acuerdo, pero no me convence la atmósfera descrita y la pasividad de los habitantes-esclavos de la casa, la ausencia de "vida" en todos ellos; aunque hay que reconocerle méritos al autor cuando se mete en la mente distorsionada y poco menos que limítrofe de Adolfo, el que puede crear en su cabeza todo un mundo del más leve y nimio episodio.
En fin, ciertos acontecimientos se traducen en una degradación del protagonista, quien pasa a labores de limpieza. Sintiéndose humillado, intenta urdir planes para vengarse del enano que ocupó su puesto, los que finalmente no son llevados a la práctica. Entretanto, el señor de la casa cae enfermo, lo que provoca nuevos cambios y múltiples conjeturas en la afiebrada mente de Adolfo.
Y eso es todo. Ciertamente a muchos les atraerá esta novela, pero a mí no me convenció.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Estrellas de cine de los años cincuenta

Llegó a mis manos un increíble y hermoso libro de retratos de estrellas de cine de los años 50. Un regalo de mi hermano con ocasión de su regreso de Nueva York. Incluye 163 fotografías, en blanco y negro, de gran tamaño -una por página- de aquellas estrellas que perduran en en tiempo y se han convertido en verdaderos iconos del cine.
El libro se llama "Film-Star Portraits of the Fifties", editado por John Kobal, famoso crítico y especialista en cine, con varios libros a su haber, entre ellos uno sobre las 100 mejores películas de todos los tiempos, lista que se puede consultar aquí.
Las imágenes son espectaculares, evocadoras; un gran porcentaje de éstas muestran las fotografías oficiales de películas protagonizadas por las estrellas de esa época y lo lindo es recordarlas, revisar el libro y revivir quizá la época más glamorosa del cine: la inmortal Marilyn es la estrella que más aparece, con 8 bellísimos retratos, pero rivalizan en belleza con ella otras inmortales y grandes actrices como Audrey Hepburn -que me fascina- con 3 apariciones; Deborah Kerr (2); Susan Hayward (2); Lana Turner (4); Ava Gardner (7); Elizabeth Taylor (3); Jean Simmons (2); Anita Ekberg (2); Ingrid Bergman (3); Sophia Loren (2); Kim Novak (2) y tantas otras, la mayoría de las cuales reconozco, al menos de nombre.
Por su parte, los actores también están muy bien representados, con nombre tan notables e inolvidables como un joven Marlon Brando, con tres retratos; Humphrey Bogart; Charlton Heston (2); Yul Brynner; Gregory Peck; Robert Mitchum; Rock Hudson (3); Cary Grand; Clark Gable (3); James Dean (2); Tony Curtis (2); Gary Cooper (2); Montgomery Clift; Fred Astaire; John Wayne (2) y otras estrellas de esa década, todos los cuales me retrotraen a las antiguas películas en blanco y negro que veíamos en nuestra niñez (esto para aquellos niños que ya pasamos los cuarenta).
Y precisamente en esto radica la belleza de este libro; el recordar otros tiempos, otro mundo, más tranquilo y amable, en blanco y negro, sin prisas; recordar viejas películas y clásicos inmortales, películas del viejo oeste, de capa y espada o bíblicas (Charlton Heston y los 10 Mandamientos, por ejemplo), en fin, recuerdos tan antiguos que salen a la luz viendo cada una de estas maravillosas fotografías, lo que se agradece.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Brevísima Historia del Tiempo

En 1988, año en que nació mi hijo Gonzalo, apareció un auténtico Best Seller, "Historia del Tiempo", del famoso científico Stephen Hawking, considerado el mayor genio del siglo XX, después de Einstein. Quizás diez años después de esa fecha o algo más, le compré ese libro a mi hijo introduciéndolo de ese modo en el apasionante mundo de la física teórica y, especialmente del espacio. Recuerdo que lo leímos con pasión e interés; yo recordaba mis clases de Astronomía y Astrofísica de la Facultad de Injeniería de la U. de Chile y sacaba -o trataba al menos- a relucir mis conocimientos sobre la materia, haciendo esfuerzos por influir en una mente fértil y vivaz como la de Gonzalo; y él interesándose con pasión en el tema, tanto así que todo lo relacionado con el espacio y la física -incluido el fenómeno Ovni, que lo atrapó por varios años- le fascinan y claramente influyeron en su decisión de estudiar Ingeniería en esa misma Facultad.
Ahora bien, esta "Brevísima Historia del Tiempo" es un nuevo intento, del mismo Hawking, de acercar, ahora en términos aún más simples y al alcance de todos, sin necesidad de tener familiaridad con conceptos de la física teórica, este maravilloso e intrincado mundo del tiempo y del espacio, lo que logra maravillosamente bien, matizado con un humor de corte muy británico pero que hace de la lectura de esta obra un verdadero placer.
Explica con una sencillez impresionante los más complejos problemas a los que se ven enfrentados los científicos; dilucida todos los episodios y acontecimientos que por siempre han interesado al gran público y a la ciencia ficción (viajes a través del tiempo; hoyos negros; viajar a la velocidad de la luz, de dónde venimos, ¿Dios participó en la creación del Universo?, el big bang, ¿que hubo antes de eso?, etc.), explica en que está la teoría actual y cuáles son sus desafíos futuros (encontrar una teoría que unifique todo, la que Hawking llama de la "Gravedad Cuántica", que une la teoría de la gravedad de Newton con la teórica Cuántica, teoría que a Gonzalo le gustaría encontrar, si es que no lo hace antes el propio Hawking), todo como dije de una manera muy simple -incluso la teoría de las cuerdas o súpercuerdas, que es absolutamente actual o permitiría, teóricamente, explicar muchos fenómenos espaciales- y entretenida, que da gusto.
Repasa asimismo las diversas interpretaciones que se le han dado al universo, desde la antigua Grecia hasta nuestros días, lo que no está demás como cultura general. Es particularmente gracioso e ilustrativo de cómo las teorías sobre el cosmos se pueden ver afectadas por creencias o supuestos que pueden no tener asideros en la realidad la inclusión de una anécdota que le ocurrió a un eminente científico que explicaba el movimiento de los planetas alrededor del sol y de éste en relación a la vía láctea. Una señora que escuchaba la conferencia la interrumpe diciendo que todo lo que ese científico decía eran sólo disparates, ya que el "mundo es una placa plana que se sostiene sobre el caparazón de una tortuga gigante".
El científico -como no- sonrió con suficiencia antes de replicar: "Y dígame buena señora, ¿sobre qué se sostiene la tortuga?", a lo que la señora respondió: "se cree muy agudo, joven, pero sepa usted que hay tortugas hasta el fondo".
Esta es una edición de bolsillo, al alcance de todos, que dicho sea de paso me la prestó mi hijo para que recordara conceptos ya olvidados, de una gran obra, adecuada para todos y especialmente para los jóvenes, de un tema increiblemente actual y además entretenido; qué más se puede pedir.
Otra obra del mismo autor y del mismo tema, que leí hace algunos años también, es "El universo en una cáscara de nuez", excelente aunque ciertamente más compleja, recomendable para aquellos que les guste el tema.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Doña Bárbara

