sábado, 2 de junio de 2007

Bitácora para Borges (1ª parte)

Entre las cosas buenas que nos deparan los blog está la de poder intercambiar ideas, opiniones, conocer otras realidades, hacer amigos, aunque la distancia nos separe. Saber que alguien lee lo que uno escribe y que ese anónimo lector se toma la molestia de comentar e interactuar con uno ya es gratificante. Que además nos abra su corazón, nos haga partícipes de lo que les apasiona y lo comparta, no tiene precio.

Es lo que me sucedió con un colega argentino, Eduardo S., ingeniero civil, residente en esa hermosa mega ciudad capital, Buenos Aires, quien con enorme generosidad me envió un verdedero ensayo sobre Jorge Luis Borges, con el fin de entregarme pistas para descubrirlo en toda su dimensión y no caer en estereotipos -como me pasó a mí- sobre su genial obra.

Es realmente interesante y revelador, más aún para un neófito como yo. Por lo mismo, con autorización de su autor, he decidido compartirlo con todos quienes leen estas líneas, en homenaje al genio de Borges, pero también -y muy especialmente- en homenaje a este nuevo amigo. No he querido intervenirlo en absoluto y por su extensión lo daré a conocer en dos entregas. Helo aquí:

"El contacto es para darle pistas para descubrir a Borges, un escritor muy elogiado y poco leído. A veces, injustamente criticado por críptico, demasiado culto y otras, por demasiado frío, distante. En extremo tímido, si hoy viviera dirían que tenía fobia social; inventó una literatura sobre la literatura, creando casi el hoy llamado postmodernismo. Pero además siempre deseó ser popular admirando al tango rudo y milonguero así como otras formas populares.

"La mejor forma de entrar a Borges es entendiendo que siempre escribió sobre lo mismo, y desde su vida. La tensión entre su cultura europea y su cultura argentina. Su destino sudamericano. Descendiente de guerreros argentinos y de ingleses por igual, su literatura és esa tensión. Ahora dejo para abrir la puerta el "Poema Conjetural", una de sus obras maestras. Al ser usted de otro país le aclaro que Laprida es el abogado presidente del congreso de la independencia de nuestro país (1816) del cual Borges era descendiente por alguna de sus ramas familiares. Te pido, te sugiero lo leas como un poema autobiográfico, la tensión y la identidad final.

Poema Conjetural
(El otro, el mismo - 1964)

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 23
de septiembre de 1829 por los montoneros de Aldao,
piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.

Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.

Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.

La noche lateral de los pantanos
me asecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.

A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.

En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí ... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

No cabe duda que la lectura de este bellísimo poema desde la óptica propuesta por Eduardo entrega una nueva perspectiva, más enriquecedora. En la segunda entrega Eduardo nos dará pistas sobre la sobresaliente prosa de Borges, su genial imaginación, sus recomendaciones para ir avanzando en la fabulosa obra de este especial autor. Por de pronto, puedo contar que estoy leyendo "El libro de arena" que, ya verán, aparece recomendado por nuestro amigo de allende Los Andes. Para terminar, reproduzco otro de los poemas que me dejó Eduardo y que encuentro francamente espléndido:

1964

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo y
diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Gonzalo,no soy de cultura blog. Y Este 'comentario' quizá es muy extenso, pues es un agradecimiento.
También hice, oportunamente, una respuesta que se transformó en el comentario #9 de "otro baile en paris" . Recortá todo lo que quieras.

Eduardo

------------------------


Para: Gonzalo (Santiago de Chile)
De: Eduardo (Buenos Aires)

Casualidades------------------
Vos ya me habías adelantado y pedido permiso para tomar el texto como colaboración, igual estoy sorprendido.
Te agradezco a vos todo éste sorprendente honor de verme editado en tu página a la cual el azar me llevó, casualidades.

Tu blog ----------------------
Desde siempre el correo que te envié fue una forma de agradecer todo tu esfuerzo por recomendar las lecturas que a vos te conmovieron. Tu blog me parecía sincero, trabajado, transparente y no basado en la vanidad de quien lo escribía; como descubrí que sucede demasiado frecuentemente. Vos logras trasmitir tu pasión por la lectura y tu buena fe con tus comentarios. Y trasformaste mi invitación a que vos puedas leer a Borges en una invitación colectiva. Te agradezco semejante ventana y privilegio.


“Verdadero ensayo”--------------------
Gracias por eso de “un verdadero ensayo sobre Borges”, no es por modesto que me resulta risuaña, elegante y generosa tu desproporción al calificar mi carta. Era solo una carta y lo que escribí en un rato, pero a su vez lo pensé y charlé durante muchos años con amigos. Quería dejar en claro que no era un ensayo y a la vez agradecer tu gentileza. No sea que vos creas que soy un desagradecido.

