
Pero ese es otro tema y aquí importa esta obra, la primera novela de Pablo Simonetti -se huele un fuerte contenido autobiográfico- que nos cuenta la historia de Julia Bartolini, una anciana con un cáncer terminal que decide contar su historia, en vez de someterse a tratamientos que le pudieran alargar un poco más su vida pero perder esa posibilidad única de recordar, como una forma de redimirse y de que sus hijos -con algunos de los cuales tuvo serios problemas, más por imposición de su marido que por iniciativa propia- supieran de primera fuente las verdades que todos atesoramos y que muchas veces nos llevan a tomar decisiones que parecen no tener explicación.
Inmigrante italiana, conservadora y mojigata -como buena parte de nuestra sociedad- la protagonista se nos muestra como un personaje creible, coherente, identificable, que recorre buena parte de su historia, mezclada con los acontecimientos históricos más importantes de las épocas que cubre su relato, dándose a conocer con todas sus debilidades, los errores que hoy reconoce -producto más de su miedo a enfrentar los problemas que a un mal juicio- y las influencias que tuvieron sus padres y sus problemas en sus relaciones posteriores.
Ella desea por sobre todo entrar en la muerte sin miedo y sin culpa y el relato que hace de su vida debiera responder a la interrogante que la atormenta de cómo se gestaron en su familia rencores tan hondos y separaciones insalvables a pesar de haberse entregado en cuerpo y alma para lograr lo contrario. Y en esto Simonetti hace un buen trabajo, muy sólido en la descripción de situaciones de tensión emocional -imposible no acordarse de Vidas vulnerables- y en la forma en que éstas quedan grabadas a fuego en la mente de la protagonista.
¿Por qué ha tenido tanto éxito de ventas en Chile esta novela? Creo que es fácil saberlo, ya que en cierta forma la historia de Julia Bartolini es la de muchas hijas/esposas/madres/abuelas chilenas, los dolores, las pérdidas, los errores, los temores de unas y otras son semejantes, lo que permite reconocerse en la obra de Simonetti, la historia de Julia es reflejo de buena parte de nuestra sociedad y de la forma de ser del chileno, algo que no escapa al buen ojo de este autor.