Dejando por un momento a Borges tranquilo (aún debo mis comentarios sobre "El libro de arena"), leí hace unas semanas esta extraordinaria novela de Rómulo Gallegos, célebre escritor venezolano (1884 - 1969), que llegó a presidir esa Nación por un corto período, derrocado por un alzamiento militar (algo que estuvo muy de moda en la segunda mitad del siglo pasada por esta región).

"Doña Bárbara" junto con "Cantaclaro" y "Conaima" son, según la gran mayoría de críticos literarios, las grandes novelas de este autor, las que presentan un tema que obsesionó por mucho tiempo a Rómulo Gallegos (como educador y político), cual es la lucha entre la barbarie y la civilización.

Y esta lucha no puede quedar mejor descrita que en las páginas de esta novela, ambientada en los Llanos venezolanos, en los comienzos del siglo XX. Además que su nombre no puede ser más acertado: doña Bárbara es la cacique del Arauca, una mujer despiadada, despechada, que no trepida en matar a todo quien se le interponga en sus propósitos y aprovechándose de sus malas artes se apropia de grandes extensiones de tierra de la Hacienda de los Luzardo, abandonada prácticamente a su suerte debido a peleas familiares que casi acaban con toda la familia. Ella y sus métodos, el Llano todo, representan de manera muy vívida la barbarie.

Pero en este estado de cosas aparece Santos Luzardo, el último de los Luzardo, criado en la Capital, abogado de profesión, con gran futuro, quien regresa al Llano con la intención de vender sus pertenencias y partir a Europa donde sin duda le esperaría un radiante porvenir. En éste por supuesto se representan todas las virtudes de la civilización. Motivado por diferentes hechos decide revivir su Hacienda, que tiene el bello nombre de Altamira, y tratar de civilizar las costumbres de la región y, claro está, enfrentarse -con la ley de por medio- con la temida doña Bárbara. Surgen muchas disputas; lealtades y traiciones de los empleados de uno y otro bando; el amor, como no, aparece -doña Bárbara cae rendida ante la fuerza y espíritu de Santos Luzardo, quien no le corresponde; muertes, etc.

A grandes rasgos, eso es lo medular. Pero la novela desde mi punto de vista (y de mis gustos personales) es exquisita en sus descripciones y en su lenguaje (tanto que aparecen más de 240 notas a pie de página explicando modismos y términos locales, incluyendo flora y fauna típica del Llano). La descripcíon completa y magistral de las costumbres típicas de la región o de los trabajos propios del Hato o Hacienda son simplementes geniales. Por ejemplo, la lucha contra los caimanes cuando se navegaba por los ríos de la región o las domaduras de caballos o el arreo de animales y una infinidad de detalles propios del Llano quedan plasmados tan vívidamente que nos transportan al medio de esa inmensidad.

La narración (en tercera persona, omnisicente) nos deja al tanto de todos los acontecimientos, nos describe con lujo de detalles a todos los personajes importantes que aparecen en la obra (Santos Luzardo; doña Bárbara; Antonio, Pajarote, Carmelo, María Nieves -todos peones de Santos Luizardo-; el Brujeador, Juan Primito, Balbino Paiba, Pernalete -ligados a doña Bárbara-; Marisela, entre muchos otros) y nos proporciona una ambientación de maravillas que hace de la lectura de esta obra una verdadera delicia, quizás no compartida por todos quienes no comulgan mucho con este estilo algo añejo quizás.

Pero a mí me encantó y comprendo perfectamente por qué tuvo un éxito inmediato y catapultó a la fama eterna a Rómulo Gallegos.

jueves, 19 de julio de 2007

Bitácora para Borges (2ª parte)

Luego de un paréntesis en que mis emociones estuvieron a prueba, retomo la madeja del mundo de Borges. Y se trata realmente de todo un mundo, uno nuevo. En la primera parte de esta entrega Eduardo, nuestro amigo trasandino, nos muestra el camino para entender a este talento de la literatura universal, aunque por motivos de espacio lo dicho ahí estaba más bien circunscrito a su bella poesía (y hay tantos y tan profundos y bellos, que rozan el alma y calan los huesos; he aquí uno de sus mundos); mas, ahora -siguiendo con la transcripción de las palabras de Eduardo- nos adentraremos en un mundo nuevo y todavía más asombroso y mágico, las más de las veces, la prosa de ese inmortal autor.

"Ahora, leyendo a Borges desde allí (esto es, de la tensión entre la cultura europea -culta- y la argentina -popular-) entenderá otra lectura del "El Aleph", ese escritor (que el llama Borges) al cual se le muere esa Beatriz y desciende al conocimiento de Dante, burlándose de Carlos Argentino Daneri, el escritor popular. Si te fijás bien, en la burla hay una envidia, unas ganas de ser popular y una imposibilidad. Una vez descubierto ese saber de la mano de Carlos Argentino, lo reniega. Vuelvo al poema conjetural (transcrito en la entrega anterior): “… pero me endiosa el pecho inexplicable / un júbilo secreto. Al fin me encuentro / con mi destino sudamericano.”