Esterotipo ------------------
Un tema importante también para es poder aclarar lo siguiente: el estereotipo sobre su obra tampoco es gratuito. Es bastante real. Hay cuentos que realmente son densos, son crípticos, y necesitan de una cantidad inusual de cultura. Pero son solo eso, algunos.
En definitiva, mi carta era un intento de que disfrutes de la obra de Borges. Un Borges culto y refinado, un Borges sensible, sencillo y con intenciones de ser popular. (éste poema 1964, es casi un tango. Un tangazo .'No basta ser valiente para aprender el arte del olvido')

Sobre el poema 1964 -------------
Quería agregar información, ya que te envié incompleta oportunamente. El poema es del libro “El otro, el mismo” de 1964 y es lo enviado una segunda parte de un poema de dos partes.

1964
I
YA NO ES mágico el mundo. Te han dejado
Ya no compartirás la clara luna
Ni los lentos jardines. Ya no hay una
Luna que no sea espejo del pasado,

Cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
Que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
La fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
Sino lo que no tiene y no ha tenido
Nunca, pero no basta ser valiente

Para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
Y te puede matar una guitarra.

II
YA NO SERÉ feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
Un instante cualquiera es más profundo
Y diverso que el mar. La vida es corta

Y aunque las horas son tan largas, una
Oscura maravilla nos acecha,
La muerte, ese otro mar, esa otra flecha
Que nos libra del sol y de la luna

Y del amor. La dicha que me diste
Y me quitaste debe ser borrada;
Lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo me queda el goce de estar triste,
Esa vana costumbre que me inclina
Al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

---Nota en El Pais.com --------
Por último. Buscando encontré una nota de María Fasce sobre Borges(escritora de la cual elogiaste su novela) . Ella sabe expresar mucho con su leguaje claro y a la vez poético. En vez de cerrar yo, que cierre ella, que escribe tan bien y bonito.

EL MAGO--

MARÍA FASCE 09/02/2002 - El Pais.com

'CLÁSICO ES UN LIBRO que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con misteriosa lealtad', escribió Borges hacia 1952 en Otras inquisiciones. Fervor. No se me ocurre otra palabra que pueda describir mejor el estado de ánimo posterior a la primera lectura de Fervor de Buenos Aires. Yo era entonces una chica de 11 años un tanto enfática y cursi (acaso la misma que lo relee ahora) y Borges, en esos 33 poemas, acababa de revelarme Buenos Aires, el amor (en sus alternativas más comunes: la despedida y el abandono), la muerte, la literatura. Me arrastraba vertiginosamente al mundo de las enciclopedias y los diccionarios, donde lupanar, aquelarre, gárrulos, Cartago, Gólgota, Ariosto, Heráclito, Whitman, Schopenhauer, dejaban de ser palabras para abrirse, como las gotas en el agua, en infinitos círculos concéntricos.
El cementerio de la Recoleta, el truco, los patios, las carnicerías, los arrabales, la plaza de San Martín (y abajo, el puerto que 'anhela latitudes lejanas'), Rosas, el Sur, los jardines, la casa familiar, las parras, los zaguanes, los aljibes: Borges me mostraba la patria como los manuales y las canciones de los actos escolares no habían sabido hacerlo. Calles que se desplegaban como banderas, 'mediocres calles', calles 'enternecidas de penumbra' o 'entorpecidas de sombra'; 'la luna nueva es una vocecita desde el cielo', 'en la sala severa / se buscan como ciegos nuestras dos soledades': la maestra escribía en el pizarrón 'oxímoron', 'sinécdoque', 'hipálaje' y otros nombres que intentaban sin éxito definir y romper el hechizo.
Nos enamoramos de alguien y queremos copiarle los gustos. Yo leía a Borges, y después a Kafka, Keats, Swedenborg, Banchs, como los chicos que comen espinacas con la esperanza de crecer fuertes como Popeye. Ficciones, El Aleph, Evaristo Carriego, los prólogos de su Biblioteca Personal o los Textos cautivos fueron sucesivas formas del deslumbramiento, pero Fervor de Buenos Aires tuvo el valor epifánico del primer amor.

No había nada más parecido a la magia que la literatura. Las palabras podían tocar físicamente, suspender el tiempo y anular el espacio y la realidad; crear una nueva realidad. Yo quería hacer eso.

