
"Entre visillos", quizás su obra cumbre, se desarrolla en un pequeño pueblo español, en los años '50, donde la vida discurre parsimoniosa, lenta, sin grandes sobresaltos. Es imposible no hacer comparaciones con el vértigo de la vida actual, con la increíble velocidad de lo moderno, de las relaciones fugaces y desechables de nuestro siglo XXI.
La figura desolada de la mujer, al arbitrio de los designios del hombre (padre o esposo) es impresionante; casi se educaba a las mujeres de bien sólo para casarse, sin otro estímulo más que ser buena esposa y madre. En este contexto se desarrollan varias experiencias entre los personajes principales de esta estupenda novela, la que fluye a través de las conversaciones de distintos grupos de personas, jóvenes en su mayoría.
Curiosamente, la novela en su gran mayoría está escrita en primera persona, cambiando constantemente el narrador: se inicia con Natalia -la menor de tres hermanas, de familia acomodada, estudiante aún y con los conflictos propios de la edad y la época- y finaliza con la visión un tanto pesimista de Pablo Klein, un jóven profesor de Alemán que llega a impartir esa lengua al Instituto del pueblo, de carácter más bien reservado e incorformista, que influye en muchos de los personajes de la obra.
Hay que ubicarse en el tiempo para entender la España de esa época, una sociedad en permanente crisis, una juventud desilusionada y sin saber realmente cuál es su lugar en esa convulsionada sociedad, hace que se entienda mejor esta obra y se comprenda el carácter más bien triste y rutinario de la vida en ese pequeño pueblo provinciano.
En fin, una gran novela, con muy buenos personajes, sólidos y creíbles, un retrato muy acabado de una época que nos parece tan lejana (los noviazgos a través de cartas, por ejemplo), las complejas relaciones humanas muy bien llevadas; todo lo cual se conjuga deliciosamente -y con pereza- para proporcionarnos hoy unos gratos momentos en las lentas tardes invernales.