viernes, 8 de junio de 2007

¡Los primeros 25 años!

Corría el año 1977 cuando ingresé al liceo Nº 10 de hombres (en esa ya lejana época, hoy liceo A-13 Confederación Suiza, nombre que ya tenía cuando egresé el año 1982). Era un mundo nuevo y distinto, para alguien que venía de una pequeña escuelita del sector, ingresar a un liceo tradicional, hoy llamado emblemático, era un gran paso; ingresar a un nuevo curso, Séptimo Básico A, nuevas exigencias, conocer a nuevos amigos y empezar una hermosa historia que ya cumple más de 30 años.
En la foto que acompaña estas líneas -aportada por Diego Fredes, entusiasta organizador del encuentro conmemorativo del cuarto de siglo de la salida del liceo- es sorprenderte ver a todos con esa tierna cara de niños y los parecidos que tienen algunos con sus respectivos hijos (caso en el que me incluyo). Espectacular fotografía que nos muestra en nuestros tiernos 11 o 12 años, llenos de ilusión y alegria, formando ya un grupo muy unido que llegaría -la mayor parte al menos- hasta cuarto medio.

Tantos recuerdos. Y tan bellos. Sin duda una época que nos marca a todos, sin grandes preocupaciones, sin la competencia feroz que se da hoy en la educación y con mucho tiempo para cultivar la amistad, esa verdadera, que se da sólo en los primeros años.
Era otra época, prehistórica si se quiere. Por supuesto que no existía Internet, el teléfono era escaso también; para juntarnos a nuestras tradicionales pichangas de los sábados debíamos confiar en que todos llegarían a la hora señalada, acordada en clases. Estudiar era distinto, más artesanal pero entretenido, los libros eran más amigos nuestros de lo que lo son de nuestro chicos. Las tareas, las carpetas, los trabajos, eran hechas con mayor esfuerzo y no sólo se reducían al copiar y pegar de hoy.
La amistad sincera, la camaradería, los primeros y tiernos amores, los que nunca se produjeron por la timidez propia de esos años, el compañerismo sano, la solidaridad eran reales y palpables. Éramos un curso muy especial, muy unido y alegre, sano, travieso y juguetón. Todos teníamos divertidos apodos que han traspasado el tiempo y perduran hasta hoy. Si teníamos un pequeño zoológico dentro del curso (José Capdeville, gato; Alex Aravena, caballo; José Manuel Contreras, chancho, porky; Felipe Salaberry, piolín; Gustavo Gutiérrez, cachalote; Exequiel barahona, pelícano; Carmen Gloria, canguro; y otros que de seguro se me escapan), otros tenían apodos relacionados con personajes de la TV (Ximena Avendaño, pindy; Nelly Pérez, canito; Norberto Parra, Heidi, aunque también sabía lucir varios más, como chicha, parrón, parrita; patán, canitrop y varios más llevaron asimismo otros de mis compañeros), algunos teníamos un mote relacionado con alguna característica física o personal muy notoria y/o divertida, no faltando los simpáticos apodos de bolita (Elvis Carrasco), cabezón (Marcelo Valenzuela), coreano (Gabriel Roldán), chino (Nelson Mardonez), bruja (Liseth Asenjo), monja (Bernardita Zamorano), cabezona (Mónica Valderrama), guagua o cabeza de dado (los míos), chico, etc. En fin, se me escapan muchos y me perdonarán los que no aparecen, pero lo cierto es que todos teníamos un apodo, hasta nuestra recordada profesora jefe, doña Bermunda Fernández, tenía el suyo (la camello).
Y no era menor salir a la pizarra en esas condiciones, pues siempre ocurría que alguien emitía algún ruido alusivo al mote que provocaba las risas de todos y la vergüenza momentánea del "afortunado" de turno.
Ahora, gracias a la magia de Internet, nos hemos ubicado casi todos -nuestros correos casi revientan de tantos email y los recuerdos que afloran espontáneos y nos retrotraen a esos inolvidables momentos aparecen por todos lados- y nos reuniremos el próximo viernes 15 para celebrar los primeros 25 años de nuestra salida del mítico y glorioso liceo A 13. Espero con ansias que llegue ese día (se me viene a la mente el comercial de un vino en que se juntaban unos viejitos, con la típica frase "del zanahoria" cuando se reencuentran y se abrazan) y abrazarlos a todos, verlos y verlas después de tanto tiempo a la mayoría sin duda que va a ser emocionante y marcará un verdadero hito en nuestras vidas.
Como no recordar las pichangas de los recreos (con cualquier cosa, hasta topes plásticos de las patas de las mesas) con varias decenas de niños en el patio, tratando de esquivarlos a todos para llegar al arco contrario; o las famosas "kermeses" que se hacían todos los años; o nuestros paseos de fin de año, a Algarrobo, al río Clarillo; o cuando nos juntábamos a hacer trabajos o tareas y terminábamos jugando a la pelota o al pimpón, etc., son muchos los recuerdos que se agolpan y pugnan por un lugar preponderante en nuestra frágil memoria.
Por de pronto, les dejo la fotografía del Cuarto Medio, en que están casi todos. Es fácil tratar de distinguirse en una y otra y ver cuánto cambiamos en esos seis años. ¿Será lo mismo ahora cuando nos encontremos? El tiempo sin duda habrá hecho lo suyo.