Más tarde advertí otras cosas: que esos versos eran mágicos por sus aciertos al igual que por sus torpezas, como sucedía con los versos de Neruda o de Lorca, a quien Borges pretendía denostar pero cuya sombra aparecía en Fervor más que la de Unamuno. Que esos poemas que incurrían en los criollismos y lugonismos de los que luego renegaría, tenían -también a su pesar- la misma melancolía, la misma tristeza irónica y esquinada del tango. Y que ése era 'el idioma de los argentinos'.

Ni de noche, porque el silencio ayuda; ni en las primeras horas de la mañana porque se está más lúcido: 'Siempre'. Es lo que contestó Borges al '¿cuándo escribe?' de un entrevistador. Borges escribe siempre, incluso cuando conversa. Convoca siempre el asombro y la admiración, desde los lugares más insospechados. Es, una y otra vez, el poder del lenguaje borgeano, capaz de hacernos dudar por un momento de nuestras propias convicciones acerca de Flaubert o los militares ('a veces, por decir algo ingenioso, se es injusto', advirtió en un reportaje). Por eso hay algo más o menos patético en todos sus interlocutores, desde periodistas de fama y talento desigual hasta Sábato: registran sus palabras con el mismo esmero infantil con que otros intentan plagiarlo o imitarlo; buscan un testimonio de que ellos estuvieron también, aunque no sea más que unas horas, a su altura. Todos esos libros, incluida la inminente recopilación de diálogos que hiciera Bioy Casares, testimonian exactamente lo contrario: que Borges siempre está más allá, siempre se escapa, siempre está más alto.

Clásicos son aquellos libros que cambian con nosotros y que misteriosamente se mantienen sin embargo (acaso también como nosotros) iguales a sí mismos. En 1969, en el prólogo para una reedición de Fervor de Buenos Aires, Borges confesó que ese primer libro prefiguraba todo lo que haría después. Es el mismo Borges de La cifra y Los conjurados, sus últimos libros, el que ya insistía en 1923, desde aquella curiosa dedicatoria -'a quien leyere'-, en su retórica modestia: 'Es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor'. Nada más engañoso: nadie puede ser Borges. Borges lo sabía. A su debido tiempo, yo también lo supe. Había ideas y palabras que ya no se podrían usar sin sentir de algún modo que se profanaba un templo: espejos, laberintos, brújulas, ajedreces; vano, fatigar, porfiar; adjetivos y adverbios inesperados, diminutivos; un hombre que es todos los hombres. No tenía sentido aprenderse los trucos (perdían su efecto), cada uno tenía que encontrar su propio modo de hacer magia.

Gonzalo Araya I. dijo...

Eduardo, otra vez no me queda más que agradecerte. Hermoso el texto de María Fasce y por cierto que la engrandece. No es frecuente entre los escritores (que vaya que tienen su ego) un reconocimiento como este.

Gracias otra vez

Un abrazo

Gonzalo

Elisa de Cremona dijo...

BOrges...
el mar.. ese poema me gusta..
pero como estoy de vuelta en la madrastra patria me he perdido y dispersado... mala cosa..
un besazo

Eduardo dijo...

EL MAR ILUSTRA A LOS DOS BORGES.

Gonzalo. Elisa cita a 'el mar' y al ir a buscarlo para enviarselos, encuentro dos poemas así titulados.

Ambos poemas nos permiten escuchar a los dos Borges. Aquel que es un compendio universal, una literatura de la literatura. Y aquel Borges más bardo, sensual y directo. Musical.



EL MAR // de "El Oro de los Tigres"1972

El mar. El joven mar. El mar de Ulises
Y el de aquel otro Ulises que la gente
Del Islam apodó famosamente
Es-Sindibad del Mar. El mar de grises
Olas de Erico el Rojo, alto en su proa.
Y el de aquel caballero que escribía
A la vez la epopeya y la elegía
De su patria, en la ciénaga de Goa.
El mar de Trafalgar. El que Inglaterra
Cantó a lo largo de su larga historia,
El arduo mar que ensangrentó de gloria
En el diario ejercicio de la guerra.
El incesante mar que en la serena
Mañana surca la infinita arena.

EL MAR // De "El otro, el mismo" 1964

Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas

tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.

La Libélula dijo...

Me gustó mucho esa frase: "un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar"

Bellísimo...

Buena dupla hacen con Eduardo, felicitaciones.

Cariños

Yve

racarrás dijo...

HOLA!!!

pasaba a agradecer el artículo que hiciste de la BICOSA.
Soy el responsable de la creación y edición de su disco, y tu mención hace que la noble actividad de estos músicos sea difundida.
de paso te digo a ti y a tus visitantes que el disco está a la venta y que merece ser escuchado.
mas detalles en http://bicosa.blogspot.com

MUCHAS GRACIAS!!!