"Toda su obra está partida entre cuentos cultos y cuentos populares. Incluso la obra junto a Bioy Casares; las cuales para mí, que admiro a ambos es lo más flojo de los dos. Me encanta que lo hayan hecho, lo celebro, pero no está a la altura del resto de sus obras, lejísimos. Es un intento, de ambos, de crear algún tipo de literatura de entretenimiento, algo fallido. Además de El Aleph, este tema está en "El Sur" (Ficciones) en el cual cuenta una historia sobre esta tensión.
Es prácticamente autobiográfica, el casi muere por un accidente un día de nochebuena. El Otro (de el Libro de arena) , él se encuentra con él mismo más joven."

Me detengo un poco aquí para contarles que Eduardo no sólo nos explica como acercarnos a Borges, sino que nos presenta un camino sencillo y claro, que por supuesto he empezado a transitar: leí hace unas pocas semanas el "Libro de arena", realmente espléndido, sorprendente y al comenzarlo no queda más que deborarlo. Obviamente, en otra entrega daré mis impresiones sobre los cuentos que conforman ese magnífico volumen. Queda pendiente una nueva lectura de El Aleph.

"Ahora una Bitácora de vuelo sobre su obra. Empezar por los cuentos ‘populares’, fáciles de leer, como para perderle un poco el respeto y ganar en admiración y disfrute. Primero leer esos tres cuentos: El Aleph / El Sur / El Otro.

"Luego los de historias sencillas. Los cuentos que son pura historia: El Muerto (una historia de suspenso, para quien piensa que es muy técnico). Emma Zuns (un policial). El duelo (un Woody Allen). El otro duelo (sangriento, Tarantino queda chico). Ulrica (una historia de amor, para aquellos que piensan que es muy frío).

"Luego esos cuentos cultos, o sobre la cultura, filosóficos, conjeturales: Funes, el memorioso (una tesis sobre la memoria y el olvido). La bibloteca de babel (¿es la cultura algo infinito?). Utopía de un hombre que está cansado (sobre la sabiduría). El otro (la identidad). La lotearía de Babilonia (el azar).

No caben dudas de que Eduardo es un "borges-evangelista", como el mismo se define. A mí me impresionó su conocimiento sobre aquel autor y la pasión que demuestra por su obra. Tengo varios otros poemas que me envió a través de comentarios a estos post y varios párrafos más destacando la monumental obra de Borges que desde aquí vuelvo a agradecer.

Para finalizar, un breve párrafo que retrata a Eduardo y su pasión por la literatura y, especialmente, por Borges:

"Siempre me encuentro charlando con gente y diciendo, no es TAN DIFÍCIL Borges. Debe ser que yo tuve la suerte que nunca me hayan obligado a leerlo. Y ahí le doy instrucciones: Emma Zuns, etc., etc.; en el texto traté de escribir eso que me encontré explicando tantas veces en tertulias. Hay un problema con Borges, una vez que entras, tienes cierto peligro de adicción. Pasé unos meses en mi adolescencia sólo leyendo Borges, el resto me parecía hueco."

miércoles, 27 de junio de 2007

Una noche mágica

La noche del viernes 15 de junio quedará grabada a fuego en la memoria de 27 amigos, 27 ex alumnos del liceo A-13, que nos reunimos conmemorando los 25 años de egreso de ese liceo; una noche bellísima, emocionante, inolvidable, que nos hizo sentirnos a todos tan unidos, como si hubiera sido ayer y no hace un cuarto de siglo que salimos del liceo. Si hay algo que me impresionó mucho fue el enorme cariño que todos nos demostrábamos, increible, conmovedor.
Antes de dar algunas impresiones sobre esa mágica noche quisiera agradecer muy especialmente a sus gestores: Diego, Lizeth y José Manuel (quien nos acompañó sólo hasta 2º Medio pues ingresó a la Escuela Militar donde ha tenido una destacada carrera): Se pasaron estos cabros, hicieron posible que los sueños de muchos se hicieran realidad; reunirnos a la gran mayoría de ex alumnos del 4º A, algunos de los cuales no nos veíamos desde la estación Mapocho -cuando nos bajamos del tren que nos trajo de vuelta del mítico viaje de fin de curso a Viña del Mar- fue una proeza, un gran esfuerzo que sin duda valió la pena y que todos valoramos y agradecemos.
Ahora a lo nuestro. A pesar de haber estado con una gripe fuertísima, casi sin voz, en un estado francamente lamentable (y así también me veía), a eso de las 20 horas de ese día emprendí el camino que me llevó a reencontrarme con parte de mi historia (sin duda una de las más bellas); pasé a buscar a Norberto -compañero de banco en nuestros años de liceanos- y enfilamos hacia lo alto de la ciudad con nuestros corazones anhelantes, hasta que por fin, cerca de las 21 horas ingresamos al bello Salón Colonial del Club de Campo del Ejército en Peñalolén, donde ya había al menos diez compañeros, comenzando una seguidilla interminables de emocionados abrazos.
Al poco rato ya estábamos todos, los mismos de ayer, la misma alegria e inocencia de esa época trasladada al presente. Algunos kilos de más -varios más bien- y evidencias claras de alopecia, nosotros; estupendas, con gran prestancia y aplomo, ellas; las risas y recuerdos afloraban por doquier; cada cual atesoraba un recuerdo especial con algún compañero o compañera; las afinidades de esa época se hacían patentes hoy igual que ayer y sólo quedaba reconocerse en los ojos de cariño de todos. Recordar a los ausentes, saber de los infructuosos esfuerzos por encontrarlos y las promesas de sí hacerlo para un próximo encuento, que de seguro no aguardará por otros 25 años.
La noche transcurrió demasiado aprisa; los aperitivos se repetían entre abrazo y abrazo y las ganas de saber de todos nos carcomían. En realidad nadie había cambiado, todos seguíamos iguales, los palomillas de siempre hacían de las suyas: Norberto, José, Felipe, Elvis, Alex, Sergio, haciéndonos reir; en cada rincón del salón se formaba un pequeño grupo intentando ponerse al día: Gustavo, Marcelo, Gabriel, Patricio, Miguel, recordando anécdotas de las clases. Otros haciendo recuerdos de los paseos -circulaban varias fotos de casi treinta años atrás- donde se podía observar a Diego, Exequiel, Claudio y varios más y por supuesto las chicas, que alegremente se contaban -con la gracia que sólo ellas tienen- toda la vida.
El recuerdo que guardaba de mis queridas compañeras estaba sin duda influenciado por dos grandes elementos: por un lado, la época, fines de los setenta y principios de los ochenta, juventud bastante más tranquila e inocente que ahora, y por el otro, mi carácter, introvertido, de tal modo que en mi memoria seguían siendo las tiernas niñas de siempre. Hoy son todas, sin excepción, grandes mujeres, con mayúsculas, seguras, inteligentes, alegres, estupendas. Desde aquí otro abrazo para Bernardita, las dos Ximenas, Mónica, Pili, Lily, Nely, Lizeth, Verónica y Carmen Gloria.
Luego de la cena, los organizadores nos tenían preparadas varias sorpresas: una simpática presentación con fotos de la época (paseos, graduación, fiestas, etc.) en donde aparecieron hasta mi madre y mi hermano menor, y unos entretenidos montajes fotográficos preparados por Gustavo, con mucho ingenio y gran creatividad, que me llevaron a recordar las caricaturas extraordinarias que hiciera de nuestro equipo de baby fútbol, allá por el año '81, del cual formaba parte.
A ésta le siguió una entrega de regalos (cortesía de José Manuel, gracias otra vez) y unas breves palabras de todos los presentes, tratando de condensar en un par de minutos los 25 años que estuvimos separados. Como se imaginarán, las bromas, risas y piropos no se hicieron esperar convirtiendo esta iniciativa en una de las más entretenidas, considerando además que todos teníamos ya algunas copas en el cuerpo, por lo que era de esperarse tal explosión de bromas, afectuosas por lo demás.
Las interminables despedidas, los abrazos eternos y reiterativos, los brindis de última hora y las promesas de reencontrarnos pronto pusieron el broche de oro a esta mágica jornada, tan largamente esperada.