5 comentarios:

Eduardo dijo...

Estimado Gonzalo:
Aquí el trasandino colega saluda a ésa alegría de los recuerdos juveniles.
Esos años en los cuales el universo pasa a tener el tamaño de nuestra ciudad. En mi caso Buenos Aires y en el tuyo Santiago, que no conozco pero imagino linda contra los Andes.

Se da la extraña casualidad de haber ingresado al industrial (así se llaman nuestros colegios de segundo nivel de enseñanza técnica) también en 1977 y egresar en 1982.
Inevitable los recuerdos e inevitable el recuerdo de tres islas: Picton, Nueva y Lenox, vivido dentro de aquellas aulas y aquellos años.

Como, de a poco, algo que era de los grandes se transformaba en algo que podía ser lo peor; que podría haber una guerra y con el largo país vecino. Samoré nos salvó de una guerra que hubiera sido imposible de detener. Siempre me pregunté cómo se vivió allí en Chile semejante escalada militar. Al respecto, vi parte (ese azar de la TV) de una excelente película chilena en la cual unos conscriptos quedan vagando por la frontera. No se si hay una novela sobre aquellos días.

Volviendo a los años que nos marcaron el secundario (nombre popular de la segunda enseñanza) egresé, como vos, en 1982: guerra de Malvinas. Otra historia.

Como ves el texto que has escrito vos, ha tenido resonancias trasandinas.

Como cierre de aquellos años y con temor a quedar como una evangelista-fundamentalista de Borges. Cierro con un poema de él, sobre ésos años y esas islas demasiado famosas.


JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD (J.L.Borges LOS CONJURADOS-1985)

Les tocó en suerte una época extraña.

El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.

López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.

El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.

Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.

Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.

El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

La Libélula dijo...

Que lindos recuerdos!! que nostalgia más grande ver que el tiempo ha pasado, sin embargo te aseguro que cuando se vuelvan a ver ese 15, va a ser igual como si se hubiesen dejado de ver ayer, los recuerdos y la amistad cuando es profunda no se desvanece con los años, sigue intácta.

Espero que sea un gran momento!!!

Cariños y un beso grande

Yve

cynthialiteraria dijo...

Hace poco le comentaba a otra amiga blogera el valor de hablar de nuestro propio pasado... te felicito...

saludos

Elisa de Cremona dijo...

uyy qué recuerdos..
y justo el día de mi cumpleaños!!!

un beso

titoli@123mail.cl dijo...

También soy del liceo, pero egresado el 79, los felicito por juntarse a los 25 años, algo que recien este viernes haremos luego de 28 años, me siento interpretado por vuestra vivencia y espero que la nuestra sea tan intensa como la de Uds. invitamos hasta al profesor Cordones ... talvez les hizo clases de física....
De nuevo los felicito ....