
A las virtudes propias de la prosa de Vargas Llosa, se le agrega una mezcla muy bien lograda de imágenes y palabra, pues las aventuras eróticas de los protagonistas se recrean en las pinturas famosas que matizan y encienden los juegos y deseos de aquéllos.
Doña Lucrecia, segunda esposa del viudo don Rigoberto, es una bella y sensual mujer, entrando de muy buena forma en los cuarenta años. Una sola preocupación perturba su felicidad plena: que el hijo de don Rigoberto, Fonchito de 12 años, la quiera y acepte como su madrastra y no la vea como una usurpadora. Y todo parece ir de maravillas, cuando en su cumpleaños recibe muestras de que se ha ganado el corazón de Fonchito.
Pero cuando todo parece perfecto, el inocente y angelical Fonchito hace de las suyas. Espía a doña Lucrecia para verla desnuda, amenaza con matarse pues ésta lo comienza a tratar con indiferencia por esos hechos, hasta que consigue sus oscuros propósitos. ¿Premeditado? ¿Angel o demonio? Cada cual saca sus propias conclusiones.
El caso es que el niñito de los rizos dorados escribe para su colegio un texto que él llamó "Elogio de la madrastra" y se lo lee a su papito -don Rigoberto- para que le de su opinión y lo corrija, llegado el caso, todo inocentemente. Empero, en ese tierno relato deja al descubierto las singulares relaciones con su madrastra, desencadenando toda una serie de acontecimientos no previstos por doña Lucrecia.
Genial relato de Vargas Llosa. Tanto le gustó el tema y sus personajes que publicó tiempo después "Los cuadernos de don Rigoberto", novela que también leí y de la cual guardo gratos recuerdos.