
"El perfume" nos relata la historia de Jean-Baptiste Grenouille, un francés del siglo XVIII, con cualidades excepcionales desde el punto de vista olfativo: por una parte, el no despide ningún olor pero tiene ese sentido tan desarrollado que es capaz de identificar millones de olores y reconocer por su aroma a cada ser vivo y/o cosa inanimada que depida olor, cualidades que lindaban con lo demoniaco según sus primeras nodrizas y quienes lo acogieron desde niño, ya que en la práctica veía tras las paredes y de noche y sabía quien se aproximaba a su hogar -aunque estuviera a varios kilómetros- sólo con su asombrosa capacidad, ya que reconocía su particular y único aroma grabado a fuego en su fabulosa memoria olfativa.
Algo que llama la atención de esta obra es que está extraordinariamente bien documentada, lo que se agradece, especialmente para lectores como yo que gustamos tanto de los olores y aromas, ya que uno termina sabiendo mucho de perfumes, de mezclas aromáticas y de su preparación. Asimismo, sorprenden los detalles de época, tan cuidados y detallados, los que al parecer –según los especialistas– representan fielmente la época abordada por el libro.
Pero esta es la historia de un asesino. En efecto, Grenouille, nacido sin olor, criado sin amor, encorvado, cojo, siempre despreciado, un monstruo por dentro y por fuera, mató veintiséis doncellas en su afán de convertirse en el perfumista más grande del mundo. La atmósfera de aromas se funde con la de los asesinatos, los que tienen una explicación lógica y siguen una pauta muy bien elaborada en la mente retorcida del protagonista.
Una gran novela, el desarrollo se sigue en todo momento con sumo interés porque, en definitiva, es una novela de intriga, una novela policiaca sin policías, en la que el destino de Grenouille importa al lector y mucho. La recomiendo con mucho agrado.