viernes, 8 de junio de 2007

¡Los primeros 25 años!

Corría el año 1977 cuando ingresé al liceo Nº 10 de hombres (en esa ya lejana época, hoy liceo A-13 Confederación Suiza, nombre que ya tenía cuando egresé el año 1982). Era un mundo nuevo y distinto, para alguien que venía de una pequeña escuelita del sector, ingresar a un liceo tradicional, hoy llamado emblemático, era un gran paso; ingresar a un nuevo curso, Séptimo Básico A, nuevas exigencias, conocer a nuevos amigos y empezar una hermosa historia que ya cumple más de 30 años.
En la foto que acompaña estas líneas -aportada por Diego Fredes, entusiasta organizador del encuentro conmemorativo del cuarto de siglo de la salida del liceo- es sorprenderte ver a todos con esa tierna cara de niños y los parecidos que tienen algunos con sus respectivos hijos (caso en el que me incluyo). Espectacular fotografía que nos muestra en nuestros tiernos 11 o 12 años, llenos de ilusión y alegria, formando ya un grupo muy unido que llegaría -la mayor parte al menos- hasta cuarto medio.

Tantos recuerdos. Y tan bellos. Sin duda una época que nos marca a todos, sin grandes preocupaciones, sin la competencia feroz que se da hoy en la educación y con mucho tiempo para cultivar la amistad, esa verdadera, que se da sólo en los primeros años.
Era otra época, prehistórica si se quiere. Por supuesto que no existía Internet, el teléfono era escaso también; para juntarnos a nuestras tradicionales pichangas de los sábados debíamos confiar en que todos llegarían a la hora señalada, acordada en clases. Estudiar era distinto, más artesanal pero entretenido, los libros eran más amigos nuestros de lo que lo son de nuestro chicos. Las tareas, las carpetas, los trabajos, eran hechas con mayor esfuerzo y no sólo se reducían al copiar y pegar de hoy.
La amistad sincera, la camaradería, los primeros y tiernos amores, los que nunca se produjeron por la timidez propia de esos años, el compañerismo sano, la solidaridad eran reales y palpables. Éramos un curso muy especial, muy unido y alegre, sano, travieso y juguetón. Todos teníamos divertidos apodos que han traspasado el tiempo y perduran hasta hoy. Si teníamos un pequeño zoológico dentro del curso (José Capdeville, gato; Alex Aravena, caballo; José Manuel Contreras, chancho, porky; Felipe Salaberry, piolín; Gustavo Gutiérrez, cachalote; Exequiel barahona, pelícano; Carmen Gloria, canguro; y otros que de seguro se me escapan), otros tenían apodos relacionados con personajes de la TV (Ximena Avendaño, pindy; Nelly Pérez, canito; Norberto Parra, Heidi, aunque también sabía lucir varios más, como chicha, parrón, parrita; patán, canitrop y varios más llevaron asimismo otros de mis compañeros), algunos teníamos un mote relacionado con alguna característica física o personal muy notoria y/o divertida, no faltando los simpáticos apodos de bolita (Elvis Carrasco), cabezón (Marcelo Valenzuela), coreano (Gabriel Roldán), chino (Nelson Mardonez), bruja (Liseth Asenjo), monja (Bernardita Zamorano), cabezona (Mónica Valderrama), guagua o cabeza de dado (los míos), chico, etc. En fin, se me escapan muchos y me perdonarán los que no aparecen, pero lo cierto es que todos teníamos un apodo, hasta nuestra recordada profesora jefe, doña Bermunda Fernández, tenía el suyo (la camello).
Y no era menor salir a la pizarra en esas condiciones, pues siempre ocurría que alguien emitía algún ruido alusivo al mote que provocaba las risas de todos y la vergüenza momentánea del "afortunado" de turno.
Ahora, gracias a la magia de Internet, nos hemos ubicado casi todos -nuestros correos casi revientan de tantos email y los recuerdos que afloran espontáneos y nos retrotraen a esos inolvidables momentos aparecen por todos lados- y nos reuniremos el próximo viernes 15 para celebrar los primeros 25 años de nuestra salida del mítico y glorioso liceo A 13. Espero con ansias que llegue ese día (se me viene a la mente el comercial de un vino en que se juntaban unos viejitos, con la típica frase "del zanahoria" cuando se reencuentran y se abrazan) y abrazarlos a todos, verlos y verlas después de tanto tiempo a la mayoría sin duda que va a ser emocionante y marcará un verdadero hito en nuestras vidas.
Como no recordar las pichangas de los recreos (con cualquier cosa, hasta topes plásticos de las patas de las mesas) con varias decenas de niños en el patio, tratando de esquivarlos a todos para llegar al arco contrario; o las famosas "kermeses" que se hacían todos los años; o nuestros paseos de fin de año, a Algarrobo, al río Clarillo; o cuando nos juntábamos a hacer trabajos o tareas y terminábamos jugando a la pelota o al pimpón, etc., son muchos los recuerdos que se agolpan y pugnan por un lugar preponderante en nuestra frágil memoria.
Por de pronto, les dejo la fotografía del Cuarto Medio, en que están casi todos. Es fácil tratar de distinguirse en una y otra y ver cuánto cambiamos en esos seis años. ¿Será lo mismo ahora cuando nos encontremos? El tiempo sin duda habrá hecho lo suyo.

