
Ahora bien, "La ciudad de los herejes" (2005) constituye su último trabajo en el que reconstruye la historia del Sudario de Tunín, pasando por todas las intrigas y luchas de poder del mundo eclesiástico y dando a conocer todas las atrocidades que se han cometido en nombre de Jesús. Todo lo anterior sazonado con una historia de amor, eso sí, de lo más trágico que se pueda imaginar, dando por resultado una novela sólida, apasionante a ratos, pero que pierde fuerza -desde mi punto de vista- a medida que se visualiza el desenlace.
El gran protagonista es el duque Geoffroy de Charny, hombre ambicioso que sueña con erigir una iglesia que el mismo precidiría, vista como un gran y lucrativo negocio. Y para esto, la reliquia más apropiada -según su delirante opinión- es el sudario que cubrió a Jesús luego de ser bajado de la cruz.
Ambientada de espléndida manera en la Francia medieval (en este punto sería inestimable la opinión experta de Elisa de Cremona), el duque no dudará en usar todo su poder y maldad para conseguir su objetivo, sin importar los obstáculos que se le pongan por delante ni los crímenes que deba cometer.
En forma paralela a esta historia (y que terminan por cruzarse trágicamente) se desarrolla la de amor, entre Christine, la hermosa y virginal hija del duque, y Aurelio, dos jóvenes que ingresan por distintas razones a congregaciones religiosas de claustro y son testigos de los horrores que se cometen en sus respectivos conventos.
Estos logran escapar de las paredes sórdidas y oscuras de sus claustros, junto con otros monjes y monjas, y fundan una comunidad muy próspera donde el amor, la verdad y la fe conviven libremente, lo que produce la mirada de recelo entre las autoridades políticas de las ciudades vecinas, lo que lleva a la destrucción de la misma, destrucción que es comandada por el propio duque.
De aquí en más se suceden otros hechos que llegan a estremecer, el duque enceguecido por la confección de su santo sudario no trepida en nada para conseguir que éste se vea lo más real posible, hasta que finalmente termina su obra y logra construir su iglesia con el beneplácito del Papá de turno.
En fin, una gran historia, bien escrita (el estilo de Andahazi guarda ciertas similitudes con el de Isabel Allende), que entretiene bastante aunque flaquea algo en las postrimerías de la novela.