sábado, 2 de junio de 2007

Bitácora para Borges (1ª parte)

Entre las cosas buenas que nos deparan los blog está la de poder intercambiar ideas, opiniones, conocer otras realidades, hacer amigos, aunque la distancia nos separe. Saber que alguien lee lo que uno escribe y que ese anónimo lector se toma la molestia de comentar e interactuar con uno ya es gratificante. Que además nos abra su corazón, nos haga partícipes de lo que les apasiona y lo comparta, no tiene precio.

Es lo que me sucedió con un colega argentino, Eduardo S., ingeniero civil, residente en esa hermosa mega ciudad capital, Buenos Aires, quien con enorme generosidad me envió un verdedero ensayo sobre Jorge Luis Borges, con el fin de entregarme pistas para descubrirlo en toda su dimensión y no caer en estereotipos -como me pasó a mí- sobre su genial obra.

Es realmente interesante y revelador, más aún para un neófito como yo. Por lo mismo, con autorización de su autor, he decidido compartirlo con todos quienes leen estas líneas, en homenaje al genio de Borges, pero también -y muy especialmente- en homenaje a este nuevo amigo. No he querido intervenirlo en absoluto y por su extensión lo daré a conocer en dos entregas. Helo aquí:

"El contacto es para darle pistas para descubrir a Borges, un escritor muy elogiado y poco leído. A veces, injustamente criticado por críptico, demasiado culto y otras, por demasiado frío, distante. En extremo tímido, si hoy viviera dirían que tenía fobia social; inventó una literatura sobre la literatura, creando casi el hoy llamado postmodernismo. Pero además siempre deseó ser popular admirando al tango rudo y milonguero así como otras formas populares.

"La mejor forma de entrar a Borges es entendiendo que siempre escribió sobre lo mismo, y desde su vida. La tensión entre su cultura europea y su cultura argentina. Su destino sudamericano. Descendiente de guerreros argentinos y de ingleses por igual, su literatura és esa tensión. Ahora dejo para abrir la puerta el "Poema Conjetural", una de sus obras maestras. Al ser usted de otro país le aclaro que Laprida es el abogado presidente del congreso de la independencia de nuestro país (1816) del cual Borges era descendiente por alguna de sus ramas familiares. Te pido, te sugiero lo leas como un poema autobiográfico, la tensión y la identidad final.

Poema Conjetural
(El otro, el mismo - 1964)

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 23
de septiembre de 1829 por los montoneros de Aldao,
piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.

Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.

Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.

La noche lateral de los pantanos
me asecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.

A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.

En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí ... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

No cabe duda que la lectura de este bellísimo poema desde la óptica propuesta por Eduardo entrega una nueva perspectiva, más enriquecedora. En la segunda entrega Eduardo nos dará pistas sobre la sobresaliente prosa de Borges, su genial imaginación, sus recomendaciones para ir avanzando en la fabulosa obra de este especial autor. Por de pronto, puedo contar que estoy leyendo "El libro de arena" que, ya verán, aparece recomendado por nuestro amigo de allende Los Andes. Para terminar, reproduzco otro de los poemas que me dejó Eduardo y que encuentro francamente espléndido:

1964

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo y
diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

martes, 22 de mayo de 2007

La música del azar

Otra espléndida novela (del año 1990) de Paul Auster, el famosísimo y prolífero escritor norteamericano, llamado a constituirse en uno de los grandes de las letras del gigante del norte. Aunque debo reconocer que me gustó más la anterior que leí de él (La Noche del Oráculo), también se percibe en ésta una gran imaginación y una facilidad pasmosa para escribir, una soltura en su pluma que hace de la lectura de sus obras una experiencia muy agradable, con ganas de seguir leyendo hasta acabar la novela de turno.
La historia se centra en Jim Nashe, un bombero que no ha sido tratado con especial cariño por la vida (tampoco él ha ayudado mucho, sin duda). Cuando es abandonado por su mujer -y luego de haber recibido la herencia de su padre ausente- (no hay mal que por bien no venga, dicen por ahí), se lanza a una vida loca, sin ningún compromiso más que viajar en su moderno automóvil por todo EE.UU., huyendo de todo y sobretodo de sí mismo.
Luego de casi un año en esto recoge en una autopista a un joven malherido, Jack Pozzi, que resulta un tiro al aire, otro tipo solitario que se gana la vida como jugador de póker. Y en este momento empieza realmente la novela. Si alguien se acuerda de la famosa serie televisiva de los '60 y '70, "La dimensión desconocida", me entenderá enseguida si le digo que lo que sigue se asemeja a las historias de esa espectacular serie.
Nashe y Pozzi se asocian para tratar de dar un gran golpe en una partida con unos excéntricos millonarios. Como a Nashe ya poco le queda de la herencia (algo le ha dejado a su pequeña hija) no le parece muy loca de idea de financiar al frágil e iluso Pozzi, convencido de su bondad como jugador.
Ya cuando ingresan a la mansión de estos dos millonarios, donde se escenifica la partida -que no aparecen como una gran amenaza- el azar y la causalidad empiezan a jugar un gran papel, que conducirá a los protagonistas por insospechados caminos -de aquí la alusión a la dimensión desconocida- por donde deberán transitar sin conocer a dónde los conducirán ni con qué se deberán enfrentar.
Auster logra crear una gran atmósfera, la tensión va in crescendo, la enajenación de los personajes principales también, lo que hace vislumbrar que la situación no acabará muy bien, lo que evidentemente deberá descubrir el lector. Muy entretenida, recomendable para estos días de otoño, ya que como la contaminación nos ahoga, nada mejor que quedarse en casa con una buena novela.
Como dato anexo, en el año 1993 fue llevada al cine, con el mismo título (The Music of chance) y con James Spader en el papel de Jim Nashe.

miércoles, 25 de abril de 2007

Otro baile en París

Bonito nombre el de esta novela de Enrique Lafourcade (1927), nuestro prolífico representante de la generación del '50. Nada menos que 44 obras tiene su extensa bibliografía, y esta es acaso su última novela.
Quién en nuestro país no ha leído "Palomita Blanca", sin duda su obra más conocida, llevada hace poco al cine por Raúl Ruiz. O tantos otros títulos conocidos, como "Cristianas viejas y limpias", bien entretenida por lo demás, o "Mano bendita". De seguro que Lafourcade no llena el gusto de muchos, pero de que es un personaje no se puede negar.
Su recordada participación en el programa televisivo "Cuánto vale el Show" o sus columnas dominicales en el cuerpo de Reportajes de El Mercurio, más sus críticas varias a la Teletón o a los ganadores de los premios nacionales de literatura lo han mantenido vigente -junto a su obra por supuesto- por sus buenas décadas.
Ahora, yendo a la novela, debería decir que no me gustó mucho, aunque para entenderla mejor habría que incluir en ella una breve introducción para advertir al lector que el autor no ha perdido el juicio y que la novela está salpicada de guiños biográficos.
Nos relata, en un estilo delirante (según el propio autor, tal como el de "Alicia en el país de las maravillas", la inmortal obra de Lewis Carroll) las aventuras de Dominique, de 4 años, y su abuelo, que debían encontrarse en París y por esas cosas del destino no lo hacen. Dominique, cual Alicia, vuela llevada por el viento hasta la Torre Eiffel y habla con cuanto ser vivo se le cruza. Mención especial merecen los gatos (tema recurrente en Lafourcade: cuántas columnas dominicales dedicadas a ellos), que organizan justo esa noche un gran baile en la Torre.
Resulta, claro está, luego de leer una entrevista al autor, que Dominique es realmente su nieta, que conoce a los 4 años; el abuelo es por supuesto Lafourcade, los delirios y fantasmas se los adjudicamos entonces al propio Lafourcade; los homenajes a Breton, Arenas y Teiller; los innumerables rincones parisinos, son todos recuerdos e historias del propio autor y claramente sería mejor leer la novela conociendo estos detalles para poder asimilarla mejor.
Ha sido de las pocas novelas que he estado a punto de no terminar de leer, pero me intrigó saber cómo la iba a concluir. No quedé feliz. Por cierto que he leído cosas mejores de Lafourcade. Aunque a su nieta (que lo llamaba abuelo-gato) sí le gustó.

lunes, 16 de abril de 2007

La Bicosa

¡Qué nombre tan raro para una de nuestras tradiciones capitalinas! Por muchos años trabajé frente a nuestra bien amada Plaza de Armas (hace pocos días me cambié a Providencia) y quizás cuántas decenas de veces pasé un jueves por la tarde, camino ya a casa o a algún happy hour, quien sabe, cruzándome en mi camino con la Banda Instrumental de Conciertos Santiago -la Bicosa- animando las tardes con su repertorio, mezcla de música docta y popular, siempre con gran asistencia de público.
Nunca me paré a escucharlos, sin embargo, pero siempre me era grato reconocer alguna melodía mientras cruzaba la plaza desde Catedral con Puente a Merced con Estado; algún tema instrumental de Víctor Jara, alguna tomada famosa en Septiembre, o quizás algún ritmo tropical, que le daba sabor al día que terminaba, como anunciando que el fin de semana estaba pronto a llegar.
Y la historia de esta peculiar banda bien vale la pena conocerse, ya que nació hace casi 45 años, tocando ininterrumpidamente todos los jueves del año en el Odeón de la Plaza de Armas, con muy pocas excepciones, motivadas por fuerza mayor, como cuando en el año 1999 se remodeló complementamente nuestra tradicional Plaza de Armas. Aquí un pequeño apunte: a mí no me gustó en absoluto el cambio, prefería el antiguo diseño, con más verde, pero ya con el paso de los años me he acostumbrado a la nueva disposición de la Plaza y poco queda en mi memoria de la antigua.
36 músicos componen esta Banda, compuesta en su mayoría por ex uniformados, antiguos integrantes de bandas militares. Su más longevo instrumentista -tocador de la tuba- se ha mantenido por 32 años en Banda, conocida antes como Orfeón Municipal de Santiago.
Hoy es una fundación, condición que tomó desde el año 1983, dependiendo casi exclusivamente de una subvención anual que le otorga la Municipalidad de Santiago. Han editado un CD de música popular chilena, que se ha vendido con bastante éxito.
Cabe destacar además que la Bicosa cuenta con su propio blog, donde es posible conocer un poco más de su historia, a algunos sus integrantes y detalles para los interesados en adquirir su disco. La fotografía que ilustra este post esta tomada de su blog.

jueves, 12 de abril de 2007

Aniversarios varios

Que el tiempo pasa volando, qué duda cabe. Quiero aprovechar este espacio -mientras termino una novela de Lafourcade- para felicitar a mi precioso hijito por completar ya dos años escribiendo sus mágicos cuentos. Diego, mi pollito, autor, creador y genio creativo de la bitácora "El Cuenta Cuentos" cumple exactamente hoy, 12 de abril, dos años, en los cuales nos ha regalado más de 100 cuentos y muchísimas sonrisas.
Inspirado en su madre, la etérea y cultural Libélula -que cumplió también dos años el pasado mes de marzo- Diego nos regala toda la fantasía y magia de un pequeño niño que hoy se empina por los 10 años.
Asimismo, conviene precisar que mi entrada a la blogósfera también se debió a La Libélula, y que mi primer blog (Consultoría Tributaria) cumplió ya dos años, en los primeros días de abril, tocando temas de orden tributario, con la intención de hacerlos más asequibles para todos.
Y este blog pronto cumplirá dos años, en los primeros días de junio, siguiendo la huella trazada por Yvette y Diego.
Felicidades nuevamente mi pollito lindo y sigue por muchos años más llenándonos con tu inagotable imaginación.

jueves, 22 de marzo de 2007

Cuentos chinos

No se trata de que ahora sí va a funcionar el Transantiago, pues ese cuento ya no se lo traga nadie. Nada de eso. Se trata del último libro que leí, un exquisito y antiguo volumen que reúne diez grandes cuentos chinos (así se llama, por lo demás), de cuatro famosos escritores de esa nacionalidad, a saber: Yu Ta-fu, Lao Sheh, Lu Sin y Mao Tun.
La recopilación es obra de Luis Enrique Délano y Poli Délano, destacados escritores nacionales, personajes públicos de múltiples facetas, diplomáticos, artistas plásticos, etc., quienes tradujeron a estos autores chinos (del inglés y francés principalmente), cuando estuvieron destacados en ese lejano y fascinante país.
Cabe destacar que estos escritores son de los más importantes autores de la literatura china moderna, partícipes de la revolución cultural que significó el Movimiento del 4 de Mayo de 1919, que se inició ese día con las protestas estudiantiles en la mítica Plaza de Tian'anmen. Este movimiento produce profundos cambios culturales, especialmente contra el sistema feudal imperante en China por esa época, lo que se refleja muy bien en algunos de los cuentos.
Yendo entonces a estos cuentos, quizás el más famoso de todos sea "Diario de un loco", de Lu Sin (1881-1936), considerado el más grande escritor chino moderno. Esta es la primera obra de ficción en la literatura moderna china, el que sin embargo no me impresionó tanto como "Restauración de la bóveda celeste", del mismo autor, que relata una antigua leyenda china sobre la fundición de unas piedras por la diosa Nü-wa para restaurar la bóveda celeste que se caía a pedazos.
Hermoso relato, salpicado de bellas leyendas, otra de las cuales explica el origen de la humanidad, atribuido también a esta diosa o emperatriz legendaria, cuando Nü-wa moldea al hombre con tierra amarilla.
Otros títulos que me sedujeron fueron "Intoxicantes noches de primavera", de Yu Ta-fu y "La luna creciente", de Lao Sheh. Este último es un relato triste de una chica en que la luna creciente va marcando hitos importantes y dolorosos en su vida. Triste pero a la vez esperanzador.
En síntesis, un verdadero hallazgo, en una edición de bolsillo Quimantú del año 1971, cuando esa editorial era sinónimo de cultura asequible para todos.

martes, 13 de marzo de 2007

Los cachorros: Pichula Cuéllar

Esta novela corta de Mario Vargas Llosa, escrita en el año 1967, tiene varias particularidades que la convierten en una obra especial: la historia -ya entraré en detalles sobre ella-, el estilo, que nunca antes había leído (pero que aquí funciona bien), que algunos han calificado de fuegos artificiales técnicos y, por lo mismo, tener una cierta musicalidad, que le da esta peculiar forma en que está escrita.
La novela se centra en un grupo de jóvenes del tradicional y pudiente barrio de Miraflores, en el Perú de los años cincuenta, compañeros de un colegio católico, uno de los cuales sufre un horrible accidente (es castrado por el perro de la escuela), pero quien adquiere así singular fama y se hace muy conocido por su particular apodo de "Pichula Cuéllar" (es del caso contar que así quería llamar Vargas Llosa a su novela, pero fue persuadido por sus editores que el nombre no sería muy bien recibido por todos) que si bien en un principio le disgusta sobremanera después lo disfruta y trata de sacarle todo el partido que pueda: es muy popular en su grupo de amingos.
Pero como la vida continúa su andar, al poco tiempo se encuentra con problemas (en especial cuando llega la edad del pololeo o "tirar plan" como se dice tan simpáticamente en la obra) lo que conduce irremediablemente al pobre Pichula Cuéllar a marginarse de su grupo y a realizar todo tipo de proezas riesgosas para llamar la atención. En pocas palabras, se convierte en un inadaptado social.
Es curioso, pero el propio autor se ríe de las muchas interpretaciones que ha tenido esta obra, la que según él es la que más se ha analizado al respecto. Y curioso por que en el volumen que tuve en mis manos, casi la mitad del libro eran distintas interpretaciones sociológicas de esta entretenida historia, sobre la castración, la iglesia, el aburguesamiento de la sociedad peruana, la castración social que provoca esa misma iglesia, el machismo y un largo etc., lo que me parece como mucho y casi con seguridad no estaban en la mente del propio autor.
Pero volviendo a la historia, no es difícil vislumbrar un mal final para el héroe de la misma, los excesos en que cae, su imposibilidad de relacionarse como quisiera con el sexo opuesto, la automarginación, etc., no auguran un final feliz para Pichula Cuéllar, lo que deberá dilucidar el lector, tarea que no es difícil dado la corta extensión de la novela y la fascinación que provoca, despachándola sólo en un par de horas.

martes, 27 de febrero de 2007

Ciudadano en Retiro

No, no es que desee retirarme de la vida ciudadana; éste es el título de la segunda novela de Alejandra Costamagna, joven autora nacional, de la que había leído sólo un cuento, incluido en esa entretenida recopilación de relatos denominada "Relatos y resacas" (1997).
Aunque tendré que decir que esta novela no me dejó un buen sabor de boca. Es muy oscura, deprimente, más de lo indica la dura realidad a la que vemos enfrentados día a día.
La autora nos cuenta la historia de Adrián Romero, un ex presidiario, que purgó una condena por asesinato (quizás muchos habríamos hecho lo mismo en la piel del personaje principal), el que decide instalarse en Retiro, una localidad perdida y decadente, con el único mérito de ser el lugar donde nació su padre. ¿Por qué Retiro? Para escaparse de Santiago y tratar de dejar atrás el recuerdo de Agustina, su esposa, de la que perdió contacto desde que cayó en la cárcel.
En Retiro se instala con una taberna o bar, de antigua tradición, convencido de que así podría hacer una nueva vida, de tener el control de una clientela mansa y decadente, acostumbrada a que la embriaguen, a sentirse alguien, pues conviene decir que la vida no fue muy pródiga con este personaje, sin mayores ambiciones, solitario y desarraigado, sin mayor contacto con su escasa familia, en fin, todo un ermitaño.
La cárcel y luego Retiro acentúan una visión pesimista del mundo, lo hacen retrotraerse, lo convierten en un hombre frío, distante y permanentemente acosado por el recuerdo de su mujer y no logra encajar en la cotidiana decadencia de ese pueblo. Se hace cada vez más evidente su condición de "extranjero" hasta que la situación estalla de la peor -y previsible- manera, lo que lo obliga a abandonar ese perdido pueblo.
Quizás así sea la angustiante soledad de un personaje tan oscuro como este Adrián Romero; la exclusión a la que es sometido (de la que no rehuye), el fuerte rechazo que provoca; la ausencia de afectos, la muerte como una salida digna; todo lo cual configura una novela negra, oscurísima, que deja aturdido pensando en las extrañas circunstancias que pueden hacer caer en tales condiciones.
Sin dejar de aceptar que está bien escrita, que tiene buen ritmo narrativo, fluida y clara, no me nace recomendarla, deja una sensación rara, como que da rabia y pena, deprime, en una sola palabra.

martes, 20 de febrero de 2007

¡Necesito vacaciones! (de las vacaciones)

De regreso en mi querida y convulsionada capital, con el Transantiago copándolo todo (por suerte esta semana empieza el Festival de Viña y nos olvidaremos por unos días de ese gran dolor de cabeza que es el transporte público en Santiago), lo único que quiero es descansar una semana antes de la vuelta a clases y de todos los gastos de marzo.
Aquí aparezco descansando en la entrada de la "Cueva del Pirata", junto a Gabriela y Diego, el mismísimo Cuenta Cuentos, alejados de la gran ciudad y de los blogs.
Y ahora, de regreso, descansar de las vacaciones. Jugar tenis de playa, nadar, recorrer los típicos paseos, bajar al centro en las noches para que jueguen los niños, jugar cartas, comer mucho, agota. Aunque para ser franco, descansé más que otras veces. Leí más también. No deja de ser un placer asimismo leer con más detenimiento El Mercurio; las cartas al Director son muy entretenidas y los editoriales y columnas de opinión no dejan de tener interés aunque casi siempre discrepe de ellos, las notas tecnológicas y mucho más, que en el año no hay tiempo ni para hojearlas.
Leer cómodamente sentado en la playa (con un ojo puesto en los niños), bañándose después de un buen rato de acumular calor no deja de ser rico. Y leí picando de todo un poco.
Finalicé ya en Quintero la novela que estaba leyendo aquí, "Ciudadano en Retiro" de Alejandra Costamagna; ya instalado en la playita terminé los últimos cuentos de "Surazo", de Marta Jara, que había dejado inconcluso desde las vacaciones del año anterior, los que me parecieron extraordinarios. Continué con "Los Cachorros", una novela corta o un cuento largo (como se quiera) muy entretenido, de Mario Vargas Llosa y rematé -sólo horas antes de volver- con "Diez grandes cuentos chinos", recopilados por Luis Enrique y Poli Délano, que bien merecían una lectura más sosegada.
En los próximos días comentaré algo de cada una de estas obras, que tan bien me acompañaron en mis días de descanso.

viernes, 2 de febrero de 2007

Francisca, yo te amo

Nunca había leído a José Luis Rosasco, autor chileno de larga trayectoria, con una extensa obra, de carácter más bien juvenil, en donde se encuadra perfectamente esta breve novela, un verdadero clásico adolescente, de lectura obligada en la enseñanza media chilena.
"Francisca, yo te amo" es una historia de amor, de las cientos o miles que ocurren en las vacaciones de verano en nuestro país, ambientada en Quintero, balneario de la V Región en donde paso desde siempre mi vacaciones -que empiezan hoy mismo- en una época indeterminada que ubico aproximadamente en la década del '50 del siglo pasado, por las espléndidas descripciones que hace del balneario el autor. Y la verdad, que lo más relevante para mí es esto último: conocer detalles desconocidos del pasado de "mi playa", de sus fiestas veraniegas, de cómo han cambiado lugares típicos y paseos, etc.
Pero antes de entrar en estos pormenores, sigamos con la historia: Alex, un estudiante de 5º de Humanidades (3º de enseñanza media de hoy) llega como siempre a veranear a Quintero, junto a su inseparable amigo con la clara intención de ligar con un par de hermanas buenamozas provenientes de Valparaíso y que también pasan el verano en esa localidad. Pero Alex se deslumbra con Francisca, una chica de gran belleza, un tanto salvaje, que trabaja en el circo, itinerando por varios pueblos y ciudades del centro-norte del país.
Obviamente, nace entre ellos un amor muy tierno, fuerte, eterno -como todo amor de verano- que lleva a Alex a seguir a Francisca al circo, jurándose ambos no separarse nunca, lo que sin embargo no es posible cumplir por ciertas circunstancias que llevan a su separación final. En síntesis, una novela simpática, ingenua pero entretenida, para leerla en la playa mientras se toma sol.
Ahora a mi tema. A Quintero se podía llegar en tren. Si, y yo alcancé a ir en un muy viejo tren que demoraba más de 5 horas, pero lo recuerdo como muy entretenido, bordeando miles de cerros, comiendo huevos duros y paseando de un carro a otro. Creo que dejó de correr a mediados de los años '70.
Otro de los recuerdos que me despertó este libro era la mayor importancia que tenía antaño la "Semana Quinterana", con noche veneciana y festival incluidos. Elección de Reina también. Cuando chico, junto a mis hermanos y primos, participábamos activamente en estas fiestas, en carreras y otras pruebas representando a nuestra playa más querida (y más cercana a nuestra casa), "El Papagayo", que por esas épocas -y la del libro también- era magnífica, no como ahora que está llena de piedras y rocas, haciendo casi imposible el baño en ella.
La "Cueva del Pirata", otra de las atracciones de Quintero, también es destacada por Rosasco, pero su acceso era totalmente distinto al de ahora. Aunque las historias que se tejían sobre ella eran las mismas que nos contaban nuestros padres y tíos.
Para no hacer eternos estos recuerdos, lo que quizás más me impresionó fue que no existía el puente sobre el río Aconcagua que une Con Con con Quntero. Para cruzar en vehículo había que usar balsas (tal como se cruza el Canal de Chacao). Impresionante.